<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606</id><updated>2011-12-28T20:53:27.212-02:00</updated><category term='Cuentos.'/><category term='Dedicados'/><category term='Librería'/><category term='Poesía'/><category term='Mujeres'/><category term='Entrevistas y Charlas'/><category term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><category term='Notas.'/><category term='Columnas en Revista Abrace'/><category term='Músicos'/><title type='text'>Guillermo Lopetegui</title><subtitle type='html'>Página del escritor Guillermo Lopetegui.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>55</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-1150946710850777606</id><published>2011-11-16T15:25:00.002-02:00</published><updated>2011-11-16T15:27:35.468-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>El Parque de los Ultimos Regresos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-sA8QegN3Ufg/TsPye3zlcmI/AAAAAAAAFtY/tUJHCNa2y3E/s1600/elparquedeguille.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 322px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-sA8QegN3Ufg/TsPye3zlcmI/AAAAAAAAFtY/tUJHCNa2y3E/s400/elparquedeguille.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5675646567607267938" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right; font-style: italic;"&gt;Para Victoria, finalmente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Soy el último en tu camino&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La última primavera la última nieve&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El último combate por no morir.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;PAUL EDUARD: El Fénix.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El parque comenzaba allí, donde los atardeceres de setiembre solían dejar un vago color ocre en el hierro blanco de las tres sillas; donde el sendero bordeado de acacias se iba tornando una sugerencia de inviernos olvidados en los restos de las hojas secas aplastados contra el pedregullo. Como otra jornada declinante, la brisa de entreluces agitaba los pétalos, desparramando apenas el perfume de las primeras rosas. Entonces, bajo el piar último descendiendo de las arboledas, dos dedos finos y alargados quebraban la mitad del tallo, la flor que Augusta se llevaría en silencio, retornando los pasos a la noche de su dormitorio.&lt;br /&gt;Como si fuera el comienzo; el instante ese en el que mi amigo decidió imaginar. Cuando otra carta –el matasellos de Glyfada que alcancé a leer- quedaba oculta en uno de los cajones del escritorio: rincón elegido para guardar o enterrar las postergaciones disfrazadas de fotos, postales, billeteras en desuso o sobre de aspirinas que no se llegó a abrir.&lt;br /&gt;Supongo que ese cajón podría ser el de Enrique. Algo teníamos en común, aunque acepto cierto orden personal que justamente no me permitió experimentar lo extraño de recibir cartas con mensajes cifrados, y hojas de laurel prometiendo la coronación de nuestra frente, en un punto elegido al azar en las extensiones –arena o piedras, no sé- de una playa a pocos kilómetros de Atenas.&lt;br /&gt;Enrique sonreía, asegurándome que tarde o temprano se tendría que dar. Entonces se nos venía otra noche para escoger el bar de las confidencias, ratificando en un saludo, apretón de manos o infaltable abrazo etílico, la amistad con aquellos rostros que renacían cuando ya la avenida no era más que monotonía de neones llegando a la vereda, por donde corría el cauce de agua y jabón clausurando otro espectáculo diurno. Nosotros dábamos saltos, volviéndonos el uno al otro para retomar conversaciones iniciadas en el trago de las pocas barras que van quedando con mármol.&lt;br /&gt;-¿Tengo algo más que hacer aquí?&lt;br /&gt;-No sé. Es tu elección.&lt;br /&gt;-Pero fijate que casi le cuento todo a ése que trabaja de mozo; el que nos habla del problema que tiene con la esposa y con uno de los hijos.&lt;br /&gt;-Sí, siempre está diciendo que lo va meter pupilo.&lt;br /&gt;-¡ Y yo que casi le largo el asunto de la carta! Pero también estuve tentado  de hablarle de otras cosas más  recientes.&lt;br /&gt;Así seguíamos. Así seguía yo-entre whisky y cerveza- prestando atención a todo eso que él tenía para contarme, aunque terminara por inventar algunos detalles. Y ahora que lo pienso, inventar, a veces, no es una variación de la hipocresía; es la forma que por ejemplo tenía Enrique de dimensionar los días de su existencia. Para otros asuntos, feliz o desgraciadamente, no fue necesario inventar. La realidad estaba a una quincena de kilómetros; la lejanía movía seleccionar los sueños, las dulces suposiciones que a Enrique lo acercaban –todos los días un poco más- a la esperanza en el reencuentro. Los tantos pasos, los tantos caminares, las tantas cuadras hasta llegar a la eternal agonía de las quintas, en esa villa o único reposo-sobresalto que la ciudad reservaba en sus confines.&lt;br /&gt;De a poco Enrique fue conociendo la dificultad de recostar la cabeza en la almohada, para dormirse enseguida; de a poco lo fui presintiendo en aquellas horas: la colilla aplastada en el cenicero humeante; la divagación sin punto de apoyo en su dormitorio a oscuras.&lt;br /&gt;Se me antojó pensar en las correspondencias. Porque la noche llegaba para todos y seguramente otorgaría la distracción de un libro.&lt;br /&gt;La lámpara perteneció a mi bisabuela.&lt;br /&gt;La luz caía sobre la misma página que otro papel ocultaba: el poema que la sobrecogía y a la vez se presentaba como un hermetismo para el que ella no podía encontrar explicación. Augusta no lo revelaba a nadie más, sino que se contentaba con releerlo hasta que sus párpados le avisaban que toda ella empezaba a fatigarse. Su cuerpo corría por debajo de la sábana, su cabellera castaña caía de costado y cierto miedo o saldo de la lectura la hacía dormirse rápido, confiando un poco más en las delimitaciones de su dormitorio.&lt;br /&gt;Más de una madrugada la habrá visto parada junto a su ventana, estableciendo diálogo de luciérnagas con ese parque, su parque de niña, que con ella de camisón y pantuflas era contorno desigual, enramada sin fin, porciones de constelación, resplandores de una luna que respiraba – acompasando intensidades- contra los muros descoloridos que enmarcaban el portón centenario y siempre abierto. Más de una vez habrá tenido ganas de ponerse cualquier tapado, para caminar apurada a lo largo de los corredores internos que intercomunicaban el conjunto de casas, la historia familiar, la suma de generaciones hasta llegar a ella: los trazos cruzados contra la delgadez de un pecho proclive a enfermarse, si Augusta decidía abrir esa otra puerta que la depositara en otro ángulo del parque, muy cerca de aquellas porciones desérticas que durante el día se llamaban cancha de tennis, cancha de polo, picadero, campo de golf… Retornaría entonces, todavía con paso más apurado, aproximándose casi con respiros entrecortados al resplandor saliendo de su dormitorio o del cuarto ese donde existían una cómoda, un ropero de roble, una mesa de luz con plancha de mármol y lámpara de dos bombitas, y una silla tapizada de terciopelo que alguien había dejado allí desde 1923. Y claro que estaban siempre sus libros, sus revistas de modas, siempre desordenadas sobre la alfombra ovalada y marrón que ella sentía bajo sus pies descalzos cuando el parque recobraba su presencia de luz, con jardineros rondando las rosas y mucamas evolucionando por el sendero de pedregullo, a los costados de la mujer alta, de ademanes delicados, y de la que Augusta había recibido la herencia del pelo castaño y la piel ligeramente pálida.&lt;br /&gt;A veces la veía acercarse a la ventana y ya suponía que su madre daría los tres golpecitos clásicos contra uno de los paneles, invitándola a tomar el té bajo la circunferencia umbrosa del tilo. Señal de que su madre se encontraba óptima para hablar, porque de lo contrario no revisaba su catálogo de conjeturas: la madre podría estar dedicada las estudio del Tarot egipcio, “Los esposos Arnolfini” – y cuando los detalles de Van Eyck no la dejaban sumida en una de sus tantas depresiones-, “Porcelanas del Siglo XVIII” o “La interpretación de los sueños”, libro que empezó a ocupar un lugar importante en su existencia a veces susurrada.&lt;br /&gt;Porque hubo un sueño en donde ella aparecía junto a los barrotes del portón, de cara al conjunto de casas, con la sensación de que empezaba a formar parte de los árboles, la mesita del té, el rosal cultivado por su hija, el escarabajo que sobrevivió a la corrida infantil y los caminares lentos como lenta seguía llegando la promesa del verano a las extensiones del parque. Allí estaba la mujer, muda y con los brazos abiertos, observando al dúo de figuras que estaba parado en otro punto de esa primavera tardía. Lo único que pudo rescatar fue el aspecto general de la escena: la pareja difusa, la tetera de plata, los respectivos lugares –algo distanciados – que las dos figuras habían elegido, en esa vaga sensación de que todo el predio pasaba a vivir una época de absoluto silencio, sin visitas numerosas ni partidos de polo.&lt;br /&gt;A los treinta años es difícil detenerse por mucho tiempo en ciertas características de nuestra personalidad. Pero a partir de Enrique –con las cartas llamándolo a deamular por Micenas, Tirinto y Epidauro-empecé a notarme lento en mis preparativos, para presentarme en mi trabajo como siempres afeitado, bañado y con ese traje gris que me hace pasar por seudoelegante de última hora. Lo noté porque jamás me imaginé con el codo en la mesa de mi escritorio, mirando a diferentes regiones de la pared, donde trataba de encontrar –tal vez escrita con letras góticas- la respuesta a qué era lo que le sucedía a Enrique y el grado de influencia de sus realidades y ficciones, en el marco inalterable de mi vida.&lt;br /&gt;Se había aparecido de improviso, una mañana nublada (en este país, en esta ciudad, las mañanas nubladas vienen desvirtuando aquella feliz cronología de las estaciones, que otorgaba definidas variaciones climáticas al ocio de nuestra niñez) y casi me obliga a que prepare otro termo, con lo que ambos nos fuimos para mi dormitorio.&lt;br /&gt;-En enero o febrero tengo la guita y compro el pasaje. Después me aguanto seis meses más y a otra cosa. Tengo miedo de que no me esperen por mucho tiempo.- Chupaba la bombilla y me alargaba el mate. Mientras yo lo cebaba él se paraba y caminaba dos pasos, recostándose contra mi ropero y mirando hacia la mañana que se iba resolviendo entre grises suaves y fuertes del otro lado del ventanal abierto a la azotea, de donde nos llegaba, lejano, todo el murmullo callejero-. No sé si hay cancha de tennis o de polo, no sé si hay rosal o mesita con el té de las seis. No sé. Pero de no haber sido por aquel sábado… La sosnata en Sol menor opus dos número seis.&lt;br /&gt;-¿Qué- aparté el codo de la mesa de mi escritorio para volverme con cansancio a Enrique.&lt;br /&gt;-Albinoni. Una sonata –muequeó. Pienso en el  cuarto movimiento: Allegro. La música ideal.&lt;br /&gt;Pensé que eso tendría que ver con cierta noche en la que Enrique buscó la soledad, en el barullo de un bar céntrico. Entre codeos se abrió paso, pero no llegó a la barra circular. Alcanzó a divisar la robustez del barman y le gritó una cerveza, en el mismo momento en que los músicos la emprendían con media hora de Vinicius, Charly García y el Negro Rada.&lt;br /&gt;Dio una vuelta de cabotaje alrededor de la barra y volvió al mismo punto, entre parejas jóvenes, bebedores daneses y alguna que otra mujer mayor que de a ratos lo miraba, invitándolo a lo desconocido de una mesa junto a la pared de madera, con labios que se repintaban cada dos sorbos del ananá fizz. Enrique apenas tenía ganas de sonreír para sí mismo, hasta que sintió que alguien le tocaba un hombro. Al girar reconoció en el rostro a ese tipo de amiga que, en determinadas ocasiones, uno menos desea encontrarse. Porque sabía perfectamente que ella lo iba a agarrar de un brazo para llevarlo a otro rincón, con el propósito de contarle la inacabable crónica invernal: tres meses en los que, para felicidad de Enrique, no se habían ni telefoneado. Sin embargo, la crónica se cortó bruscamente.&lt;br /&gt;-¡Me muero!¡Quién está allá!-exclamó la amiga en voz baja, mirando para otra mesa. Enrique también miró, aunque sin adelantar nada: esa noche, a excepción de su amiga, no conocía a nadie más.&lt;br /&gt;Enrique miró de nuevo y el resplandor que venía de la azotea pareció iluminarle un poco más aquel rostro inalterable, aunque lleno de confesiones que le iban afirmando la voz a cada nueva palabra que pronunciaba.&lt;br /&gt;-Primero saludó ella y después me presentó. Me incliné y besé el cachete de una gorda con cara de amargada que se pasaba mirando el reloj. Me olvidé de su nombre y la verdad es que no me importaba demasiado, porque casi sin darme cuenta me senté frente al otro ser que de a ratos le decía a la gorda que si no quería estar más allí, se podía ir.&lt;br /&gt;Seguro que el bar o tuvo que desaparecer por completo dejando sólo la mitad de una mesa, con dos sillas y dos seres que hablaban como si hubieran recuperado la animosidad después de muchos siglos de letanía, o fue adquiriendo características de palacio barroco, por entre cuyos interiores de molduras recargadas iban ellos resbalando en la madera reluciente, descubriendo terrazas o pasando rápidamente los dedos por las teclas de un clavecín, abandonado hasta el arribo de los dos. Pero era Enrique que sabía de esas cosas –asuntos de estilo que gustaba de hablarme, a mí, que casi nunca tenía tiempo para otra actividad que no fuera la de ir a justificar mi sueldo en el empleo público- y sólo él era el señalado para otorgar determinada escenografía, determinada música y determinado libreto improvisado a los días que siguieron. Al fin de cuentas, me animo a pensar que él tuvo la seguridad de que el bar empezaba a ser menos sofocante y su amiga menos insoportable, si es que todavía estaba allí junto a él; si es que todavía sonaba la pequeña banda y los mozos iban y venían con manijas de cerveza, negronis y picadillos suculentos.&lt;br /&gt;Las dubitaciones empezaron cuando no contestó la tercera carta.&lt;br /&gt;Guardó las tres hojas de laurel en uno de los sobres y cerró el cajón, impulsándolo con una sonrisa indirecta. Le pregunté cuándo se iba a sentar a escribir los debidos acuses.&lt;br /&gt;-En estos días, no te preocupes.&lt;br /&gt;Me tranquilizó o al menos me dio la pauta de que seguía interesado en su viaje, el hecho de que una tarde me pidió que lo acompañara a comprar doscientos dólares. Ya era algo. Pero después me agarró de un brazo y me metió en la primera librería que encontró. Inmediatamente imaginé otro libro sobre el tema del que me veía hablando, tal vez desde la época en que ambos compartimos un banco en el colegio. Sin embargo pasó de largo junto a los estantes de títulos referentes a la cultura griega. Se lo señalé, pero me contestó que no hacía falta y siguió pasillos de estantes adentro, mientras yo me quedaba hojeando un manual de Informática. Pensé que él retornaría con alguna novedad bajo el brazo , pero lo novedoso lo traían sus ojos, mirando a un lado y otro de la librería angosta a la que seguía llegando gente, en mitad de esa tarde ya sin fecha ni hora exacta. Enrique se colocó de perfil, frunciendo el ceño sobre los manuales.&lt;br /&gt;-Estuve leyendo un poema de Eluard; está en una antología.&lt;br /&gt;Pero si hubo poema fue el que escribió él.&lt;br /&gt;Lo metió en un sobre y lo mandó por correo a aquellas suposiciones que recuperaban la certeza a quince kilómetros de donde él y yo vivíamos, con noche respirando su brisa fresca junto a la ventana del dormitorio y Augusta cerrando la puerta, para sentarse en la cama con cierto temblor en los brazos.&lt;br /&gt;Tomó el libro, lo abrió por la misma página y desplegó la hoja escrita a máquina. Fue cuando empezó a aceptar que las horas nocturnas podían prolongarse a su voluntad, ya que el desamparo era menos intenso. Leía y releía aquellos versos, creyendo encontrar el inicio de cierta explicación. No le interesaba que nadie más colaborara en la dilucidación del mensaje oculto en la escritura para la que ella, de vez en cuando, recurría al diccionario. Importaba el poema, la naciente sensación de compañía y el suponer que alguna vez podría llegar a quedarse sola en la casa, rodeada apenas por las presencias silenciosas de los mayordomos y mucamas.&lt;br /&gt;Levantó los ojos del papel y observó que la puerta se abría lentamente: una figura en la que no había reparado; una figura que hacía tiempo no la visitaba. Camisa blanca y pantalón negro. Seguramente porque así lo encontraron la tarde que él decidió salir en compañía de los dogos, a pasear por los alrededores de la propiedad ubicada a quince kilómetros de donde Enrique no dejaba de conjeturar, mientras yo me iba acostumbrando a la fraternal tarea de simplemente escuchar. No tenía otro modo de colaborar con alguien que seguía amontonando cartas y hojas de laurel, y todos los días me hablaba un poco menos de su, en un principio, tan ansiado viaje. Por otro lado, cada dos semanas me pedía que lo acompañara: compraba dólares y yo era testigo de cuando el cajero escribía a máquina en la columna de Haber de la libreta: “100,200,300,400,500…” Luego Enrique se la guardaba en el bolsillo trasero de su pantalón. Yo no entendía mucho, pero lo cierto es que todos los días él se acercaba un poco más a la cantidad suficiente de dólares para comprar su pasaje de ida, aunque hablara cada vez menos de lo que él siempre había considerado que era “renacer del otro lado del océano”.&lt;br /&gt;Tal vez renació, pero fue a la media tarde de un día cuya fecha me es imposible recordar. Yo estaba en mi casa, decidido a leer algo de aquel manual de Informática que acabé comprándome. Subimos a mi dormitorio –a Enrique le gustaba ese cuarto que no tiene nada de especial- y lo observé cuando se recostó en mi cama, hablando para el cielo raso.&lt;br /&gt;-El día señalado- pronunció de manera bastante seca, para la forma suave que tenía de expresarse.&lt;br /&gt;-¿El pasaje?- pregunté con timidez.&lt;br /&gt;-NO, eso todavía no. Otra cosa que por el momento es más importante.&lt;br /&gt;Porque en la vida de Enrique existió una jornada de mucho sol y creciente calor en la que ambos se fueron lejos, a una de las playas que iniciaban la cadena de balnearios. Ella llevaba la cesta y la depositó sobre la arena. Los dos se sentaron frente a ese río de aguas imbañables, aunque para Enrique, desde sus ojos, volvió a ser un agua verde hacia la que caminó Augusta, descalzándose poco antes de llegar a la orilla. El, mientras tanto, servía el vino en las dos copas y trozaba las presas de ese pollo frío que ella había mandado preparar durante la mañana. Augusta retornó con parte de la pollera blanca empapada y los dos comieron casi sin hablar, comprendiendo que el silencio no hacía más que atraerlos entre esporádicas sonrisas y las copas que cualquiera de ellos volvía a llenar. Después, Enrique señalaba las siluetas difusas de las Sierras, adonde había ido en exploraciones de los veinte años y cuando la vida de Augusta no era más que ser trasladada, en el auto de la familia, del colegio a su casa y de su casa al sitio que su madre y la figura de camisa blanca y pantalón negro –que a veces se sentaba en la cama de Augusta; a veces permanecía junto a la ventana del dormitorio de la muchacha; a veces le recordaba, con cierta reverberante voz, que en definitiva ella nunca había vuelto a pintar aquellas paredes con otro color que no fuera ese amarillo fuerte que a la figura no le gustaba –decidía que era el más adecuado para la hija luego de que ella hubiera terminado con sus deberes, tarea que a Augusta no le interesaba en absoluto. Su atención estaba dirigida a lo que Enrique le contaba de sus recuerdos de explorador, con paisajes de cascada  que se desintegraba en un lago rodeado de maleza creciendo en las laderas que se alzaban tras la lejana bruma salitrosa. Luego se miraban y ella pensaba en lo bueno de estar una semana viviendo en aquellas sierras, junto al cauce limpio de un arroyo. Esto sólo le bastaba para mirarlo y llegar a él en otra sonrisa.&lt;br /&gt;Como no sonrió cuando resolvió aceptar la presencia pasajera en los interiores de su dormitorio. La figura iba y venía; miraba retratos, los cuadros; abría el ropero y pasaba una mano por los vestidos y trajecitos de Augusta. Después se acercaba a ella, le pasaba una mano por la espalda y la atraía. Ella primeramente se tornaba medio reticente, pero finalmente se recostaba en ese hombro que hacía tiempo no sentía, poniéndose a llorar.&lt;br /&gt;-¡Bueno, bueno!¿Cuándo fuiste capaz de llorar?&lt;br /&gt;-Ahora-contestaba ella, apartándose de la figura que la quedaba mirando con un semblante en donde era difícil detectar el comienzo del cariño o la comprensión venida de muy lejos en el tiempo.&lt;br /&gt;-¿Dónde está tu madre?- preguntaba la figura, echada hacia atrás sobre la cama, con las manos apoyadas en la colcha.&lt;br /&gt;-¿Y dónde puede estar a esta hora de la madrugada?-contestaba Augusta, poniéndose de pie y guardando el libro con el poema mecanografiado, dentro del cajón de su mesa de luz.&lt;br /&gt;-No cambiás, ¿eh?&lt;br /&gt;-Me alegro de escucharte eso. Cuando vivías apenas te fijabas en nosotras; lo único que te interesaba eran los perros y las exposiciones; mamá y yo que nos partiera un rayo.&lt;br /&gt;Augusta empezaba a dar vueltas por su dormitorio, ante la figura que no dejaba de observarla.&lt;br /&gt;-Tenés razón. Pero me gustaría que me acompañaras: vamos a ver a tu madre.&lt;br /&gt;Los dos transitaban el largo corredor hasta llegar adonde la madre de Augusta había logrado conciliar el sueño y ya  no se despertaría hasta la siguiente mañana. La hija abría la puerta y la figura se colocaba un paso más adelante, volviendo a dejar descansar un brazo sobre la espalda de quien había olvidado cazarse, vestía camisón y llevaba el pelo castaño suelto, cayéndole hasta doblarse encima de los hombros. La figura meneaba la cabeza.&lt;br /&gt;-¿Qué te pasa? – preguntaba ella, con voz casi inaudible.&lt;br /&gt;-Desde aquí pienso que todo pudo haber sido distinto. No sé cuándo me voy a reencontrar con tu madre. –La figura miraba luego a Augusta y le besaba la frente-.¿Qué pasó con los perros?¿Cuándo murieron?&lt;br /&gt;-“Sofisticated Lady” hace dos años y “Taf” hace seis meses. A ella la arrolló una motocicleta, pero el motociclista fue a dar a la cuneta; a “Taf” lo mataron unos tipos que quisieron asaltarnos. Por suerte no lograron llevarse nada porque se asustaron cuando vieron al perro. Le pegaron un tiro en el pecho y salieron corriendo. Jamás los encontraron.&lt;br /&gt;-Podrían volver, ¿no te parece?&lt;br /&gt;-No me había planteado eso.&lt;br /&gt;-¿No te enamoraste de nadie?&lt;br /&gt;Augusta desvió la mirada, dirigiéndola al recuerdo distante del poema. Podía ser algo, pero no todo. La última pregunta –mientras la figura la seguía atrayendo hacia sí en el vano de la puerta –la hizo poner algo nerviosa. Después resurgía el poema a pocos pasos; allí donde su dormitorio era resplandor recortando el contorno de la puerta entornada, hacia la que ella sintió deseos de regresar por más que la figura, en silencio, se lo impidiera.&lt;br /&gt;-No sé. Tal vez no sea muy importante.&lt;br /&gt;-Bueno, me voy. Vos volvé a tu cuarto.&lt;br /&gt;-Sí, va ser lo mejor.&lt;br /&gt;Retornó a su dormitorio con más frío y dispuesta a dormirse. Pero cuando ya estaba nuevamente sentada en su cama abrió el cajón, sacó el libro y releyó aquello que a Enrique le resultaba algo doloroso de recitar o de decir.&lt;br /&gt;-Escribimos, metemos en un sobre, enviamos-habló, con un suspiro profundo-. Queda ese destiempo de la espera, la elucidación. Y a veces desearía que ese sobre se perdiera, que no llegara. Y a veces no veo la hora de que llegue, sea abierto por cualquiera de sus lados, y que lo que nosotros escribimos se lea cuanto antes, luego se tire o se guarde.&lt;br /&gt;Calculo que me lo dijo días antes de que ambos eligieran la noche, como entorno propicio a lo que al menos Enrique empezaba a descubrir de la muchacha del pelo castaño, que siempre tenía una extraña mirada dulce para el hombre que la invitó a chocar las copas de champagne. En todo caso Enrique buscó determinada noche, para reservarle a ella un lugar en esa constelación de luna, reflejo en el estuario y terraza cerrada por ventanales refractarios a los colores que venían de la pista de baile. Sólo así él podía aceptar ese recinto, con una barra que quedó libre para ellos y adonde llegaron algo sofocados, dispuestos a pasar a otra bebida cuando el champagne se convirtió en anécdota interminable. El barman aguardó en silencio el pedido. Enrique la miró y ella, tomándolo de un brazo, le habló casi rozándole la oreja.&lt;br /&gt;-Podría ser vodka con jugo de coco.&lt;br /&gt;El resto fue amanecer lento de abrazo intensificando el perfume en el cuello de la muchacha, con la voz de un Charles Trenet inesperado, como ese cielo despoblado de nubes y con creciente luminosidad avanzando por Oriente, y que rescataba para Enrique los rasgos cansados, pero armónicos, de la mujer que él seguía tomando por la cintura. Fue el momento en que sintió – y yo me lo imaginé desde mi cuarto, ya que para esa hora el sueño no me llegaba- que la escenografía en donde ambos bailaban se desmoronaría, apenas él resolviera pagar la consumición para salir con ella al reencuentro de una ciudad que empezaba a moverse con sonidos lejanos, vuelos de gaviotas y un gajo de dalia que él robó del sueño mañanero que aún transcurría en un jardín brillante de rocío. Y en mi insomnio pensé en la prolongación de los momentos; en la posibilidad de arribar una y mil veces a una barra, para repetir la acción de recrear la felicidad: la presencia de la muchacha; los dos vasos que iban y venían de la mixtura del vodka y el jugo de coco, hasta donde ellos se seguían encontrando en pequeñas confesiones y beso que él dejaba siempre en la frente de quien corría el riesgo de volver a ser sólo suposición, incógnita o feminización de la soledad, retomando a él en un sueño incómodo de la madrugada de día lunes. Así la madrugada que yo vivía desde mi cama, ocupándome tan sólo de ver cómo las paredes de mi dormitorio iban absorbiendo lentamente la luz de una nueva jornada.  Me quedaba pensando en qué los lazos de una relación a veces son el producto de lo que vamos trazando, accionando; que en definitiva los días compartidos se conforman de minutos en los que buscamos las palabras acertadas y los gestos ideales: ese duelo peligroso con el que siempre, a cada momento, estamos acercando o alejando a esa persona de nosotros.&lt;br /&gt;De a poco las siluetas de las acacias se fueron redibujando del otro lado de la ventana, con primeros pájaros que no llegaron a oídos de quien finalmente se había dormido, la mitad de la cabellera cayendo junto a la mesa de luz. Creo que a esa misma hora recibí el llamado telefónico y ya no me preocupé de dormirme o no, porque al poco rato Enrique se aparecía acompañado de albores que se asentaban sobre la línea del mar, en una lenta y fría mañana de octubre. El sobretodo pelo de camello, la camisa blanca desprendida en el primer botón y una botella de vino que balanceaba suavemente en su mano derecha.&lt;br /&gt;-No es lo mejor para un desayuno, pero es lo exacto para un brindis –habló, antes de que me diera tiempo a saludarlo, y adelantando un pie a las baldosas del hall-. Tienen que ser copas. Te acompaño a buscarlas.- Luego sacó de un bolsillo una casette y me la alargó-: Frescobaldi… Piezas para clavecín. Nos vamos para tu cuarto y listo.&lt;br /&gt;Lo que vino después fue revelación entre sorbos de vino rosado y un profundo deseo de que el mediodía se presentara cálido; que el almuerzo tuviera la armonía de una estación que necesariamente se tendría que definir.&lt;br /&gt;Cuando acabamos la botella Enrique me invitó a que la firmáramos en su etiqueta, anotando la fecha de aquello, que no fue borrachera sino íntima comunión entre sus esperanzas y mi siempre disposición  para escucharlo, acompañándolo por los recovecos de sus resoluciones inesperadas. Así fue que la mañana siguió transcurriendo, hasta que Enrique me dijo que me quitara la robe de chambre y me vistiera pronto.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa?&lt;br /&gt;-Te voy a pedir que me acompañes hasta algunas cuadras antes de su casa. Iríamos en tren.&lt;br /&gt;-¿En tren?&lt;br /&gt;-¡Claro! Nos bajamos en la plaza y yo después me voy caminando los dos kilómetros que restan.&lt;br /&gt;En esa forma de prolongar la separación entre lo que hablábamos y lo que sucedió después, fue que ambos nos encaminamos a la Estación Central. Enrique sacó los boletos y corrimos hacia el vagón. Le dejé la ventanilla y apoyé mis codos en una mesa que teníamos junto a nosotros y que nos separaba del otro asiento; reminiscente de desayunos pasados que otros habrían saboreado, en un tiempo para el que el vagón tenía ahora un recuerdo de maderas gastadas y puertas con vidrios opacados, en donde sin embargo seguían luciendo las iniciales de la Estación, en líneas artísticamente finiseculares.&lt;br /&gt;Después de un trayecto para el que tuvimos diálogo de quintas y Prado que felizmente seguía estando, opté por una mesa del bar ubicado frente a la plaza. El pitazo anunció una vuelta del tren a la ciudad, en ese aceptar que nuestro viaje nos perdía un poco para lo que habíamos sido todos esos años; reconociendo que en esa sensación de pérdida limitada, nos quedaba la secreta posibilidad, de renacer, por ejemplo, en una mujer que ahora estaba a dos kilómetros, preocupándose ella misma de poner la mesa bajo la sombra del tilo, aunque con la ayuda de ese personal de servicio que hacía poco tiempo se había convertido en su única compañía. Nadie quería volver sobre el tema de la muerte, la carta de quien había pasado a ser figura, las líneas que le había dejado a Augusta, rogándole que la comprendiera. Y el pensamiento de la muchacha acababa siempre dirigiéndose a lo mismo: el sentimiento de soledad que lentamente había ido invadiendo esa figura, cuando todavía era voz, manos que querían abrazar a la hija y arrebatos de misantropía producto de divagaciones en torno al Tarot egipcio, en donde esa figura intentó rescatar a la Augusta niña, siempre proclive a salir en largas caminatas de la mano de su padre, aunque después las caminatas se fueron haciendo cada vez más esporádicas. Por eso la madre sólo tuvo lágrimas cuando llegó al otro dormitorio, procurando el despertar con un beso en la frente y la hija tradujo los buenos días en otra frase.&lt;br /&gt;-La otra noche me vino a visitar. Me pidió que lo acompañara hasta tu cuarto. Nos quedamos los dos allí, viendo cómo dormías. Me preguntó si me había enamorado de alguien y le contesté que no; además, lo único que tengo es un poema bastante difícil de entender.&lt;br /&gt;-Me hubiera gustado que me despertaras como yo te desperté a ti- habló la mujer, con la voz entrecortada.&lt;br /&gt;-Tenía miedo de lo que pudiera hacer él. Se preguntó cuándo se reencontrarían ustedes.&lt;br /&gt;-Tal vez… Tal vez muy pronto, pero yo también tengo miedo-contestó la madre, intentando abrazar a su hija quien se apartó sentándose del otro lado de la cama.&lt;br /&gt;De alguna forma, aquel llanto que Augusta sintió a sus espaldas la reconciliaba con días lejanos: los aprontes para otra fiesta a la que Augusta niña recorría en sus pequeños detalles de bouffet junto a la piscina y botellas de whisky que despaciosamente se irían agotando, al tiempo que la noche avanzara como las borracheras de todos en el parque, en la piscina, en la madre que Augusta niña no podía buscar desde su dormitorio ya a oscuras, pero que andaría por ahí: la risa, el vaso en su mano tambaleante, su odio redoblado a las presencias acechantes de los dogos.&lt;br /&gt;De alguna forma, aquel llanto fue el mismo que movió a Augusta a mirar a un costado, cuando estaba disponiendo los platos sobre la mesa que el personal de servicio había llevado hasta el rincón sombreado en los inicios del parque. La mesa se fue cubriendo con los brillos de Christofle, Baccarat contendiendo la añejada textura del vino familiar, la salsera, las servilletas blancas inicialadas contra un ángulo hacía varias décadas y dos rosas amarillas, de las doce que había recibido a las diez de la mañana y para lo que todavía estaba buscando una forma de traducir en palabras su agradecimiento. Porque muy lentamente –y desde el fondo de aquella mediana soledad, llegando a ella desde los confines boscosos –Augusta empezó a comprender que Enrique la había considerado huérfana mucho antes de que la madre, la mujer, la figura, resolviera dejar la esquela con el infaltable perdón justificando decisiones de último momento.&lt;br /&gt;Augusta miraba a lo lejos: el parque bifurcándose en canchas donde el pasto crecía desordenadamente; caballerizas vacías donde las palomas, volando de un lado al otro, habían ido estableciendo allí sus nidos; la piscina cubierta de hojas resecas; las extensiones de una construcción dentro de la que algunos cuartos ahora sólo conocían las presencias matutinas de las mucamas, limpiando sillones donde ya no se sentaba nadie, o paseando la franela por el teclado de un piano que Augusta mandó arrinconar contra un extremo del living, familiarizado desde hacía tiempo con las sombras creadas por las ventanas cerradas y recreadas por las sucesivas noches que tarde o temprano descendían sobre el parque.&lt;br /&gt;Y no sólo fue la duda ante el llanto que creyó volver a escuchar. También fueron ladridos siguiendo la corrida – hasta la calle empedrada – de una figura de pantalón negro y camisa blanca. Augusta miró hacia el portón en el mismo momento que los ladridos se disipaban, el llanto se detenía y los pasos apurados se iban enlenteciendo o se desviaban en dirección a las inmensidades de un cielo que se abría, en promesas de una estación camino de definirse.&lt;br /&gt;Bajo el portón todavía no pasaba nadie, pero Augusta sintió el deseo infinito-un deseo metido todo en el prevé lapso fácil de atrapar, de la desesperación momentánea de que quien fuera a entrar por el sendero de pedregullo se quedara ahí, con ella, y para siempre. Porque tarde o temprano volverían las siluetas de los dogos siguiendo el caminar de cabeza gacha de su padre; y volviéndose a la casa vería asomarse, por una de las ventanas largas y angostas, el perfil de su madre buscando remedar los deseos de que su hija la vaya a acompañar, metiéndose con la mujer en un tiempo de barajas, incienso y fotos desparramadas en donde aparece la Augusta niña sentada en las faldas de la mujer; la mentira de un bienestar para el que los años suelen crear pasatiempos de desdicha; desilusiones que sobrevienen en ese instante casi imperceptible que separa a la Augusta niña de la Augusta adolescente. Y con once años tener que conocer el frío de las baldosas del corredor, cuando caminaba descalza hasta esa otra puerta cerrada, tras la que dos seres discutían acaloradamente hasta que Augusta volvía corriendo en puntas de pie a su dormitorio y trataba de autoconvencerse  de que estaba durmiendo; que esa noche-como tantas otras- ella estaba durmiendo, sin saber que tarde o temprano su padre saldría del cuarto prendiéndose el sobretodo y dando portazos cada vez más lejanos que acababan depositándolo en el parque, de cuyas profundidades, ladrando, emergen los dogos para colocarse junto al paso apresurado del amo. Es el deseo de agarrar la camioneta en procura de unos de esos bares que ya conocen su presencia, cuando el señor aparece de madrugada y los dogos esperan en la caja de la camioneta y allí acaba su octavo whisky, para luego dejarse caer sobre el volante, maldiciendo a su esposa y buscando en el desvarío del alcohol la figura adolescente de una hija para la que ya no había tenido más invitaciones para salir a caminar. Deseaba que pronto llegara el día; el reunirse con los amigos de las exposiciones; el programar asados los fines de semana que lentamente lo iban alejando de sus posesiones, a las que retornaría sólo como una sombra, ya sin pasados ni futuros; apenas el recuerdo vago de una hija que aguardaba con la mirada en el portón y una jarra de vino apretada entre los brazos y el pecho delgado, cuando ya la brisa del mediodía le trajo hacia adelante su pelo suelto y apenas sostenido en dos broches que brillaban por encima de sus sienes.&lt;br /&gt;La mentira, el engaño se vistió de ese día que vio llegar a Enrique, quien se detuvo bajo el portón tal vez preguntándose qué era lo que lo llevaba a la naciente verdad que Augusta empezaba a revelarle a partir de la curva que hacía el sendero de pedregullo, separando acacias a ambos lados de un camino que pasaba junto a las sillas de hierro blanco, de las que la muchacha eligió dos para llevar junto a la mesa. Luego caminó hacia él, resolviendo en ese instante que las revelaciones sólo se pueden dar a través de los hechos. Por eso no habló sino a través de las fotos que dejó encima del piano; el paseo que ambos hicieron por las  canchas; las casillas en donde Augusta hizo la rápida historia de aquellos perros- premiados en varias exposiciones-, deslizando por ahí que ellos se habían convertido en el único consuelo del padre, poco tiempo antes de que el mayordomo lo encontrara cerca del portón, tomándose fuerte del pecho con una mano, y dejando caer de la otra el que fuera último vaso de whisky.&lt;br /&gt;Después ambos fueron al amplio dormitorio vacío y Augusta lo invitó a escoger una baraja del mazo del Tarot egipcio. Enrique alargó dos dedos, sacando una baraja para la que Augusta se otorgó el recreo de inventar significados: la soledad, las presencias que retornaban de un más allá delimitado por otro parque que crecía dentro del que Enrique veía desde la ventana del dormitorio en el que estaban. La cama de dos plazas lucía bien tendida y tres almohadones rosados coronaban el espacio en donde ya nadie recostaba la cabeza para dormir o simplemente llorar. El recuerdo oculto que quedaba de ese lecho, en donde dos seres que ya no estaban habían despertado la atención de la niña, obligándola a que caminara descalza hasta apoyar el oído junto a la puerta que esta vez, Augusta volvió a cerrar, mientras Enrique la observaba silencioso-dos dedos sosteniendo la figura del Tarot-, pensando en que les debía tres respuestas a los sobres que habían quedado escondidos dentro del cajón de su escritorio. Yo también lo recordé cuando resolví pagar los dos cafés que me tomé y tuve ganas de seguir tras la sensación del caminar apurado que Enrique había dejado a lo largo de la calle poblada de granjas, sobre las que se alzaba, a lo lejos, el girar suave de las aletas de los molinos. Fue cuando decidí justificarlo y tuve que empezar por el principio de todo: nuestra amistad. Enrique siempre había sido el mismo y yo fu su amigo desde un principio difícil de detectar, como paso de la tarde a la noche cerrada; como un almuerzo bajo el tilo y el momento en que Augusta quedó dormida sobre un hombro de Enrique, quien comprendió que todo se había dado de manera acelerada. No le importó esto porque estaba preocupado ante la certeza de un dormitorio que se cernía sobre él: amenaza venida de cortinados, cuadros, retratos y las mismas sábanas que los cubrían a ambos, y ese perfume extraño que emanaba del cuerpo delgado de Augusta, la que en sueños o pesadillas se aferraba más a él. Enrique rememoró su caminar a lo largo de la avenida bordeada de eucaliptus. Detuvo la evocación en el momento en que cruzó el puente y fue con paso más apurado ganando la curva que hacía el camino hasta el definitivo fin de la ciudad, en donde tendría que pisar el pedregullo del mediodía, dispuesto a almorzar con Augusta; dispuesto a aceptar que ella ya no podría ir más allá de aquel portón supuestamente abierto.&lt;br /&gt;Fue cuando Enrique releyó en su pensamiento aquello de que “Glyfada es una playa en el Atica, bordeada por el Egeo”. Augusta dormía y él se autodictó en voz baja las tres o las mil respuestas a aquellas cartas que aguardaban dentro de un cajón perdido para su memoria.&lt;br /&gt;Al promediar la entreluz de la tarde y antes de separarse, ella le prometió un té con lecha para la próxima visita. Lo acompañó hasta el portón y lo despidió con un beso en la mejilla. Enrique la abrazó y por encima de la cabellera larga y castaña, tuvo un penúltimo mirar para el parque que se volvía a aprontar en otro recibimiento de la noche, con el paso de Augusta de retorno a su dormitorio… o a ella misma.&lt;br /&gt;Y la forma que Enrique tuvo de volver a sí mismo fue al otro día o uno de esos días. Me pidió que lo acompañara al correo, y no le dije nada cuando lo vi que echaba por la ranura de  madera tres cartas dirigidas a cierta dirección ubicada en Atenas. Después ambos nos fuimos caminando hasta una agencia de cambio y él eligió cambiar casi todo su dinero. Del otro lado de la ventanilla fueron echando los cuatro billetes de cien dólares, con lo que el viaje estaba cada vez más cerca de sus posibilidades y de cierta extraña sensación de tranquilidad que yo experimentaba, pero de la que preferí no hablar.&lt;br /&gt;El ritmo céntrico lo mostró contento, saludando a aquel mozo que- retornado a su papel matutino de servir cervezas y gritar docenas de panchos- nos pedía que por la noche lo esperáramos en la barra de mármol del bar oculto en una de las adyacencias decliveantes hacia la avenida. Pero Enrique, sonriendo, le decía que no sabía cuánto tiempo más iba a estar allí, entre nosotros. Después seguimos caminando bajo los luminosos apagados, en sentido contrario a una manifestación que ninguno de los dos sabíamos a qué gremio estaba representando, ya que las pancartas marchaban muy alejadas de nuestros pasos, escritas del lado opuesto a aquél hacia donde nosotros dirigíamos nuestra charla, nuestras sonrisas y algún recuerdo que nos llevaba a determinado instante de nuestra pasada adolescencia.&lt;br /&gt;Sugirió que nos fuéramos a sentar a la rambla y llegamos allá en el mismo momento en que un carguero se aparecía nítido e inmóvil sobre la línea del horizonte, en un mar calmo que continuamente llevaba sus olas de poca espuma en dirección occidental, desintegrándose en la bahía de dársenas, grúas y pitazos, por donde la proa de un nuevo pesquero avanzaba abandonando las aguas oscuras del puerto.&lt;br /&gt;-Quince, veinte días más y compro el pasaje, pero creo que no me voy a aguantar medio año más- me reveló, encendiendo un cigarrillo. No dije nada y simplemente me incliné hacia él para palmearle un hombro. Se irguió, pitó profundamente y me miró de reojo-.Nunca opinaste sobre ella…&lt;br /&gt;Lo miré y pensé por un momento: Augusta o como se llamara, era eso que nosotros podemos llegar a tener como necesaria realidad que llene los vacíos deambulares en torno a nuestra existencia. Al menos la de Enrique, temo, necesitaba de Augusta. O tal vez yo me equivocara y todo venía a través de un recuerdo: el dormitorio; el respirar profundamente cuando se aceptaba que toda la verdad podía estar circunscripta a un parque que volvió a recibir la presencia de Enrique. Augusta corría al reencuentro. El mediodía le otorgaba la posibilidad de apurar el paso hacia el hombre que la hacía sentirse menos sola; el hombre que la vio venir y que se guardó la cuarta carta en el bolsillo interno de su saco.&lt;br /&gt;-¿Sabe algo del viaje?- me animé a preguntar.&lt;br /&gt;-Nada-contestó él, mirando hacia el sur de estuario calmo y contorno de carguero volviendo de China, a Corea o a esos lugares que se nos representaban lejanos desde el granito de la rambla.&lt;br /&gt;-¿Se lo pensás decir?-tanteé, luego de algunos minutos.&lt;br /&gt;-Se lo tengo que decir. No podría mentirle.- Enrique se paró y puso una mano en mi hombro, prohibiéndome que lo copiara en aquella acción de pararse, mirando brevemente hacia la rapidez de los autos que pasaban frente a nosotros. Después de volvía a mí-: Simplemente le voy a decir: “Augusta: me voy de viaje”.&lt;br /&gt;Pensé en la honestidad de la teoría – que nos acercaba aún más en aquella conversación – y en la práctica de ese acto que fue alejando a Enrique, conforme los días transcurrieron cada vez más cálidos, con caminares que parecía empujar una suave brisa que nos venía de dentro, arrimándonos a un objetivo que no sabíamos que pudiera acabar existiendo. Que al menos empezó a ser realidad para Enrique, en otra mañana que lo vio llegar por la calle eucaliptada y agitada por un cantar de enramadas que alababan la alegría y la desdicha juntas, la compañía y la soledad de ese transitar que lo hacía mirar a un lado y otro de la calle mitad piedra y asfalto, henchida por las raíces que hacía un siglo intentaban quebrar aquel rumbo.&lt;br /&gt;Alcanzó a ver la figura que lo observaba muy de cerca de los barrotes del portón sombreado. Después la vio alejarse corriendo; el sol le clareó la pollera a cuadros, el buzo de cachemere y lo que parecía collar de perlas agitándose a todos lados, como un lazo blanco que parecía querer atrapar aquel brillo castaño que el sol seguía desde su imperturbable distancia. Ella corría pasando junto al núcleo de casas, doblando tras un recodo de santarritas, supuso Enrique que en dirección a las canchas o a esos cuadros verdes y vacíos que recibieron el paso ligero de la muchacha y su preocupación de llegar rápido a las caballerizas pobladas de palomas.&lt;br /&gt;Indudablemente que mi amigo se tuvo que echar el saco al hombro y apurar él también el paso, para luego correr franqueando el portón, las tres sillas de hierro y el jardinero agachado junto a los rosales, frente al que Enrique se detuvo removiendo el pedregullo y la quietud de aquella mañana con aquel ruido.&lt;br /&gt;-Buenos días. ¿Era Augusta la que salió corriendo?&lt;br /&gt;El jardinero asintió en silencio, con algo de miedo frente al tono resuelto de Enrique. El hombre maduro se volvió a las suposiciones de las canchas y alzó la mano que sostenía la tijera.&lt;br /&gt;-¿Tal vez se haya ido para las caballerizas?&lt;br /&gt;-¿A qué?- habló Enrique, mirando él también para donde señalaba el brazo tosco en el que se balanceaba la tijera con restos de savia y brotes aplastados en las dos hojas de acero.&lt;br /&gt;-No sé… Por ahí es una broma de la señorita Augusta- contestó nervioso el hombre de mameluco gastado-. Si usted la conoce, sabe que ella necesita divertirse, distracción… Está muy sola desde que…&lt;br /&gt;-Sí, ya lo sé – cortó Enrique fastidiado, pensando rápidamente en el motivo de su visita.&lt;br /&gt;Cuando se disponía a seguir corriendo tras la figura en dirección noreste decliveante, se detuvo nuevamente frente a una puerta que estaba abierta y que conducía a la porción interior que había correspondido a los padres de Augusta. Se metió casa adentro y echó el saco encima de piano Bechstein. Levantó las fotos que estaban apiladas sobre el atril: Augusta niña con sus padres, observó Enrique, frente a aquella pareja: la mujer sentando a Augusta en sus faldas; el hombre peinado a la gomina, de golilla al cuello y gesto inexpresivo, y junto a él un cachorro dogo. Tiró las fotos encima del piano y una de ellas quedó mostrando el dorso: la letra pequeña parecía haber sido escrita recientemente. Enrique leyó. Después, olvidando su saco, salió a la mañana del parque que acogía su regreso desde la vegetación reverdecida. Fue caminando a medida que iba reconociendo por primera vez aquellas canchas de las que le hablara la muchacha en las tardes de picnics improvisados y en noches de vodka junto a la barra de un lugar que parecía haber apagado sus luminosidades, para sólo encenderlas en el recuerdo de Enrique.&lt;br /&gt;A veces alzaba la mirada al cielo y en él parecía volver a leer aquello que encontró en una de las fotos: “Todo era una mentira y ahora ellos no están. No sé hasta cuándo seguirán ausentes. Pero tú tenés que regresar de un momento a otro, ¿no?”&lt;br /&gt;Una mano de Enrique estaría apartando la cortina de santarritas – para abrir panoramas de caminos que se angostaban entre bocas de sapo y petunias-, cuando llegue a mi casa desanudándome la corbata y sentándome para apoyar un codo en el escritorio, sosteniendo en una mano el sobre grueso en donde leí mi nombre escrito con drypen. Sin dejar de mirar aquel sobre tanteé hasta encontrar el cortapapeles. Puse el sobre en el escritorio, apoyé una mano en él y con la otra fui cortando despacio…&lt;br /&gt;Así Enrique se fue acercando a las caballerizas de huecos desde donde lo señalaban los picos inquietos de palomas a punto de volar a los interiores. Puso un pie en el piso de tierra y lo invadió un escalofrío cuando por encima de su cabeza cruzó una paloma oscura, rasante, en dirección a otro hueco, por donde se asomaba la luz del parque que parecía haber quedado lejano, casi en otra dimensión. Junto a la luz que venía del exterior reconoció la figura de Augusta: sus hombros agitándose; una mano que ella ses pasaba por los ojos.&lt;br /&gt;Todavía no llegaba el mediodía, cuando en mi cuarto acabé de cortar aquel sobre, oyendo la presencia de los grillos de la madrugada que venía desde la azotea. Lo primero que encontré fue un papel en el que Enrique me escribía la dirección de Augusta y que fuera para allá cuanto antes. Miré la hora y no pude hacer más que negar con la cabeza y una mediasonrisa, con lo que trataba de solidarizarme con él.&lt;br /&gt;La mañana de Enrique lo siguió acercando a la figura de sombra, que dejaba oír su llanto tras el cono luminoso que atravesaba el hueco, por donde la paloma había escapado. Ella alargó los brazos y volvió hacia arriba sus manos, esperando encontrar las de él. Enrique rozó aquellos dedos, luego acarició las manos y la abrazó en silencio, evocando sin hablar nuestro encuentro en la rambla: “Augusta: me voy de viaje”.&lt;br /&gt;-No llores y permanecé así, apretada contra mí.&lt;br /&gt;El había leído lo escrito en una de las fotos: la pasada indiferencia de los engendradores de Augusta; y con un beso en los labios le hizo comprender por qué no tenía que seguir llorando. Lo que Enrique no podía comprender era justamente por qué besaba a aquella muchacha que había quedado sola, con la única compañía de una mucama, un mayordomo y un jardinero que venía dos veces por mes.&lt;br /&gt;Ambos salieron caminando tomados de la cintura. Augusta sonrió con dificultad, mientras apoyaba su cabellera castaña en el hombro de Enrique. Mi amigo soltó un suspiro mientras observaba las extensiones de yuyos donde alguna vez el padre de Augusta había jugado al polo y también había matado de un tiro a uno de los caballos- que tuvo la desgracia de mancarse en pleno partido-,tirando a un lado a su esposa que no pudo más que llorar, en silencio, la muerte, el adiós a ese caballo que ella misma había visto nacer. De pronto, algo hizo que Enrique mirara a Augusta, casi dormida sobre su hombro. La besó en la frente. Ella abrió los ojos y él le habló con una expresión seria en su rostro.&lt;br /&gt;-Ladridos…¿Tenés otros perros?&lt;br /&gt;-Deben ser perros de la calle; los míos ya te dije que murieron hace un tiempo.&lt;br /&gt;-El parque-en su quietud cuando el jardinero y las dos personas de servicio ya se habían ido-dejó entrar el lento transcurrir de la tarde, abriendo un claror de mañana auspiciosa para mi dormitorio. Remoloneando en mi cama, me volví al sobre distante que había dejado sobre el escritorio. Enrique le hizo caso a Augusta y se sentó en una de aquellas sillas que ella había llevado hasta la mesa sombreada por el tilo. Mi amigo miró hacia el portón: seguramente fue el jardinero quien lo cerró cuando acabó su trabajo; él fue quien puso la cadena entre los barrotes y alguien, tal vez Augusta, pasó llave al candado ferruginoso que colgaba, inmóvil, en su contorno grueso.&lt;br /&gt;Enrique volvió a oír aquellos ladridos, cada vez más cerca de donde él se hallaba.&lt;br /&gt;Casi se pone de pie ante la risa y el lamento que parecían estar rondando el parque; estarlo rondando en la tarde de tazas de té y espera de Augusta trayendo entre sus manos la tetera de lata. Enrique reflexionó en que no había casas rodeando a la de Augusta, sino hasta tres cuadras después. Los ladridos se oían cada vez más cercanos, como las risas y los lamentos parecidos a los de un hombre y una mujer.&lt;br /&gt;Enrique frunció los labios y recordó que su saco había quedado arrugándose encima del piano, junto a aquellas fotos de papel opaco que mostraban lo que había dejado de ser. Recordó la letra pequeña, las entrelíneas anunciando la certeza de que tarde o temprano él regresaría. Se paró resuelto a ir a buscar su saco, pensando que dentro estaba aquello de lo que Augusta se tendría que enterar. Pero cuando se vio nuevamente parado en medio de aquel salón, no encontró su saco ni las fotos ni a Augusta. Miró hacia los ventanales cuando ya los ladridos parecían estar recorriendo las extensiones del parque. Se recostó contra el piano y miró hacia las bocas oscuras de aquellos corredores que confluían en el salón casi desprovisto de muebles. De uno de esos corredores tendría que regresar Augusta con la tetera humeante. Cuando los ladridos parecieron disminuir, Enrique se acercó al ventanal  y desde allí se inclinó a la visión del parque por entre las celosías; a la corroboración de que él había llegado allí en la mañana de su último regreso, sin interesarle de qué forma recordaría luego ese momento, cuando se acercara a la ventanilla para desde allí sonreírle a la ciudad que desaparecía tras las nubes. Consideró que tal vez fuera doloroso prolongar aquello en un té para el que luego no podría hacer otra cosa que besar a Augusta por última vez, echándose nuevamente su saco por encima del hombro y cuidando que su pasaje no cayera al pedregullo cuando franqueara el portón.&lt;br /&gt;Resonaron los ladridos, las risas y los lamentos en todos los rincones del parque. Enrique miró a ambos lados y luego detuvo su interés en una de las dos sillas colocadas junto a la mesa de té. Alguien había puesto allí su saco, colgado cuidadosamente sobre el respaldo de la que le correspondía. Se apartó del ventanal y caminó con paso apurado al reencuentro con la extraña exterioridad de los árboles y los rosales, sin importarle los muchos perros rabiosos que pudieran haber y de los que sólo le llegaban los ladridos cada vez más audibles, acompañados de risas, lamentos y cierta vaga idea de que había escuchado pronunciar el nombre de Augusta, con desesperación. Enrique cruzó el sendero que separaba a la casa, del té y los fragmentos brillosos que el tilo esparcía sobre el mantel a cuadros. Se agachó junto a su saco y enseguida buscó en los bolsillos internos, luego en todos, sin encontrar aquel pasaje. Levantó la cabeza y oteó en la cercanía de los otros árboles, en donde parecía que se ocultaba alguien que lloraba. Otro árbol le trajo unas risas con gusto a borrachera y la orden de que los perros se limitaran a gruñirle… a Enrique. Porque comprendió que todos esos acontecimientos tenían que ver con su presencia en el parque. Después, sin apartarse de esa silla, miró hacia el portón que ya no sabía quién había cerrado. Se irguió, caminó hacia él y se detuvo frente al candado grueso y antiguo. Siguió la dirección de los barrotes y le pareció que todo- los muros y el portón – habían adquirido proporciones que antes no existían o no le habían llamado otra atención que aquella habitual, de cuando nos vamos acercando despacio a las extensiones de un predio viejísimo y releemos la dirección que nos anotaron con letra casi ilegible y apurada. Cuando Enrique se volvió, vio venir caminando a Augusta – llevaba entre sus manos la tetera cubierta a medias por una servilleta blanca- quien se detuvo a cierta distancia suya, con el rostro congestionado y un leve temblor en su cuerpo. Para mi amigo era difícil reconocer en esa muchacha a la que le había pasado una mano por el brazo, la noche que ambos se fueron a refrescar junto a la barra de un lugar que había quedado destruido bajo sus escombros de pasadas músicas y luminosidades. Enrique empezó a caminar hacia ella y Augusta se fue replegando en su miedo, apretando las manos contra la tetera humeante. Ambos se detuvieron en medio del sendero de pedregullo, cuando unas risas resonaron junto al portón y los lamentos se colocaron tras la figura de Augusta. Los ladridos iban y venían por las extensiones de eucaliptus y de tilos, y adonde era que Enrique mirara no encontraba otra realidad que aquella que tenía en su entorno, en el cual la muchacha era apenas el recuerdo lejano de una mañana que lo vio llegar a él, dispuesto a decir lo que había olvidado; dispuesto a aceptar que aquel candado ya no se volvería a abrir porque no había llave, porque no había pasaje en el bolsillo interno de ese saco que todavía pudo divisar a lo lejos, con las mangas agitándose por la nueva brisa que anticipó otro atardecer de reflejos vagos. Las dos figuras permanecieron frente a frente en ese lugar al que empezaron a recorrer algunas hojas secas, mientras las risas, los lamentos y los ladridos, se fueron apagando como ese día.&lt;br /&gt;Improbable volverlo a encontrar.&lt;br /&gt;Improbable racontear los acontecimientos junto a su presencia, para preguntarle si él intuía lo que podría suceder.&lt;br /&gt;Apenas toqué ese candado del que no había apartado la mirada cuando me fui acercado al mediodía de ese rincón, delimitando sus tres cuadras por los muros descascarados y la silueta opresiva del portón ferruginoso.&lt;br /&gt;Metí mi cabeza entre dos barrotes, asomándome al silencio que ahora poblaba la sucesión de construcciones antiguas, sin sillas de hierro blanco esperando la resolución de otro día; sin mesa bajo el tilo, en donde ya nadie aguardaba otro té.&lt;br /&gt;Secretamente siempre deseé conocer un lugar así y jamás pensé que llegara ese momento, con pájaros que piaban delatando mi soledad junto al empedrado de la calle y sin apartar una de mis manos de los barrotes verticales.&lt;br /&gt;Pensé en aquel parque al que volvía a dar la espalda y en el último regreso de Enrique. Seguramente que él no se lamentará de que yo haya llegado tarde, porque sólo me basta con mirar y remirar ese sobre en el que él me había dejado una dirección que ya no me interesaba. Que rompí y eché hacia atrás por encima de mi hombro.&lt;br /&gt;Antes de surgir al embaldosado desparejo de la vereda, repetí una vez más la acción de sacar lo otro que contenía el sobre. Después me guardé todo en el bolsillo interno de mi campera blanca, dispuesto a llegar pronto a la anchura de la avenida eucaliptada; aceptando que ya no era necesario volver a mirar aquel paisaje; para leer en él las letras que formaban mi nombre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-1150946710850777606?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/1150946710850777606/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=1150946710850777606&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1150946710850777606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1150946710850777606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/11/el-parque-de-los-ultimos-regresos.html' title='El Parque de los Ultimos Regresos'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-sA8QegN3Ufg/TsPye3zlcmI/AAAAAAAAFtY/tUJHCNa2y3E/s72-c/elparquedeguille.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-4641219111701880367</id><published>2011-11-01T12:27:00.002-02:00</published><updated>2011-11-01T12:30:52.351-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>Las primeras luces de una próxima lluvia</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-UO2FUiH994g/TrACknWKbfI/AAAAAAAAFbE/WH01hlG1cOU/s1600/bailarinabarra.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 306px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-UO2FUiH994g/TrACknWKbfI/AAAAAAAAFbE/WH01hlG1cOU/s400/bailarinabarra.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5670034758919941618" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right; font-style: italic;"&gt;a Gabriela Lopetegui.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue una tarde para el arrepentimiento, porque ella se había soltado de mi brazo y caminaba en dirección al mar. Tal vez por querer mostrarse con el misterio que nunca tuvo, o por intentar una farsa de alejamiento que me moviera a seguirla y sonreír en medio de una noche carente de bromas y futuros. Porque la Luna seguía estando allí, como los cuarenta kilómetros de arena y oleaje agolpándose en orillas bordeadas por el último tramo de una cadena de barrancas, ahora difusa o directamente sombría.&lt;br /&gt;Por supuesto que la tuve que observar y batir palmas, para luego –silencioso, con una seña en mi brazo en alto-rogarle que siguiera intentando aquellos sueños de ballet o de movimientos que ahora empalidecían el resplandor solitario de la misma Luna -¿o sería otra? – que hizo descender hasta mí una reposera, una botella de vino y la certeza de dos figuras alejándose por la costa, al Este de eternidades plateadas.&lt;br /&gt;Volvió dando saltitos; intentando borrar los quince años que nos separaban con una muestra de agilidad que yo no necesitaba ver, sufrir, lamentar. Con un movimiento brusco se echó contra mi brazo y recostó su cabeza en mi hombro, cerca del cuello. No habló y respiraba agitada. Buscó una mano en la mía y se la llevó al pecho. Palpé los latidos abriéndose paso entre la llanura estrecha que armaban sus dos enormes senos. No pudo ocultar la extenuación y la disfrazó con una sonrisa que yo ya estaba cansado de encontrar, conocer, aceptar con remordimiento. Elegí apartar mi mano y entrecruzarla con la otra, ocultando mi rostro entre las piernas recogidas, con la frente apoyada en los antebrazos. Por un momento creí flotar, estar a medias borracho, como la vez de la noche aquella: Viernes de Pasión que nos vio a los tres bajando por el camino de grava serpenteante, sobre la barranca más próxima a la arena, el mar y posiblemente el infinito de momentos que ahora, sólo el oleaje o las cenizas de un antiguo fogón recordarían.&lt;br /&gt;Nadie más que nosotros dos había arribado al lugar. Sobre las lomas boscosas emergían los vértices de donde caían los techos a dos aguas, en casas olvidadas o abandonadas hasta una próxima estación estival de la que ahora nos hallábamos muy lejos. Sobre las terrazas de aquellas construcciones –paulatinamente descoloridas- se había desarrollado la música del darbonka y la guitarra morisca, llenando lo que primero eran silencios expectantes; espacios que se plagaban de otros sonidos, copiando lo que antes fueron pájaros invisibles y susurro de enramadas, búsquedas de atajos o presencia de bosques al encuentro de aguas subterráneas. Y siempre nuestro caminar en dirección al paisaje nocturno, las perspectivas de fuegos encendidos por entre los eucaliptus, el misterio aceptado de la próxima mañana: yo me volvía y mi mirada franqueaba el piso embaldosado y tibio, subiendo por las patas de una de las camas, luego por la otra. Los tres nos revolvíamos –pesados de tanta alegría interior- bajo las sábanas que se iban reavivando en sus estampados con el avance de la claridad que nos llegaba de fuera. Primero era un mechón castaño y espeso que caía vertical cerca de las puntas de los Dunlop, embarrados y olvidados por una noche bajo la parrilla de madera casi centenaria. De las otras sábanas asomaba un brazo, un bostezo… y enseguida una carcajada general. Tal vez por festejar que seguíamos estando allí; tal vez por sentirnos unidos en la cercanía, en el tiempo, en las circunstancias vividas en medio de días que no planificábamos.&lt;br /&gt;Seguí con la frente apoyada contra los antebrazos y pensé que ella también creía que todo se daba fuera de la planificación; que lo nuestro era espontáneo, como la vez que recogí una gruesa arma y me fui a caminar a lo largo de la mañana que nacía a los fondos del Parador Viejo, sobre la barranca coronada a veces por los perfiles de las gaviotas.&lt;br /&gt;La lluvia me encontró cercano a un tronco olvidado, paralelo a la orilla. Volví a trepar por entre cardos y flores ocultas por los yuyos, en dirección a los sempiternos caminos principales. La lluvia se convirtió en granizo y corrí saltando charcos, temiendo rayos que quebraran algunos de los eucaliptus que formaban las largas y estrechas avenidas; piso de hojas donde resonaba cierta soledad. Me oculté bajo el alero de una choza abandonada y recordé que ya antes, los tres habíamos estado allí. Respiré hondo de saber que la lluvia, el casi vendaval, no las habría agarrado a ellas; que ellas seguían durmiendo; soñando portés y fuetés bajo un cielo raso inclinado que ocultaba lo bruscamente nublado del día. Fumé un cigarrillo y pensé que prefería este tiempo y la rama que permanecía fiel a mi mano, dibujando ahora el piso de tierra dos caras de muchachas que se hacía necesario imaginar.&lt;br /&gt;Levanté mi frente y la observé sin tener palabras, argumentos. Con un dedo escribía nuestros nombres sobre la arena húmeda y los encerraba en un corazón del que enseguida me reí, sonreí o casi lloro. Ella no lo advirtió y me miró de frente, con el torso girando hacia mí, con la amenaza de sus dos enormes senos siempre prontos para mis labios. Encendí un cigarrillo y el humo de la primera pitada lo dispersé de cara al manto sereno, acuoso y conocedor de secretos ocultos en alguna parte. Pensé que también se podría llevar secretos míos; secretos que a nadie más podrían interesar.&lt;br /&gt;-Desearía que nuestros nombres jamás se borraran; que el mar no llegara hasta aquí –dijo ella, con una voz fresca y casi apartada de su tosquedad; su cuerpo rollizo y sus casi cuarentaicinco años que, lógicamente estaban plagados de sufrimientos, injusticias, soledad y supuesto salvador que tendría que ser yo -. Porque no me interesa nada más que nosotros; porque ahora te tengo a ti y todo lo demás, hasta el mismo mundo, puede desaparecer.&lt;br /&gt;No hablé y le acaricié el rostro, movido por el tedio estático que nos encontraba a los dos como bultos ovillados de un pasado picnic. Ella era eso que tenía a mi lado: único presente de una noche sin festividades; una noche que se iba haciendo larga y vacía como aquellas casas de donde la música había escapado, dejando en su lugar una extensión de mi propio silencio; fantasmas de otras fiestas moviéndose por interiores revestidos de una madera que se pudría inevitablemente; pensamientos que giraban desarticulados dentro de un cuerpo entregado a los cuarenta kilómetros de arena, las piernas recogidas, la brasa del cigarrillo que no iluminaba nada.&lt;br /&gt;Señalé un resplandor al pie de la barranca. Me paré y le dije que me esperara. Ella continuaba escribiendo, reescribiendo nuestros nombres, cuando me alejé sin volverme a lo que dejaba: el cuerpo encorvado, el perfil en sombras metido sin importancia en la oscuridad plomiza de la playa.&lt;br /&gt;Del resplandor pasé a divisar algunas llamas escapando de paredes cóncavas armadas en la arcilla. Después, todavía lejos pude ver al hombre o la cosa que quién sabe cuándo, había decidido residir allí: perpetuo diálogo uniendo curvas arenosas, con Alfa Centauro que casi rozaba el horizonte.&lt;br /&gt;El hombre o la cosa movía las brasas con una rama a medias tiznada. Cuando me vio llegar se paró de frente y agarró otra rama, seca, que blandió en la otra mano. Me detuve y gasté algunos minutos, observándolo en silencio. Tal vez pudiera haberse repetido la otra escena, cuando en aquel Viernes de Pasión dejé la reposera y me fui en busca de las muchachas. Tal vez lo hice por sentirme menos solo; por desear seguir disputándolas en aquellos movimientos que trazaban bocetos efímeros contra el suelo de arena y lo azulado del resplandor lunar.&lt;br /&gt;Franqueé algunos troncos entrecruzados y me acerqué a la cueva de donde emergía aquel color terracota. El hombre comprendió que yo no venía por represalias y soltó la rama seca. Se sentó de frente al fuego y siguió escarbando, removiendo brasas que respiraban un fuego ancestral, difícil de extinguir para siempre. Junto a ese fuego las encontré a ellas la noche que acepté verlas, descubrirlas menos siderales y arrimadas al rostro y a las manos grasientas que evocaban el miedo a lo secreto.&lt;br /&gt;Volví a mirar aquellas manos y el hombre se inclinó hacia mí, dejando que la proximidad de las llamas calentara las arrugas en la frente y bajo los ojos inexpresivos.&lt;br /&gt;-Mirá mis manos.&lt;br /&gt;-Las mismas que acariciaron a mis amigas.&lt;br /&gt;-Bailaban cerca de la orilla. Después, las dos vinieron corriendo con las ropas empapadas. Me preguntaron si se podían sentar alrededor del fogón.&lt;br /&gt;-No era necesario que las recostara en sus rodillas y las acariciara.&lt;br /&gt;-Podría haber hecho mucho más, pero…&lt;br /&gt;-¿Se sintieron incómodas cuando me vieron llegar?&lt;br /&gt;- Habrán creído que usted lo tomaría de otro modo. Pero optó por quedarse alejado de nosotros…&lt;br /&gt;-“Nosotros”…&lt;br /&gt;-…y no aceptó que yo las acariciara y que ellas se dejaran besar por un hombre muy viejo y barbudo.&lt;br /&gt;-Algo de miedo, quizás.&lt;br /&gt;-Pensó que hasta podría matarlas… o matarlos a todos.&lt;br /&gt;-Tal vez.&lt;br /&gt;-Usted me hace reír.&lt;br /&gt;El hombre o la casa continuó jugando con aquellas brasas. De vez en cuando me miraba y agitaba los hombros, sonriendo.&lt;br /&gt;-No vine solo-continué.&lt;br /&gt;-¿Muchachas de nuevo? ¿Muchachas de ropas empapadas?&lt;br /&gt;-No. Una mujer madura que alguna vez fue linda o al menos agradable.&lt;br /&gt;-¿Y?&lt;br /&gt;-La dejé sola, no muy lejos. Tarde o temprano saldrá a buscarme. Pensé que los dos podríamos estar un rato aquí.&lt;br /&gt;El hombre miró al fondo de la cueva –corroborando, quizá, la existencia de ecos; recuerdos de otras noches, prolongadas ahora en una larga ausencia- y movió la cabeza de derecha a izquierda.&lt;br /&gt;-Sí, aquí hay bastante lugar. Tengo algunas mantas. No van a tener frío.&lt;br /&gt;-Por eso no hay problema.&lt;br /&gt;El hombre me miró fijo y comprendió la ayuda que yo necesitaba y que le pedí, en la primera y única sonrisa que aventuraron mis labios, resueltos. Con una mueca intentó decirme que saliera a buscarla; que no esperara a que ella lo hiciera.&lt;br /&gt;No fue necesario caminar mucho. Su cuerpo grueso y rollizo venía ganando la noche. Oí pisadas cacheteando el agua de la orilla. Corrió hasta mí y me abrazó sin decir palabra. Le señalé la cueva y enseguida miré sus senos asomando por la camisa de dos botones desprendidos.&lt;br /&gt;El hombre no se paró. Apenas se estiró para alcanzarle una manta sobre la que ella depositó su trasero, enfundando en los pantalones de gabardina negra y modelo viejísimo. Sólo su pelo –la tintura entre roja y amarilla – brillaba junto al fuego. Lo demás era naciente temor.&lt;br /&gt;El hombre o la cosa me miró y sonrió. Ella –sin apartar sus ojos de aquello que había dejado de jugar con las brasas y de vez en cuando miraba al fondo de la cueva- se acercó a mí, agarrándose fuerte de mi brazo. NO la miré y busqué el horizonte, cuando tras él, relampaguearon las primeras luces de una próxima lluvia.&lt;br /&gt;-Queda poco lugar para el firmamento-opinó el hombre, caminando hasta la entrada ovalada-. En cualquier momento todo será como una inmensa caja llena de viento frío y agua.&lt;br /&gt;El hombre se acercó a mí y sentí una de sus manos grasientas en mi antebrazo. Comprendí que estaba conmigo. El hombre o la cosa sabía –al igual que yo-que estaba dispuesto a dejar de ser realidad, sueño o pesadilla. Entonces retornarían aquellos otros silencios, los que se revolvían bajo sábanas estivales, en otras madrugadas.&lt;br /&gt;Mentí que iba en busca de troncos y ella ni pude dejar de pedir el clásico deseo de que no demorara.&lt;br /&gt;Trepé la barranca ignorando la proximidad de los restos de la escalera de madera. Agarré con fuerza los yuyos más gruesos y lentamente me fui acercando a lo serpenteante de uno de los caminos principales. A cada nuevo paso iba desapareciendo una estrella, luego toda una constelación, hasta  que una fina llovizna cayó sobre las ondulaciones del balneario.&lt;br /&gt;Corrí en dirección Este y busqué una de aquellas casas. Se sucedieron los truenos y los relámpagos, y me pareció oír más de un grito, cuando ya la lluvia y el vendaval borraban las huellas que yo había impreso en el camino, mitad grava y arena.&lt;br /&gt;No sé cuánto tiempo estuve durmiendo, recostando contra una de aquellas paredes de madera. El Sol pálido se asomó tras un cúmulo de nubes que serían blancas. Salí de la casa sin volverme para atrás a cerrar la puerta. Todavía guardé la esperanza de encontrarla; saberla cambiada y odiándome; o quizá más cercana a mí que nunca.&lt;br /&gt;Desde lo alto de la barranca –y entre cardos- miré lo que la lluvia había dejado en la playa. A lo lejos – lentamente iluminado por el nuevo día-el hombre se fue acercando a la orilla. Echó su cuerpo contra la popa del bote y éste se deslizó sin dificultad sobre el ondear del río. El hombre y el bote se fueron alejando, escorándose suavemente en dirección a altamar… Y así esperé la otra noche; la reposera de estampado desteñido que saqué de otra de aquellas casas vacías; la botella de un vino incoloro que la noche, la lluvia anterior, dejaron enclavada en algún lugar de los cuarenta kilómetros de arena que volvería a ser blanca y ondulante. Me instalé para esperar el próximo estío, olvidando el secreto que un mar se había guardado para siempre, cuando a alguna hora del otro día, otro día ya afirmado, el hombre volvió en el bote que se deslizaba más liviano en dirección a la cueva, al fuego que volvió a encender; en dirección a ese último saludo que ambos nos dimos a la distancia, donde nuestras sonrisas no se distinguían. Tampoco se distinguieron las preguntas y las respuestas; si fue con las manos grasientas, la rama tiznada, el fuego o las mantas.&lt;br /&gt;Ambos nos empezábamos a olvidar para siempre.&lt;br /&gt;Sólo restaron la reposera desteñida y un sorbo de vino incoloro; sólo la certeza de lo que podría llegar a ser cuando a lo lejos, el Este plateado, el oleaje sereno, la brisa apenas sentida en el rostro, me trajeran de nuevo las dos figuras retornando de un largo paseo; girando sobre sus pies y habiendo ignorado la silueta oscura, la cueva de arcilla, el resplandor rojizo que esta vez las figuras no llegarían a descubrir.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-4641219111701880367?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/4641219111701880367/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=4641219111701880367&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4641219111701880367'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4641219111701880367'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/11/las-primeras-luces-de-una-proxima.html' title='Las primeras luces de una próxima lluvia'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-UO2FUiH994g/TrACknWKbfI/AAAAAAAAFbE/WH01hlG1cOU/s72-c/bailarinabarra.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-5432535740779405302</id><published>2011-10-21T17:57:00.003-02:00</published><updated>2011-10-22T08:10:00.808-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>La corta historia de Joaquín</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-_3gNQ2qeUQk/TqHQoDpaY6I/AAAAAAAAFVY/Jt6ReEXwQeI/s1600/NIANA.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 318px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-_3gNQ2qeUQk/TqHQoDpaY6I/AAAAAAAAFVY/Jt6ReEXwQeI/s400/NIANA.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666039192801141666" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A Enrique Estrázulas&lt;br /&gt;y&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Alejandro Zorrilla (h&lt;/span&gt;)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Conocí la historia una tarde, cuando Joaquín se presentó en el boliche. Que yo me encontrara allí ya no empezaba a ser casualidad. No sé si incluirme entre los demás concurrentes, pero el asunto fue que allí permanecí yo: acodado en el mostrador y dispuesto a escuchar la historia contada por Joaquín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se conocieron una noche –ella pretextó que ya se habían visto antes, hacía tiempo-, cuando él cenaba solo en un restaurante de última categoría. Salieron de copas dos noches seguidas- mientras, ella seguía ¿inventando? Recuerdos pasados- y a la tercera él se encontró en el apartamento de la muchacha o más precisamente en su dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Yo empezaba a sentir algo más por ella”, nos dijo, “pero la muy yegua sólo quería o se contentaba con la cama”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivía cerca del boliche y pensé en la proximidad de esa mujer. Porque Joaquín no dejó de referirse a la soledad que la rodeaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero me siento desilusionado, hermano”, nos confesó tangueramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra tarde la  vi dirigirse a la parada del ómnibus. Algún dedo anónimo –apuntando desde el boliche- la señaló como rescatándola de la habitual monotonía de entre semana. La seguí con la mirada y después me fui a cumplir con lo que ya empezaba a ser tradición: tomarme tres “Old Times” durante el mediodía; porque cuando se trataba de whisky –antes del almuerzo- siempre era mediodía y todavía restaba un tiempo para imaginar comidas suculentas, sabiendo lo precario del guiso de ayer que nos estaba esperando. Es cierto que elegí esto y también es cierto que temo cualquier forma posible de una “futura trascendencia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia de Joaquín se acababa un día sin fecha, en el momento que resolvió abandonarla o que ella lo abandonara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en el boliche seguíamos estando nosotros, hartos de política y soluciones venideras para todos. Sólo Vidal no descuidaba sus pinturas, sin importarle otro entorno que aquel que sostenía el motivo de sus cuadros. Me acerqué a él – siempre sentado junto a una mesa desde donde nos llegaban los mecidos del parque cercano y le pedí permiso para hacerle compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hay problema-contestó, absorto en el trazado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú también conocés las historia de Joaquín- le dije, haciendo una seña para que el mozo nos trajera dos nuevos whiskies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y dejó de ser íntima cuando Joaquín la sacó a relucir –agregó Vidal, apartando los ojos del dibujo y enfrentándolos a los míos-. Mejor hubiera sido que la muchacha ésa siguiera en el anonimato y Joaquín se mostrara menos sentimental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno –refexioné-, nadie pudo aportar nada de nuevo a lo dicho por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No nos interesaba el asunto. – Vidal miró a los costados y se tranquilizó de saber que nadie nos escuchaba- ¿O a ti sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuó su trabajo creativo y yo seguí su mano presurosa, intentando encontrar alguna respuesta en el movimiento firme y apenas audible; en sus propósitos de acabar con aquel cuadro. Cierto: al menos Vidal no parecía estar interesado en la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No creo que tú y yo podamos llegar a mucho en esto- hablé, desilusionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro. ¿Qué ganaríamos? – preguntó él, apartando la mano que sostenía el lápiz, de la cartulina amarilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me volví a levantar y asomé medio cuerpo por la ventana buscando la parada, el ómnibus que se la llevara quién sabe adónde, ella misma caminando por la repechante calle adoquinada en dirección a su trabajo, su estudio o la propia interrogante de su figura pequeña y delgada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como solía suceder con cualquiera de los parroquianos, Joaquín dejó de asistir al boliche por algún tiempo que dura hasta hoy. Sabía que no había vuelto a ver a la muchacha y esto, en parte, me tranquilizaba por ambos. Alguien averiguó que ella estudiaba Antropología. “Eso ya es algo”, pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo otro me había empezado a quitar horas de sueño: ¿por qué ella se fijó en un tipo como Joaquín? Lo especial, lo singular, no eran su sello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevamente fue Vidal el Cristo que me escuchó. Le palmeé el hombro y él no dejó de darle los toques finales a una acuarela: la calle, nuestra calle que se perdía en las rocas de la costa, con su recuerdo de pescadores y casas que ya no estaban. Vidal se empeñaba en retocar una de las fachadas de los dos edificios que intentaban, desde hacía unos meses, hacer crecer la cuadra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hace tres horas que estoy aquí-hablé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y yo me quedaré tres horas más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La muchacha se sentiría sola… - largué, con un claro e inocultable interés-. Entonces la equivocada era ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podría ser- musitó Vidal, echándose contra el respaldo esterillado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo el medio cuerpo saliendo por la ventana. La vi dirigirse a la parada con paso lento y tres carpetas contra su pecho. Pensé en lo poco y nada que la podría haber unido a Joaquín; en lo poco y nada que suele unir a un ser con otro, cuando se intenta levantar sobre un hilo el edificio ilusionado de imposibles futuras convivencias; pensé en lo beneficioso de que Joaquín no hubiera regresado al boliche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, las horas y los días fueron pasando hasta que llegó la mañana aquella: la muchacha entró al boliche apenas con un “Buenos Días” a todos los que estábamos presentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nevada con filtro- pidió, cerca de un mostrador colocado unos centímetros por debajo de su cuello y la cadena de plata que lo adornaba. Se demoró buscando cambio y chistó fastidiada. Dejé mi vaso a un costado y caminé dos pasos hasta ella, con un lado de mi cuerpo pegado al mármol de la barra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El eterno problema del cambio- hablé con confianza-. ¿Cuánto te falta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella me miró desconcertada y yo esperé cualquier tipo de respuesta. Pensó unos segundos y luego muequeó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Diez pesos… que no encuentro – contestó; tomándose de la frente tapada por el cerquillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Uno siempre los tiene y no sabe donde.- Busqué en el bolsillo de mi campera y saqué una moneda que puse encima de aquel mármol con las curvas del trapo húmedo que acababan de pasar-. Ya está solucionado.- Ella miró la moneda e intentó decir algo que me encargué de que no dijera.- No hay problema. Mañana me tocará a mí y entonces puede ser que te busque o esperaré hasta verte caminando en dirección a la parada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro- dedujo ella, mirando a una de las ventanas-, desde aquí observan todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cierto. Siempre te veo caminar, venir desde “algún lugar”, con dos o tres carpetas que algún infidente aseguró que se tratan de Antropología.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Joaquín- dijo, seria y secamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Joaquín no – repliqué-. Pero Joaquín vino, tomó algo y lo notamos preocupado. A veces –agregué, cómodo de la situación que ambos vivíamos – uno no encuentra respuestas a los enigmas insoportables que lo rodean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- O se hace muchos problemas cuando en realidad no hay ninguno- intervino, segura de sí misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustaba prolongar aquella conversación, pero recordé imágenes anteriores en las que aparecía ella dirigiéndose quién sabe adónde. No tenía ganas de alterar lo que ya era cotididano, aceptado y ajeno a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Al menos tu nombre – hablé, antes de que nos despidiéramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me dicen Niana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Diana?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Niana, con “ene”. Ya no recuerdo- intentó finalizar despreocupadamente – cómo hicieron involucionar Angélica hasta llegar a Niana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En todo caso es más corto y estoy seguro que no lo voy a olvidar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y por qué lo tendrías que olvidar?- atacó ella imprevisiblemente. Creí comprender algo a Joaquín, pero recordé que antes estaba yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque otra vez te lo podré decir: “Aquí tenés diez pesos, Niana”; o “Prestame diez pesos, Niana”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de un breve “Chau”, la muchacha entró al sol de mediodía y yo seguí con mi vaso de whisky.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día no volví a casa, sino que me quedé deambulando por la parte de la rambla que me recordaba, vagamente, el antiguo pueblo de pescadores; un recuerdo que hoy no podía más que llegar a las dimensiones pequeñas del boliche, los banderines noruegos, la mandíbula de tiburón, el ancla, el timón y una foto amarillenta de un bolichero de cabello más negro y silueta menos gruesa. Me acercaron aquella foto y la observé detenidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no era pescador –rememoró el bolichero, cruzando los brazos encima del mostrador-, pero había algo que nos unía a todos por igual. Ellos se iban hasta altamar y volvían por la noche o de madrugada. No quedaron ni los botes; no quedó ni aquella posibilidad de zarpar hacia una pesca eterna. Yo recién empezaba en el boliche y esto era otra cosa. Al menos, si parte de la clientela fuera de pescadores… Pero no me quejo: vos, Vidal, Joaquín cuando venía, me recuerdan en cierta medida a los otros. Y a veces me hago la idea de que efectivamente existió un zarpaje de botes que ya no regresarán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bolichero puso otra medida en mi vaso. Me fui a sentar, esperando su regreso a la hora que fuera. Joaquín seguía sin aparecer y Vidal avisó que estaba “jodido de salud”. Así que me acomodé, pero contra el alféizar de la ventana. Aguardé las horas más allá del mediodía, la caída de la tarde y los ómnibus que volvían de la zona céntrica –entre ruidos de escapes y primeros cantos de grillos-, retornándola quizás hasta el rincón éste donde yo seguía tomando y a veces picaba alguna rodaja de longaniza; harto por momentos de mi propio empecinamiento; desnudo de ideas que me siguieran acercando a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajó del ómnibus y caminó sola cerca del cordón de la vereda, siempre sobre el adoquinado. Su imagen cobraba otra dimensión y apreté fuerte mi enésimo vaso de shisky, al que me negué que le pusieran soda. Vidal se perdía esto y a Joaquín ya no le podían quedar fuerzas para que algo le pudiera hacer retornar el interés por la existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha miró –la misma despreocupación del “Ya no recuerdo…”-hacia la ventana y se detuvo a mitad de la marcha. Alcé mi vaso disimuladamente y ella inclinó la cabeza con una sonrisa que la poca luz exterior me obligó a imaginar. Siguió caminando y se volvió a detener. Tal vez yo le quería comentar lo de Joaquín; tal vez ella recordaba que me debía diez pesos que yo no le iba a aceptar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bolichero anotó en la cuenta de la amistad y me despidió, desde el otro lado de un mostrador apoyado en el telón de fondo de la foto, el ancla, el timón, los banderines noruegos y la mandíbula abierta para un ataque que se venía demorando. Ambos oímos un ruido seco y en el sitio donde estaba la mandíbula, sólo vimos el clavo grueso que la había sostenido durante años. El bolichero recogió el recuerdo de tiburón, las fauces que acababan de cerrarse, trancándose a toda posibilidad de un ataque que ya no asestaría. Recordé que el bolichero era nieto de franceses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé si la Legión Extranjera sigue existiendo- le dije, cuando él se agachó para recoger la mandíbula y yo le hablaba a las botellas y mi propia imagen reflejada en el espejo picado del aparador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sigue existiendo, sí-escuché desde los fondos del boliche-.Creo que el Cuartel General está en Córcega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a mirar a través de la ventana. El reflejo débil de una bombita de calle caía de lleno sobre la silueta pequeña; los brazos cruzados apretando carpetas contra un pecho en el que yo no había querido pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé el boliche a mis espaldas y caminé de frente, sin argumentos, hasta donde la silueta empezaba a ser de nuevo Niana. Niana aclarándose y de regreso; Niana del cabello castaño y corto, por la calle adoquinada a la que me estaba llevando metido en la noche y hasta su sonrisa, distinta a la anterior: aquella que me prometió la vuelta que sellaban los diez pesos… o cierta historia de un tal Joaquín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viento de un otoño avanzado se dejó sentir, cuando ya estábamos cercanos a la rambla. Pensé que ella no sabía la otra historia: los pescadores que ya no volverían sino en la risa del pasado en un papel amarillo, como el whisky, las baldosas que pisaban los parroquianos o mis dedos luego de treinta años de cigarrillo, que en los últimos cinco iban acumulando sabores negros, apestosos y compañeros de reclinaciones en el alféizar de una ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hubo Joaquín ni diez pesos; no hubo cuentos de pescadores ni posibilidades de comentar una partida a la Legión Extranjera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hojeé sus libros y pasé mis manos a lo largo de dos telares mejicanos: regalo de otro Joaquín que había quedado lejos, como el que ya no aparecía en el boliche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con sus ojos verdes oleándome confesiones de una noche-amargamente silenciosa- mi hizo entender que ya no quería compañías para siempre. Destendió la cama y supuse que ya antes Joaquín había conocido el rosa estampado de las sábanas; el perfume que su pelo dejaba en la almohada; la resignación buscada, ante otra mañana que solía llenar con ella misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos, sus años – traducidos en la tersura de los brazos-, me atrajeron a la región donde ya no podían existir preguntas y respuestas, historias y leyendas. Sólo la madrugada de próxima distancia y acompañada en soledad; el vaso de whisky cerca de la ventana –ya sin suposiciones-y su andar despreocupado en dirección a un ómnibus que la llevaría en vueltas hasta donde se perdía una ciudad que yo iba olvidando de a poco; trayéndola de regreso a sus sábanas y a la boca de algún otro Joaquín que ella –con dos dedos en los labios del hombre –se encargaría de acallar, borrando ilusiones de una historia duradera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El penúltimo día que pisé el boliche no hablé con casi nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas un nuevo cliente que se acercó a mí, saludándome con un apretón de manos. Era joven y también venía de algún lugar necesariamente abandonado. No le pregunté su nombre y sólo me bastó revisar su mirada, para comprender lo que era preferible, luego, matar con el siguiente sorbo de whisky.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo me llegaron las preguntas susurradas del muchacho, cuando se arrimó a la mesa de Vidal. El acuarelista permaneció con la cabeza gacha, inmerso en la única respuesta que podía dar; la que fue trazando sin palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo el delinear una calle adoquinada; una silueta llevando entre los brazos pena, temor, dureza o carpetas, seguida por los trazos difusos que tal vez evocaran el comienzo de todo: los cigarrillos, la sonrisa, los diez pesos que no encontraba, no tenía o había ocultado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-5432535740779405302?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/5432535740779405302/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=5432535740779405302&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5432535740779405302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5432535740779405302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/10/la-corta-historia-de-joaquin.html' title='La corta historia de Joaquín'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-_3gNQ2qeUQk/TqHQoDpaY6I/AAAAAAAAFVY/Jt6ReEXwQeI/s72-c/NIANA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-6483651025973729187</id><published>2011-10-13T11:12:00.002-02:00</published><updated>2011-10-13T11:14:19.602-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>Fin de fiesta</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-4mkflLdpQ3Q/TpbkIduDh9I/AAAAAAAAFO0/tvVXJnRfl-c/s1600/fin%2Bde%2Bfiesta%2B2.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 297px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-4mkflLdpQ3Q/TpbkIduDh9I/AAAAAAAAFO0/tvVXJnRfl-c/s400/fin%2Bde%2Bfiesta%2B2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662964415532861394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;a A.R.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hubo una calle a la que cruzaron – como un arcoíris refulgente bajo la noche- las tres luces de los semáforos, la pesadez de los camiones al dejar las fábricas – que luego sólo guardaron los ecos de la tarde-, al andar sin rumbo de autos que no volvieron y un caminar de gente que partía a la vida, retornando de soledades por fin abandonadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero también hubo una calle desierta, apenas iluminada por el titilar de constelaciones que descendían hasta los techos de las casas pequeñas, en aquel barrio lejano y silencioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ellos caminaban intercambiando sonrisas, miradas y un beso, vacío de sufrimientos. Llevaban consigo el recuerdo próximo de los saludos, las copas, la trascendencia fugaz de momentos que ahora sólo eran imágenes, proyecciones al pasado, distante apenas unas horas de ese caminar lento, abrazado y solitario; un caminar que a veces los transportaba bajo las ramas de los árboles que de nuevo dejaban mostrar los latidos nacientes de la primavera, el frotar de un grillo dialogando con lo que parecía eternizarse a lo largo de horas sin principio, horas que ya no necesitaban de un fin. Entonces, él renovó la fuerza de su abrazo, volviendo a disfrutar los pliegues de la vida, los pocos encajes insinuando las formas, los contornos, el relieve en movimiento de la mujer. La evocación de ambos-que no necesitaba de palabras, adjetivos o exclamaciones- se seguía sucediendo como un carrusel que apenas anticipaba la última vuelta, las botellas vacías rodando por el césped de un jardín desconocido, las miradas instantáneas que ahora subsistían a sus espaldas, la propia mujer vestida de un encantamiento que él no habría podido encontrar, sino en aquello para lo que era difícil hallar un nombre. Y caminaron, siguieron caminando e intercambiando besos, miradas, una sonrisa luciendo eternidades, como el vestido bajo el que la mujer recordaba sus formas, sus deseos confiados a la calle sin luces, a la madrugada y a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pensé en el lugar aquel adonde levantaríamos la casa y al que llegaríamos luego de quince minutos de lancha. Me acordé que hay miles de pequeños, medianos y grandes lugares como ese. Lo pensé hoy, cuando nos fuimos al balcón y yo descorché la botella que pude rescatar de una de las mesas. Te lo iba a comentar cuando brindamos… ¡pero brindamos tantas y tantas veces!... Y se fijaban en tu vestido, tu piel, las sonrisas que me regalabas a cada nuevo llenarte la copa; y yo pensaba que en esos momentos tú les pertenecías un poco. Por eso lo del pensamiento puesto en la casa que habíamos proyectado juntos, las puestas de sol, las veladas de música y libros… que no podrían ser veladas completas sin ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue cuando se insinuó la posibilidad bajo los árboles o en el siguiente jardín por descubrir. Ella dejó sentir más intensamente el perfume de su frente contra la hombrera del saco azul. No quiso mencionar el otro sueño ni recordar su cama bien tendida ni los resplandores plateados que venían de afuera, tamizándose en los cortinados inmóviles, perfumados sólo cuando ella los descorría en las mañanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, yo también pensé en el imposible de que esta noche fuera seguida de otra noche y así hasta siempre, en una sucesión de oscuridades que me obligaran a aferrarme de tu brazo sin dejar la luz y amando sin objetividad toda nuestra existencia solitaria, porque no necesitaríamos de nadie más…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El encendió un cigarrillo, siempre renovando el abrazo, el sentimiento de considerarla suya, sin querer pisar la frontera entre lo que vivía y donde empezaban a aventurarse los posibles distanciamientos, las posibles pérdidas… Porque ya estaban llegando a la otra calle – igualmente oscura a la que pronto dejarían – y luego él volvería a caminar por ésta con las manos en los bolsillos, el saco sobre el hombro, la mirada y los pasos arrastrándose por el asfalto, en el intento de redescubrir, aprehender sensaciones de besos a lo largo de una constelación única e infinita; lo devolvería sobre la tierra, sobre las calles y por entre los árboles, todavía más pequeño. Y la recorrería una y otra vez –la sonrisa sin decidirse-, porque la constelación le hablaba de un último abrazo; le hablaba de pensamientos puestos en un rincón lejano- y cercano por el deseo y una lancha-, cuando por fin estuvieron a pocos metros de la casa, donde la cama aguardaría tendida el peso caliente y tembloroso de la mujer; le hablaba de la corrida casi murmurada de esa mujer, rumbo al rincón prohibido que le reservaba la noche. Sí, una y otra vez vio la necesidad de recorrer la constelación, porque ella representó la perfecta línea de los labios, el polvo lácteo que le retornaba las ondulaciones del cabello singularmente centelleante, la ausencia del vestido, los encajes, donde ahora él podía corroborar las curvas exactas que antes habían sido una cercana posibilidad de palpar y abrazar para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó para nunca más un último recorrido, aceptando su propio caminar sin rumbo, el carrusel ya detenido decretando la mañana indeclinable, decretando un ya olvidado fin de fiesta. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-6483651025973729187?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/6483651025973729187/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=6483651025973729187&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/6483651025973729187'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/6483651025973729187'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/10/fin-de-fiesta.html' title='Fin de fiesta'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-4mkflLdpQ3Q/TpbkIduDh9I/AAAAAAAAFO0/tvVXJnRfl-c/s72-c/fin%2Bde%2Bfiesta%2B2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-7268517232601654775</id><published>2011-09-27T11:51:00.002-03:00</published><updated>2011-09-27T11:55:26.365-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>La primavera más allá de la ciudad.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-LbQPbz1I_cw/ToHjxLqxhAI/AAAAAAAAFE0/ZIZz1UNGEOE/s1600/arq-futurista_antonio-santelia-la-citta-nuova-1914-1.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 262px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-LbQPbz1I_cw/ToHjxLqxhAI/AAAAAAAAFE0/ZIZz1UNGEOE/s400/arq-futurista_antonio-santelia-la-citta-nuova-1914-1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5657053041039344642" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Aquello era el pasado,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El presente estaba abajo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sólo Dios sabe dónde estará el futuro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;D. H. LAWRENCE.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora llueve casi todos los días.&lt;br /&gt;Indiferencia de gotas cayendo pesadas sobre un cajón, un papel, un abrigo.&lt;br /&gt;Bajo el cielo manchado de diferentes grises, dos hombres de la Administración levantan una plancha de granito. El agujero ahogado de sombra recibe a uno más de los pocos privilegiados que han tenido la suerte de elegir: panteón familiar o incineración; no importa averiguar cuál es la diferencia. Lo que sí importa es que, en todo caso, cerró los ojos con la secreta esperanza de que yo no le fallara. Porque veinte años atrás me vino con la noticia inesperada: escribir un largo poema hasta ese día que es hoy, y que ninguno de los dos pudimos prever. Pero allí están los siete mil y un tantos versos, repartidos en tres paquetes que ubiqué en un rincón de mi biblioteca.&lt;br /&gt;“¿Será difícil mantener la misma fuerza inspiradora hasta el último momento?”&lt;br /&gt;El montón de versos y yo nos tendremos que buscar otro sitio; el documento que la lluvia alcanzó con tres gotas es muy claro: “Matrimonio ANULADO. Plazo para abandonar la casa: 12 (doce) horas”. Levanto las solapas de mi sobretodo y camino apurado por entre columnas de neones que de vez en cuando se prenden, cuando la cerrazón juega a armar breves noches en el decurso impreciso de la mañana. Al menos estas horas que me quedan en el hogar las pasaré solo. Mi flamante ex – mujer está en sus clases de rejuvenecimiento prematuro; mis hijos hace tiempo que se casaron y viven en la Parte Nueva de la ciudad: grupos habitacionales que la Administración mandó construir no hace mucho tiempo para sus funcionarios más jóvenes. El Gran Predio está dividido entre los edificios oficiales, los comercios, cines, teatros y plazas, y las viviendas particulares en donde vivimos todos aquellos que pertenecimos al aparato gubernamental. La Parte Vieja sigue albergando las dos construcciones más importantes: la ADMINISTRACION, propiamente dicha, y la Central de Informática, donde se procesa todo y un grupo de computadoras ha pasado a suplir los antiguos ministerios, aunque existen funcionarios encargados de alimentar constantemente la llamada Terminal Ministerial. Uno de esos hombres es el que yo despedí, sin palabras; tan sólo la lealtad del silencio y recordando que hace dos días él me había dicho que yo no podría seguir, per que el poema estaba concluido.&lt;br /&gt;Es difícil detectar dónde exactamente la ciudad toca a su fin, porque en las dos últimas décadas se le unieron tres urbanizaciones que antes fueron ciudades pequeñas y todo empezó a extenderse a Este y Oeste, con lo que desapareció un gran predio boscoso, quedando otro, hoy más pequeño, llamado Padrón Clásico. La Centra de Informática posee un registro de todas aquellas casas, aparte de los datos correspondientes a los pocos habitantes que viven allá. Pero todo tiene que ser reprocesado, me dijeron hace algunas horas, porque los elementos más viejos acaban de morir, y sólo queda una persona viviendo en una de esas casas: la destinataria de ese largo poema que ahora guardo en la única valija que me llevo. Y mientras dejo el que fue mi hogar, pienso en mi casi medio siglo y pienso también en ese otro privilegio de haber permanecido en el Padrón Clásico, sin ser molestado; privilegio del anonimato de esa zona casi olvidada y absolutamente prohibida para la mayoría de quienes viven en esta ciudad… Y antes de irme cumplí con la rutina de dejar una fotocopia del recibo de anulación del matrimonio, en el lado de la cama perteneciente a mi ex – mujer, lo pegué con cinta plástica sobre su almohada.&lt;br /&gt;Lo positivo de todo este asunto es que el conflicto de mi casa coincide con mi Retiro de la Administración, y en caso de estar solo la Terminal de Vivienda autoriza a que nosotros, los Retirados, elijamos el lugar donde acabar nuestros días. Por supuesto que la posibilidad de elección no es para cualquiera; por supuesto que nadie elige el Padrón Clásico, por considerarlo una especie de páramo o fantasma de la Villa que alguna vez fue. En el interior del país el asunto es más difícil: la campaña está dividida en granjas, y en los cascos de las antiguas estancias –hoy desaparecidas- funciona una sucursal de la Central de Informática que se encarga de supervisar la denominada Parte Agrícola; aquí también tiene su centro de acción la División Demolición-Reconstrucción-Demolición, que se practica  con los viejos caseríos antes de proseguir con su tarea sistemática de echar abajo los pocos edificios que van quedando en la Parte Vieja, construidos muchos de ellos a principios del siglo pasado. “Tecnología en Comunidad”, es como llaman ciertas potencias a este plan destinado a desarrollar los países “en expansión” como éste. Una forma de unir esfuerzos; una forma de olvidar la guerra que al fin no vino, si bien los misiles quedaron allí, clavados en las fronteras; herrumbrándose; apuntando a ese plomo abovedado en donde es casi imposible aventurar amaneceres o constelaciones.&lt;br /&gt;“En el caso de perturbación mental por anulación de sociedad conyugal, dirigirse a uno de los Bares Disipatorios más próximos a su circuito.”&lt;br /&gt;Como Retirado de la Administración tengo la libertad de elegir el sufrimiento, la pesadilla, el consuelo en la soledad, o de lo contrario tomarme una de esas bebidas que preparan en los Bares Disipatorios. El líquido de color indefinido es obligatorio para los Anulados que no pertenecen al Bunker administrativo; yo prefiero llevarme los sufrimientos, como me llevo todo ese poema del que no leí ni una palabra. Mi amigo lo fue escribiendo cuando ella ya no estaba en su vida. Las causas de la separación no importan tanto, en todo caso lo singular fue la persistencia de la escritura: un verso dedicado a la mujer que renacía de su pulso, en los giros de la lapicera y en los golpes que iban crucificando en el papel, el ritmo de los pensamientos; una imagen cotidiana durante veinte años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El auto oficial me lleva al fin de la ciudad. Releo los datos que él dejó para mí, celosamente guardados en la Central de Informática, para ser retirados una vez que se cumplieran sus exequias. Y la letra condensada va formando palabras, frases que lentamente reorganizan otra mañana bajo la que “ella cultiva jazmines y rosas. Empezó no hace mucho y me regaló uno de aquellos jazmines: el primero que floreció en la terraa, junto a  su dormitorio”. El condensamiento  computarizado también hace referencia a una gata que se plegaba a los deseos de la mujer “de estar allí, sentada en el banco de plaza, de frente a los bosques que se extienden a los fondos de la casa”.&lt;br /&gt;El motor se detiene frente a la vivienda que elegí, de las tantas que agonizan en el Padrón Clásico. Es de las más chicas, pero igual surge o se hunde en esa maleza por encima de la que se ven los tejados desprendiéndose de a poco. Sucede así o con la mayoría de techos bajo los que casi nadie vive.&lt;br /&gt;El chofer-de los tantos de la Administración- me entrega el letrero de acrílico escrito con la palabra “RETIRADO”; lo tengo que colgar en “lugar visible”.&lt;br /&gt;Abro el portoncito y juego con la llave de la puerta entre dos dedos. Seguramente el auto ya dobló por lo que primero es avenida olvidada, luego naciente autopista ensanchándose, para finalmente bifurcarse en viaductos que se entrelazan al costado de las torres comunitarias de la Parte Nueva.&lt;br /&gt;“…porque es casi rubia y tiene los ojos verdes, si bien se tornan amarillentos cuando es de madrugada y le viene sueño. En otras noches, los dos nos quedamos buscando discos: a veces son viejas melodías que nos ponemos a bailar.”&lt;br /&gt;Ella preparaba algo de comer; le daba forma a una cena de otro tiempo: madrugada de calor bajo una recordable luna surgiendo nítida entre los eucaliptales… De todo eso hace veinte años, cuando ahora acondiciono parte de la casa y pienso cómo y cuándo entregar esos miles de versos. Y me pregunto qué me quedará por hacer después, en un mundo del que estoy “retirado”; aunque prefiero esa incertidumbre a quedarme en la ciudad, con sus espectáculos culturales” que hace tiempo están comprometidos con el “Arte cibernético-Administrativo”.&lt;br /&gt;“Caminando por la pendiente que lleva a su casa, apuraba el paso con la secreta ilusión de reencontrarla primero en las flores, luego en aquella gata estirando su silencio sobre la pollera a cuadros.”&lt;br /&gt;Esa pollera…Me detengo a pensar en las imágenes pasadas, suponiendo las futuras: realidad de casa semiderruida, ya sin perfumes ni suavidades. Por eso preferí llamarla por teléfono antes de estar aquí, calculando lo que pudo haber sido el jardín, la vida de ambos con sonrisas de media tarde y tibiezas de una mano buscando la otra.&lt;br /&gt;Mintiendo premuras por instalarme, dejé los tres paquetes sobre un banco de piedra colocado a un costado del camino interior que lleva a su casa, y regresé a la calle, todavía mojada de la lluvia que se había descolgado por la mañana. Pero las nubes se volvían a amontonar de manera lenta cuando, doblando una esquina de muros agrietados, divisé a lo lejos los tejados de mi nueva vivienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado tres meses.&lt;br /&gt;Para lo  único que voy a la ciudad es para cobrar mis haberes de “Retirado”.&lt;br /&gt;Cuando cesa la lluvia aprovecho la tranquilidad del porche, en donde leo algún libro de mi juventud. Suponiendo crepúsculos tras los nubarrones, me preparo una taza de té y entre sorbo y sorbo observo a lo lejos la confluencia de esquinas que no dobla nadie; los tejados opacos que se siguen cayendo. Ciertas formas de árboles se mecen como empujadas por el lamento de la brisa, y desde el alero trato de rememorar viejas presencias de plantas y de pájaros. Trato de rememorar a qué hora estuve dormido, cuando alguien dejó un paquete al pie de mi puerta.&lt;br /&gt;Y pasaron tres meses más en los que he venido leyendo cartas y amontonando, en la ciudad, jubilaciones que ya no me interesan tanto como saber que un hombre le escribió a la muchacha de hace veinte años… hablándole de mí, de mis gustos y hasta de este crepúsculo futuro en donde apoyo los codos sobre la baranda del porche, detectando con cierto nerviosismo un cambio que se da en el ambiente; un resurgimiento de manifestaciones que los que me siguieron sólo llegaron a conocer a través de los datos climáticos que figuran procesados en la Terminal Meteorológica, en esos largos rollos de papel computarizado. Pero ahora me importa que esos últimos rayos naranjas penetren el verde renacido de un bosque repoblado de aromas y piares; me importa seguir escuchando esa música que viene de algún lado y que quebró el silencio de las construcciones vacías.&lt;br /&gt;Entre visiones de santarritas teloneando las esquinas y brisas llevándose las nubes al Oeste, vuelvo a poner la mesa en el porche, mi taza de té y el almanaque señalando un íntimo advenimiento: 21 de setiembre de 2005. Antes de tomar asiento, mi casi medio siglo se yergue para mirar a lo lejos, correspondiendo al saludo de la figura que se acerca al parecer con una maceta bajo el brazo… Pero no me importan los detalles –la silueta felina siguiendo a la mujer unos pasos atrás; lo que vuelve a ser murmullo de las enramadas y triángulo de golondrinas esteleando el día.;  me basta con el conjunto que resplandece tan cerca de la primavera y mi hogar; tan lejos de esa ciudad a la que no rememoraremos cuando intercambiemos las primeras cartas comentando la paz de este día en el que buscaremos un lugar para la flor, un ovillo para la gata, un lugar en las calles de eucaliptus, en donde seguramente volveremos a descubrir la luna entre destellos constelados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;(*)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Este cuento se hizo acreedor del Segundo Premio en el Concurso organizado en 1986 por el Club de Leones de Montevideo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-7268517232601654775?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/7268517232601654775/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=7268517232601654775&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7268517232601654775'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7268517232601654775'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/09/la-primavera-mas-alla-de-la-ciudad.html' title='La primavera más allá de la ciudad.'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-LbQPbz1I_cw/ToHjxLqxhAI/AAAAAAAAFE0/ZIZz1UNGEOE/s72-c/arq-futurista_antonio-santelia-la-citta-nuova-1914-1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-7619899246366269033</id><published>2011-09-20T16:07:00.003-03:00</published><updated>2011-09-20T16:47:58.408-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>El acompañante</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-708t9hlkVgk/Tnjt55ARFnI/AAAAAAAAFCM/R6LDdMlPy3I/s1600/pintura-mujer-cubana.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 338px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-708t9hlkVgk/Tnjt55ARFnI/AAAAAAAAFCM/R6LDdMlPy3I/s400/pintura-mujer-cubana.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5654530910973924978" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: right; font-style: italic;"&gt;Tú mi dolor y tú mi vana espera.&lt;br /&gt;APOLLINAIRE&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Nos conocimos hace tiempo.&lt;br /&gt;Con resplandores violáceos ascendiendo desde los zócalos, vasos de diferentes tamaños, diseños y bebidas, y cierta reverberancia de The Police -ganando penumbra de rincones y parejas- su silueta llegó hasta mí. Poco después su invitación de bajar a la playa pese al invierno. Daba vueltas cerca de la orilla, mirándome por momentos desde la espuma pesada y sucia de la que se alejaba con dos pasos de costado. Retornó negando algo- que yo ignoraba - con un chistido sonriente. Se agarró de mi brazo: "Vamos a volver a esa fiesta".&lt;br /&gt;Mis llamadas telefónicas se fueron sumando, como también los intentos de aproximación en un comienzo frustrados, las citas postergadas. Un día, sin embargo, el llamado fui yo: "Amoroso, te invito a almorzar a casa. Anotá la dirección". Y a ese almuerzo le sucedieron otros. en uno de ellos la copa de vino se sustituyó por la de champagne. Puso una mano en mi hombre, se paró irguiendo toda su figura -reminiscente de una primera y lejana impresión-, volcó un poco del Laurent Perrier sobre mi cambeza y con pocas palabras me ungió su acompañante.&lt;br /&gt;Los fines de semana empezaron a llegar por su cuenta, anunciados con voz dulce y orden de que ese sábado estuviera temprano de la tarde. Así, paulatinamente, fui desestimando invitaciones de mis amigos y una madrugada escribí la renuncia a mi empleo: tocando con un pie esa valija, de poca ropa, con la que cualquiera deja la casa paterna para comenzar de nuevo; impulsando el tecleo con el recuerdo de otras palabras: "Tú no necesitás ese bodrio de seis horas leyendo y corrigiendo no se qué. Me tenés a mí, ¿no?" Sí, era cierto. Sobre todo en la actitud de permitirme penetrar, cooperando, en esa ceremonia vedada a la mayoría de los hombres cuando la luz natural todavía declina, precediendo el artificio de una nueva disipación. Porque abro las dos canillas dejando que la bañera se cubra de vapores, entre los que esparzo las sales con silente unción. Luego quito el jabón del envoltorio y acomodo las dos toallas. Finalmente le aviso que todo está pronto; y me acostumbré a su andar cautivante bajo la salida de baño, blanca y de ribetes dorados.&lt;br /&gt;Mientras se baña no hago más que ordenar los implementos de maquillaje, los perfumes y las alhajas junto al espejo ovalado del toilette. Ella se aparece de improviso - el pelo llovido, la salida húmeda delineando la esbeltez - y entonces tomo asiento a su lado. Observosu fulso firme llevando la línea del rimmel; los labios entreabiertos realzándose con el caoba o mate, el rosado fuerte o el rojo -clásico y siempre vigente-; el colorete que va naciendo de los círculos que ella frota contra las mejillas. No hace falta adivinar que después girará noventa grados desde su banqueta, dejando un pie en punta sobre la moquette, una parte del rostro apoyada en la mano de dedos largos y uñas todavía sin esmaltar: hay que pensar en su vestimenta. Y súbitamente me echa una mirada interrogadora. Podría ser el vestido de chiffon, los guantes de encaje negro, las sandalias italianas; o el foulard de gasa recogiéndole el cabello por debajo (me gusta observarla cuando se lo anuda: los brazos extendidos hacia arriba, el gesto agresivamente atento a las traiciones de cualquier espejo) con la solera de jersey y el écharpe haciendo juego. A propósito, antes me movía el respeto de dejarla sola vistiéndose; pero una noche, con un "Esperá", me pidió que me quedara para alcanzarle un par de mitones de algodón. En otra oportunidad fueron las medias con costura -por humilde sugerencia mía- hasta ese sombrero con tu que entre los dos, riéndonos, logramos que quedara sugestivo ladeándole el rostro.&lt;br /&gt;En mi caso todo se soluciona más rápido (no sé si será rapidez o simpleza masculina hasta el modo de vestir): conforme nos acercamos al verano ella porfía con que me ponga los pantalones blancos, el saco azul y los zapatos de lona. "Ninguna loca de esas se aburre nunca de ver a un tipo vestido así", me aseguró una vez, con expresión que no admitía réplicas. el smoking negro -regalo de ella: se apareció con él una mañana, recordándome que cumplíamos aniversario de conocidos-no se descarta en caso de que los anfitriones sean excéntricos o peque de europeístas.&lt;br /&gt;Resta llamar un taxi; gastar algunos minutos buscando la invitación que ella no sabe si olvidó en el apartamento, más cuando se embarca en la aventura riesgosa y femenina de cambiar todas las pertenencias de una cartera a otra. Y todavía queda algo por resolver, porque se echa contra mí y me habla al oído mientras me acomoda las ya acomodadas solapas del saco: "¿Qué nombre te gustaría hoy?" Yo sonrío, pienso, de cara a las rayas luminosas que ondean junto a mi ventanilla. Siempre se me ocurrieron nombres que para mí resultan sofisticados... Pero esa noche me agarraban poco creativo, si bien "Roxanne" me recuerda una canción y no sonaba mal a ella.&lt;br /&gt;Se apartó de mí -mirando hacia el techo de tapiz viejo del 220 D- y moduló en voz baja, casi maliciosamente: "Roxanne...".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rueda metálica girando sus seis spots sobre tubos de luz negra, golpes de flashes y rayos láser cortando atmósferas de perfiles, humo y brillos alcohólicos. Las primeras miradas dirigiéndose a "Roxanne" y ella codeándome tentada. Siempre lo mismo. Y a una guiñada suya comprendo que tenemos que romper filas: alguien -con cara de infalible- se viene acercando y yo me repliego contra una pared, agitando los hielos de ese whisky que una sombra me hizo llegar. Tomo despacio; pensando en lo único -¿lo más importante?- que conozco de "Roxanne": su presente; buscándola con disimulo hasta descubrirla con su mentón -que el tul sugiere- descansando en la hombrera anónima. La mano enguantada deja alzar un índice en señal de que me ha visto. Después, juntando fuerzas, acepto la invitación de la muchacha que se acerca, empujada a mí por la voz de Cyndi Lauper. Bailamos... y no me opongo cuando me conducen a lugares ocultos adonde la música llega con dificultad; conformándome cada vez menos con amar la espontaneidad de los pocos minutos.&lt;br /&gt;La muchacha desaparece, como desaparece "Roxanne" -con su pareja - a veces por un par de horas, a veces hasta el domingo de tarde en el que escucho las llaves girando con cansancio, su caminar acompasado a medida que se descorre el tul mostrando los restos de maquillaje. Casi arranca sus caravanas, descalzándose despaciosamente al pisar la moquette de su cuarto, en donde duermo cuando tengo la certeza de que no regresará; en donde me pregunto qué es lo que les dice a sus elegidos, para que ellos se dejen llevar tan dulcemente.&lt;br /&gt;Entre semana se dedica a sus alumnas de gimnasia jazz y a la contabilidad hogareña; supermercado y algún objeto decorativo quedan por mi cuenta. Y de vez en cuando la televisión acierta con una buena película que la hace recostarse contra mí, aunque jamás sabe los finales porque a la hora está dormida, pegada a mi pecho. La observo natural e inocente en el buzo de lana apelotonada, las medias can-can, las zapatillas de media punta que utiliza de entre casa. Limpia en la ausencia de esmaletes y pintura; apenas un toque perfumado que me hace acercar a su cuello, acariciarle el cabello despeinado y minalmente llevarla a su cama, desnudándola y corriendo la sábana hasta un poco más arriba del busto.&lt;br /&gt;Como otras veces enciendo el cigarro, agarro el diario y me voy al living. Meto el casette en el compacto y allí surge Sting y &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El sueño de las Tortugas Azules&lt;/span&gt; con el que me siento en el sofá, junto a la lámpara que arroja sus cuarenta voltios sobre la noticia que releo cuando estoy solo; la foto que automáticamente me hace pensar en la próxima fiesta, con creciente tristeza e impotencia, con lágrima que no puedo detener en su recorrido incómodo, delator.&lt;br /&gt;Porque ella duerme sin soñar con el siguiente elegido. Incógnita a develarse dentro de algunos días que nos seguirán aproximando al verano, de fiesta y luego playa en donde la mujer -rebautizada por mí- se dejará amar con verdadera ternura; con eso que yo imagino desde la perfecta sensación de lejanía que se sugre al obesrvar siempre, admirando el silencio.&lt;br /&gt;Sólo mi solitaria responsabilidad -bajo luces de de colores, vaso de whisky y pocas ganas de bailar- de ser el eterno acompañante.&lt;br /&gt;Seguro que no será mi foto la que estará ilustrando la próxima noticia de que otro cuerpo -de última expresión placentera- apareció semienterrado en la arena, con la marca de dos guantes -de encaje perfumado- que no se cerrarán jamás alrededor de mi cuello.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-7619899246366269033?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/7619899246366269033/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=7619899246366269033&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7619899246366269033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7619899246366269033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/09/el-acompanante.html' title='El acompañante'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-708t9hlkVgk/Tnjt55ARFnI/AAAAAAAAFCM/R6LDdMlPy3I/s72-c/pintura-mujer-cubana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-1625242122255560057</id><published>2011-09-12T18:14:00.002-03:00</published><updated>2011-09-12T18:18:02.518-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Entrevistas y Charlas'/><title type='text'>Juana Siempre Juana</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-HCBk0-SO50k/Tm528MoG8CI/AAAAAAAAE6s/jftNROxapzU/s1600/JUANA%2BSIEMPRE%2BJUANA.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 290px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-HCBk0-SO50k/Tm528MoG8CI/AAAAAAAAE6s/jftNROxapzU/s400/JUANA%2BSIEMPRE%2BJUANA.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651585358950232098" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Viernes 16, 19 y 30, Sala Mario Benedetti (AGADU- Canelones 1122) – Presentación de “Juana siempre Juana” de Susana Boéchat. Presentan Carlos Marenales, &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Guillermo  Lopetegui,&lt;/span&gt; Glenia Eyherabide y Nina Thürler. Música con el piano de Rubén Ferrari. Se cerrará con un brindis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Invitan Instituto Amigos del Libro Argentino y Americano (IALAYA), Sociedad Argentina para el Intercambio Literario con el Exterior (SAILE), Gente de Letras de Argentina, Grupo Cultural la Tertulia y Casa de los Escritores del Uruguay.&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-vWsruPEFDzM/Tm52eHxIi_I/AAAAAAAAE6k/hpxjT0bgqZA/s1600/ce.png"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 130px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-vWsruPEFDzM/Tm52eHxIi_I/AAAAAAAAE6k/hpxjT0bgqZA/s400/ce.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5651584842249833458" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-1625242122255560057?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/1625242122255560057/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=1625242122255560057&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1625242122255560057'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1625242122255560057'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/09/juana-siempre-juana.html' title='Juana Siempre Juana'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-HCBk0-SO50k/Tm528MoG8CI/AAAAAAAAE6s/jftNROxapzU/s72-c/JUANA%2BSIEMPRE%2BJUANA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-344080107084709532</id><published>2011-09-06T10:05:00.002-03:00</published><updated>2011-09-06T10:11:35.937-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>Palacio Salvo.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-wEPTIGRWbPM/TmYb9oC8YSI/AAAAAAAAE3U/9wvNouvcFUc/s1600/entramosalsalvo_estonoestabien.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 287px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-wEPTIGRWbPM/TmYb9oC8YSI/AAAAAAAAE3U/9wvNouvcFUc/s400/entramosalsalvo_estonoestabien.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5649233528118599970" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acabaron poniendo barreras hasta el medio de la avenida y por la calle Andes al sur. Sí, tarde o temprano se va a venir abajo; pedacito por pedacito, en un mes o diez días, pero se viene abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre el otro cuerpo él deja de besar, morder, acariciar; no escucha el clásico “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Apretame fuerte&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre  el otro cuerpo él estira su cuello a todo lo que puede y alza la mirada más allá de la terraza: sabe que está allí enfrente; que primero serán pedazos de mampostería desde los arcos a las ventanas, hasta que un buen día…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelve a escuchar el “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Apretame fuerte&lt;/span&gt;” y junta voluntades para besar, morder, acariciar de nuevo. Y así todos los fines de semana. El anterior había sido similar aunque el rostro, el cabello, los ojos, la voz, todo fuera distinto; igualdades conformadas por otros momentos y nombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Venite para acá. Tengo una amiga que te quiere conocer. Es muy mona, más que Chunga, y estoy segura de que se van a entender. No demores.&lt;/span&gt;” Entonces dejó su incierto deseo de ir a la casa de un viejo amigo al que hacía tiempo, mucho tiempo que no veía; entonces no habría evocaciones en un parque; conversaciones retrotrayendo la adolescencia; la vuelta de nombres femeninos que ya no se pronunciaban. No. El amigo y los planes quedarían postergados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pensó que en todo caso esto era mejor que pasarse hablando de los acontecimientos pasados. No era desechable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lucy salió con un amigo, así que me dejó de dueña de casa&lt;/span&gt;” El fin de semana anterior, las palabras habían sido: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lucy salió con un amigo. Me dijo que utilicemos la cocina, el living.. bueno: ¡todo!&lt;/span&gt; “ Aquello fue más directo; la voz era menos aguda y ella menos atractiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomar café, jugar a las cartas, hablar de numerología, de la tercera guerra, del trabajo, del feminismo; luego prender el pasacasete y el inevitable tema de la música disco en contraposición con el canto popular y la inevitable invitación a raíz de “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Este tema me gusta, ¿vamos a bailarlo?&lt;/span&gt;” Sí, claro, ¿por qué no? De lo contrario, ¿qué sentido tendría este otro fin de semana tan poco diferente al anterior; a excepción de que tú sos morocha, algo más alta, con los pechos más desarrollados, con tu interés por la numerología, el peligro de la guerra y el próximo tablado; por tu caminar esbelto y ese cigarrillo que prendés con la colilla del otro?... Sí, claro que vamos a bailar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella estrujó en una mano una caja de cigarrillos y la tiró en el tarro forrado con cualquiera de los suplementos dominicales de siete días atrás. Volvíó al living con dos vasos llenos de hielo y alcohol, tomó un sorbo del suyo, lo rodeó con sus brazos por detrás de la nuca y lo miró por algunos segundos, para luego amagar a dejar un primer mordiscón en el cuello salpicado del infalible “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;pour hommes&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bailaron junto al ventanal. El torció la mirada, el camino que sabía adónde los conduciría; amenguó la intensidad, la conocida y tantas veces experimentada intensidad del momento, para detener sus ojos en la perspectiva monolítica de la otra cuadra, la que iniciaba las muchas veredas de galerías enormes y desiertas, resplandores sonoros bajando de los juegos electrónicos, bares de poca gente y precios remarcados de la avenida principal. Recorrió cada uno de los pisos, descubriendo fisuras que antes no estaban; pedazos de mampostería a punto de desprenderse. El primero, el sexto, el noveno, el trigésimo hasta allá, casi donde comienzan los miradores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Si todo se viniera abajo, los escombros y el polvo subirían hasta el décimo piso de este edificio y…&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trató de recordar cuándo se había iniciado esto; cuál fue el primer fin de semana: cómo se llamaba la primera muchacha que luego no volvió a ver; cómo se llamaría la siguiente y cuándo terminaría todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acercó su rostro a la oreja de quien era mucho más linda que Chunga y consideró que la cuota con el baile ya estaba cumplida. Entonces comenzó a suceder allí mismo, entre el sofá y la mesa ratona, sobre la alfombra de motivos florales. Días atrás, el lugar había sido la cocina, como también el asunto llegó a desarrollarse en la cama de Lucy, mientras ella estaría haciendo lo propio en otra casa, en otro rincón de la ciudad, que quizá estuviese doblando la esquina o por Bulevar Artigas o cerca de 8 de Octubre o… Nunca se habían planteado cuándo pondrían punto final a “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yo voy a salir con… Así que vos venite que aquí se queda… y estoy segura de que te va encantar&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pensó que podría llegar el momento de que se sentaran frente a frente, un día de la semana cualquiera, con vasos de leche caliente y música de cámara de por medio o sin música, si es que para Lucy el Rasoumovsky No.2 era “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;un bodrio&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Apretame fuerte.&lt;/span&gt;” “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Mordeme toda.&lt;/span&gt;” “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Soy tuya.&lt;/span&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz pálida del nuevo día iluminando las vertientes del Solís, como tantas otras veces y como tenía que suceder cuando no estaba nublado; el cansancio en su cuerpo y el ardor incómodo en los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a contemplarla para luego desviar los ojos abajo, a la avenida, olvidándose de los otros labios que lo seguían recorriendo en saliva, olvidándose de los párpados entornados, el par de piernas que apretaba la cintura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prestó atención al nerviosismo sonoro, a las corridas, a las cabezas que miraban a lo alto; escuchó los primeros lamentos y estiró en cuello de a poco… Ella parecía desmayarse y él por momentos efectuaba breves movimientos con las caderas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendrían que haberse sentado frente a frente – sin leche ni Rasoumovsky – para pensar en la fecha, la hora y el cierre definitivo de todos aquellos fines de semana. Y su amiga podría estar doblando la esquina o muy lejos. Quizás ella siguiera con el vértigo de los sábados y domingos por disipar, pero entonces tendría que discar otro número, pronunciar el nombre de otro amigo y asegurarle que no quedaría defraudado con la muchacha que tenía para presentarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin se decidió a clavar la mirada donde comenzaba la cúpula, luego los miradores… Y sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha no oía los gritos, las corridas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco advirtió los escombros y el polvo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-344080107084709532?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/344080107084709532/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=344080107084709532&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/344080107084709532'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/344080107084709532'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/09/palacio-salvo.html' title='Palacio Salvo.'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-wEPTIGRWbPM/TmYb9oC8YSI/AAAAAAAAE3U/9wvNouvcFUc/s72-c/entramosalsalvo_estonoestabien.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-8401577985978151408</id><published>2011-08-27T19:20:00.003-03:00</published><updated>2011-09-05T19:23:51.080-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>Texto para una amiga, antes de París</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-n5XPxURckzQ/TlmAG_BKfJI/AAAAAAAAE1s/rk7GwajKLX4/s1600/PARIS-FRANCE-FRANCIA-RESTAURANTS-RESTAURANTES-PEINTURE-PINTURAS-ERNEST%2BDESCALS-CUADROS.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 326px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-n5XPxURckzQ/TlmAG_BKfJI/AAAAAAAAE1s/rk7GwajKLX4/s400/PARIS-FRANCE-FRANCIA-RESTAURANTS-RESTAURANTES-PEINTURE-PINTURAS-ERNEST%2BDESCALS-CUADROS.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5645684465369513106" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Obra: ERNEST DESCALS&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;A Nelsa Sans.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Difícil es reconocer en esta noche, otra cualquiera; antepasados de menguantes o último arroyito hileando desperdicios a la bocatormenta sin semáforo. Difícil trocar a junio en setiembre, convirtiendo nubarrones en definitivos efluvios que hagan más límpida la limitación del cuarto. Sin embargo, es junio con nubarrón y noche; sin embargo, suerte, es el cuarto clareándose de a poco a través de Couperin o el Passecaille en Si menor, la salamandra enrojeciendo su hierro ferruginoso, la taza con el manchón de café en el fondo y una Hermes abierta sin suponerlo, sin suponer que lenta y firmeante toca la vuelta a la otra esquina, en esta urbanización de encanto-desencanto y múltiples destinos. Volverse atrás atisbando objetos que hoy, tal vez con seguridad, sólo sigan existiendo a partir de una sonrisa o el inicio de la penúltima lágrima de la tristeza, o alegría encubierta. Despedirme entonces de los recovecos de la infancia, en donde era previsible reconocer las otras presencias. Podía ser aquel ropero que alineaba viejas formas de chiffones y lentejuelas; podía ser aquel baúl amontonando restos de un "Baile Rosa" en el carnaval desintegrado de 1911; podían ser, por qué no, los vitrales de una puerta angosta entornando policromía de jardines que se imaginaron o creyeron ver, en una tarde hace veinticinco setiembres atrás.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y es todo atrás: una interminable confitería Americana de entreluces descendiendo a la porcelana de sobrios aromas; los ángeles de la fuente perpetuando en sus sonrisas fantasías  de matrices y cabildos; el zaguán de piedra precediendo el centenario museo de maravillas, preguntas, manos pequeñas aferrándose a las otras que conocían el secreto de las vitrinas, la imposición de los arcabuces y la controversia de los lienzos dimensionando el propio sentir, desprovisto de palabras y con tan solo pupilas que no cesaban de dilatarse ante tanta imponencia de caballos, espadas, heridos y llanuras de combates afantasmados. Y es todo atrás... Hasta ese mismo caminar redescubriendo la ciudad que indefectiblemente se fue perdiendo poco a poco, tan acompasadamente como aquellas luces en el horizonte, que evolucionan lentas hacia la boca oscura de la bahía acollarada de casas humildes, fábricas detenidas en sus chimeneas apagadas, cafetines en declive  y boliches de mármoles veteados por el empecinamiento de la amargura. Y es todo atrás... Como los tantos besos finales que despidieron -una mañana de avenida, o bajo las gaviotas de la Punta Brava en las tardes que no tuvieron noche- a los rostros que posteriores días fueron destiñendo en la precaria tela que trazó lo que sí, sucedió alguna vez... pero ya no.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así entonces ese retorno a lo que es calor en el cuarto de clavecín, hojasoficio, cigarrillo que se prende con la persistencia de la esperanza en el próximo día. Porque no hay vestigios de albores más allá de los visillos y llegando a la calle yaciente bajo el mercurio; asfalto abandonado entre edificios que ahora sólo cumplen con otorgar siluetas desiguales a la carencia de constelaciones que se arquea sobre los ladrillos, el cemento, la carne de alguna soledad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque es de suponer que no suceda aquí, donde Couperin cede a Frescobaldi o a la Toccata undécima en Sol que trapa las dimensiones de la pieza; donde los cuadros, los retratos y los libros justifican las paredes; donde los otros leños esperan turno para caer en la fragua cóncava, retornando en calor que haga rezumar alguna que otra imagen, alguno que otro palpitar de la jornada pasada... Porque el amanecer que viene no se avizora sino en acertijos que anticipa ese silencio exterior de una noche que nos penetra en parte, en certezas de un frío redoblado que la salamandra aleja en chispas y murmullos de mil duendes carboneros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y nada nos prohíbe hablar, entretejer, dibujar tecleos llamando a bahía de pesqueros escorándose junto a muelles de contrabando, marineros semidormidos o polacos retornando, entre tumbos, a sus camarotes de fotos, cervezas y nostalgias de Szcsecin, que borren a la mujer que quedó contando dinero en un hotel de Juan Carlos Gómez, o quizá camine apresurada rumbo a recuperar su sombra entre las otras que se agitan al son de cumbias tras los luminosos del "Universal", o "Brooklyn Bar" si es que todavía está allí, muriéndose entre sus dialectos o caras de sueño. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Seguramente que nada nos prohíbe hablar, entretejer, dibujar un calor de clavecín, una música de salamandra, un cigarrillo de imágenes que no queremos que se apague, un tecleo de voz que sentimos muy cerca - desde otra noche, como siempre próxima y distante-, enmarcada en el perfume que baja del peinado diferente a aquel otro, el de hace veinticinco primaveras, que sin embargo arriba a las arenas que remueve la memoria. ES el retrato de uniformes grises y expresiones inocentes; es la inocencia de esa sonrisa especial que advertimos entre las otras, muy en el fondo de ese momento vuelto papel encuadrado; aproximando el recuerdo de la amiga; rubricando similitudes de los primeros años, con ojos que también se abrieron a este mundo de guerras, multinacionales y miseria... mundo que en su caos reabrió senderos de imprevistos caminares llevándolos al reencuentro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y ya no fue la clase con el jardín de juegos del otro lado del ventanal. Fue en cambio cualquier sonata para cello y piano, dos butacas con los programas descansando sobre los abrigos doblados, y finalmente un cóctel que después fueron las dos cervezas de la invitación, cerrando veladas con ese "Ley Seca" de Capones, Dillingers, incautaciones y masacre ornamentando las paredes -en donde antes hubo viejos lobos de mar y monjes violinistas-, nuestra mesa de madera y por encima el diálogo que nunca cesa en su incansables descubrimientos de que, felizmente, estamos existiendo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;...Como Frescobaldi, las brasas que siguen cayendo, la noche que perdura fuera y cierto atisbo de claror que nace dentro; aunque por ahí resuene la pregunta inesperada: ¿dónde quedarán los libros, los discos, los cuadros y el té sin preparar cuando ya no estemos?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y la pregunta inservible es dónde quedará ella cuando este cuarto ya no sea vahos de música e imagen, cuando ya no sea presencia de robe de chambre encorvada sobre el tecleo que machaca las horas nocturnas llamando a ese otro día, aunque sin gritos y con calmada entrega.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Porque se acerca la habitación de un hotel en París 5; Père-Lachaise en las primeras horas de una tarde particular o 22 de febrero depositando emociones bajo el perfil de Frederic Chopin; caminares por Champs-Elysèes de las infaltables sillitas y las copas blanqueadas en lso despertares de invierno; la baguette compartida con el recuerdo de esa otra ciudad a orillas de estuario que por un tango adormezca; el detenerse breve en Pont-Neuf, girando Place Pigalle o de frente a la conciergerie de futuras fiestas medievales, con arco de salterio acariciando frótolas y bajadanzas que nos devuelvan su rostro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y finalmente, llevados por ese recuerdo y pasadas lecturas, Luxemburgo nos ofrecerá un rincón de flores, par que en él abramos la botella festejando nuestra íntima consagración del vino blanco, en honor al Miller desfachatado en los destiempos de Clichy o Ville Seurat.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Porque entonces no habrá pregunta de adónde quedó la amiga del &lt;b&gt;ballo in maschera&lt;/b&gt;, en ese viernes brumoso y frío por donde surcaron reminiscencias de casltillos, ecos de The Clash e indiferencias de alguna ninfa o bruja.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella seguirá estando en ese camiar por la Ile de la Cité; entre arbotantes y burla de gárgolas asomándose al mercado de acuarelas y turistas; en se prender del cigarrillo augurando reflexiones del viejomundo, o cuando, liviana la botella, le dediquemos el postrer sorbo al igual que se dedican las palabras postreras de un tecleo fermentado en lo que antes fu noche de junio y que ahora, en la evocación que viene desde su auspiciante sonrisa, trae consigo primaveras que inundan el cuarto, penetrándonos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Setiembre de picos apuntando a las nacientes tonalidades del óleo mañanero, con sonidos dulces como la palabra &lt;b&gt;amiga&lt;/b&gt;, ésa a la que confirmamos siempre desde un saludo, dos butacas, cuatro cervezas; ésa que nos responde siempre desde su serena altivez y en cuya mirada volvemos a corretear uan infancia, anhelando jardines junto al ventanal eterno de una clas; intimando la calidez de una mesa de madera, por encima de la que el diálogo le da la bienvenida a nuestro reencuentro de Montevideo... de París.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-8401577985978151408?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/8401577985978151408/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=8401577985978151408&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/8401577985978151408'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/8401577985978151408'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/08/texto-para-una-amiga-antes-de-paris.html' title='Texto para una amiga, antes de París'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-n5XPxURckzQ/TlmAG_BKfJI/AAAAAAAAE1s/rk7GwajKLX4/s72-c/PARIS-FRANCE-FRANCIA-RESTAURANTS-RESTAURANTES-PEINTURE-PINTURAS-ERNEST%2BDESCALS-CUADROS.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-371606429235548762</id><published>2011-08-12T21:14:00.005-03:00</published><updated>2011-09-28T15:06:15.614-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>El enfermo.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-iZhIqjDZC_w/TkXPON3ESAI/AAAAAAAAEtk/Mv5D0U8oq2E/s1600/0039_vincent_van_gogh_el_sembrador_04.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 316px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-iZhIqjDZC_w/TkXPON3ESAI/AAAAAAAAEtk/Mv5D0U8oq2E/s400/0039_vincent_van_gogh_el_sembrador_04.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5640141951497160706" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando me abrieron la puerta de su cuarto lo vi tapado hasta la cintura. tenía los ojos puestos en el techo, y por entre los dientes -la boca semiabierta- un ronquido escapaba a ratos. Me senté a los pies de la cama y, estirando las piernas, lo llamé en voz baja. Papá. Y no me contestó. Las manos le temblaban contínuamente. A lo lejos, gras la puerta entornada, se escuchaban las risas de su esposa, una prima y alguien más que parecía mellado. Pororeaban en la cocina: bueyes perdidos o por encontrar.&lt;br /&gt;Lo observé detenidamente y me sentí solo; sin embargo, él irguió un poco la cabeza y me saludó desde sus manos, cruzadas sobre el pecho flaco y blanco de pelos. Bueno, no tenía por qué sentirme solo. Allí estaba él para demostrarme lo contrario.&lt;br /&gt;En las paredes, en el cielo raso, la humedad formaba espectros por donde subían y bajaban en procesión, miles de hormigas oscuras. Nacían en los zócalos y desaparecían por unos agujeros allá arriba, casi imperceptibles, casi imaginados.&lt;br /&gt;Mi padre se incorporó y apoyó la cabeza contra el respaldo de la cama... Sonidos metálicos, como a bronces.&lt;br /&gt;Lo volví a mirar y estaba encendiendo un cigarrillo, entre toses y con ojos de desgraciado. Le hacía mal, pero no se lo impedí cuando dio la primera pitada. Aspiró y se quedó perdido en los espectros.&lt;br /&gt;El ronquido se acentuó en mi oídos. Como estábamos en silencio preferí caminar hasta la ventana. Bajaba el sol y subían las sombras por las fachadas vecinas. Retorné a la cama y,con cierta dificultad, traté de adivinar la expresión de mi padre. Una pitada, aún más profunda e intensa, le descubrió el rostro perdido quien sabe en qué tiempo.&lt;br /&gt;Curcunscripto a la atmósfera viciada, el cigarrillo que subía y bajaba en la oscuridad, evoqué a mi padre en la niñez de mis años: la mano fuerte, la voz enérgica, el paso seguro cuando paseábamos juntos.&lt;br /&gt;...Y el cigarrillo resplandeció nuevamente, iluminando los contornos vagos de los muebles que nos rodeaban. Pensé en acariciarle la frente, pero algo retuvo mi propósito...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Allí está él, arrinconado en la penumbra, acechando la venida de mamá. No sé si habrá visto la puerta entornada de nuestro cuarto. Mientras Susanita duerma no pasará nada y lo podré seguir observando. Algo masculla entre dientes, pero no lo sé.  ¡Este maldito oído...! &lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Me voy a enfriar pero no importa; las baldosas están heladas y las sigo aguantando. Deben ser las dos de la mañana y... Bueno, ahí oigo pasos que vienen subiendo la escalera. Si tuviera el valor correría hacia él; le pediría que se fuera a acostar y no le molestara; que nunca hay que fiarse de los cuentos de una sirvienta. &lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Justo ahora que se encuentran, Susanita empezó a llorar...  y ahora los llantos se confunden. Corro en puntas hasta su camita y tanteo el chupete. Se durmió de nuevo.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Cerraron la puerta del comedor: pude sufrir el portazo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cigarrillo cayó al suelo y rodó hasta los zapatos. Enseguida un quejido me hizo saltar de la cama.&lt;br /&gt;Entraron su esposa, la prima y la mellada que resultó ser una vieja que no conozco,  como tampoco conozco la mayoría de los elementos que configuran el mundo adonde un día decidió emigrar. Le sostuvieron la cabeza y la esposa le dio masajes en el pecho, cada vez más fuertes.&lt;br /&gt;Yo estaba contra la pared viendo cómo él luchaba por aferrarse al envarillado del respaldo. Me pareció que me estaba buscando, con la mirada amarilla y desgraciada. No sé si por un momento pronunció mi nombre entre toses y gemidos.&lt;br /&gt;Las mujeres, fastidiadas, me ignoraban desde que entraron.&lt;br /&gt;- ¡ Este viejo me tiene harta ! - gritó la esposa con los pelos desgreñados sobre los ojos mientras continuaba apretando a mi padre contra la cama.&lt;br /&gt;Salí corriendo a la calle. Tras de mí los gemidos se hacían más agudos.&lt;br /&gt;Bajo la noche no vi a nadie: el pueblo relegado dormía su chatura rural.&lt;br /&gt;Al volver la mirada por el camino recorrido, divisé la ventana de aquella casita y, a través de ella, el perfil en sombras de un rostro que se desdibujaba.&lt;br /&gt;Los gemidos se fueron espaciando, hasta apagarse con la madrugada.&lt;br /&gt;Seguí corriendo, decidido a abandonar el pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Guillermo Lopetegui-&lt;/span&gt; De "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El Parque de los Ultimos Regresos&lt;/span&gt;"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;(*) &lt;/span&gt;Cuento Premiado en el concurso organizado por el diario "La Mañana" en 1983.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-371606429235548762?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/371606429235548762/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=371606429235548762&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/371606429235548762'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/371606429235548762'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/08/el-enfermo.html' title='El enfermo.'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-iZhIqjDZC_w/TkXPON3ESAI/AAAAAAAAEtk/Mv5D0U8oq2E/s72-c/0039_vincent_van_gogh_el_sembrador_04.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-4243524893986662708</id><published>2011-07-11T18:14:00.002-03:00</published><updated>2011-08-27T19:19:22.793-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>Los encargos en el estío</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Y57ikvkWzQc/ThtoJH1rHEI/AAAAAAAAEg8/OY2L38XyoWo/s1600/Tatiana.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-Y57ikvkWzQc/ThtoJH1rHEI/AAAAAAAAEg8/OY2L38XyoWo/s400/Tatiana.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5628206665261849666" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:trackmoves/&gt;   &lt;w:trackformatting/&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:donotpromoteqf/&gt;   &lt;w:lidthemeother&gt;ES&lt;/w:LidThemeOther&gt;   &lt;w:lidthemeasian&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeAsian&gt;   &lt;w:lidthemecomplexscript&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeComplexScript&gt;   &lt;w:compatibility&gt; 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  &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 5"&gt; 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  &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="19" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Subtle Emphasis"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="21" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Emphasis"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="31" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Subtle Reference"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="32" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Reference"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="33" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Book Title"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="37" name="Bibliography"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" qformat="true" name="TOC Heading"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-priority:99;  mso-style-qformat:yes; 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Divisó la distancia a la Península y la distancia a la Ballena, para luego dejarse caer.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Extendido sobre la arena espejeante, boca abajo, miró con disimulo: alternaba las impresiones, lo quieto del mar y lo agitado del grupo, prestando inadvertida atención al timbre agudo de una de aquellas voces. Pensó en cómo podría haber sido el día anterior de la voz; cómo sería el de mañana. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Por un momento pretendió volverse a ella para otorgarle una piel, una figura que necesariamente tenía que ser atrayente, unas manos curtidas por los varios mediodías en el mismo punto blanco y caliente del lugar, un manto por encima de la espalda y un perfumen que ahora no le llegaba. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Cambió los pensamientos, caminando hasta sentir las ondas de espuma y agua bajo sus pies. Siguió la trayectoria que lo llevaría al frío repentino a la altura de la cintura. Y por fin se buscó a sí mismo en una primera zambullida que reabrió ojos entre algas y rayos de luz oteantes en la profundidad. Miró hacia el área de más claridad sobre su cabeza, hizo un impulso con las piernas, y poco después estaba de nuevo en la superficie, aunque más lejos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;La línea colorida de la costa, la pequeña metrópoli nítida como el horizonte, la isla a sus espaldas. Y un pensamiento anterior; un deseo de ubicarla de nuevo entre aquellos puntos policromos que parecían hacer posible ese día. Aún no quiso retornar a la toalla aplastada entre y sobre los granos húmedos que formaban su rincón. Hubo otra zambullida, otra y otra, antes de que el recuerdo lo obligara a volver, para hacer un buen uso de lo que le fuera entregado una semana atrás, a 120 kilómetros y donde las calles no se interesaban por su ausencia. Imaginó que el desinterés se generalizaba, sonriendo ante la mentira o suposición. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Por fin se permitió una tregua a la broma: él permanecía más acá de los médanos parado sobre la arena que no veía y dando brazadas sin importancia. SE movió pesadamente cortando y haciendo a un lado los contoneos de las algas, con los ojos cerrados – donde aún chorreaban restos de las zambullidas- y de frente al sol intenso. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Si es que hubo sucesión de acontecimientos, podría seguir cuando él terminó el whisky y no pidió otro: marearse estaba de más. Posteriormente sólo le interesó individualizar lo que –a través de paseos que se seguían con prudencia de pocas cuadras; entre las mesas de los casinos; cabalgando por el Parque del Golf- empezó a ser Mercedes, Mercedes Francet, Mecha. Y lo anotó entre paréntesis, en una libretita que cada día que pasaba le resultaba más incómoda. “20 años, 1,70 mts!”… Ojos demasiado verdes como para que él no tuviera que hacer un esfuerzo por contrarrestar su naciente deseo de largar todo y desaparecer, recomenzando pero en Costa de Marfil o a los fondos de Notre-Dame.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Luego de la primera llamada que hizo al otro lado de los 120 kilómetros, no pudo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;más que aceptar la fidelidad de los datos y su propia eficiencia. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Entonces y restaba seguir: un restaurante y otro, una whiskería y otra, una porción de arena y otra. Siempre la&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;misma playa. También alquiló un caballo y lo dejó galopar por entre senderos que se extendían hasta la misma costa, hasta el mismo aeropuerto y bajo los montes de pinos inclinados. Muchas veces pasó cerca de mercedes – “Mecha hoy sola; Mecha hoy con el grupo; Mecha…”-, hasta que comprendió que siempre sería inocentemente ignorado, relegado al plano de no existir por las copas, el acompañamiento de la preparación – “Come muy poco; dice que está gorda, lo que traducido al lenguaje de los hombres…”-, la música de las discotecas y los que parecían estar allá desde siempre. Porque empezaba a descartar la posibilidad de inventar un diálogo o monólogo similares a aquellos de Túnez o Santorini. Por eso en la segunda llamada que hizo, dejó escuchar su voz mucho más reanimada y aguda; se rió junto a quien lo hacía desde el otro lado del tubo; anotó los próximos lugares a los que acudir y dejó sin anotar los que ya tenía&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;previstos, los que iba aprendiendo a conocer con quien no necesitó hablarle de su vida porque tampoco supo que, a lo largo de casi dos meses, le había ido mostrando los detalles más y menos relevantes de su personalidad, arrastrándolo a tardes de más de 35 grados –un whisky que jamás era seguido por otro-, cabalgatas por los bosques que lo tornaban desapercibido; que la afirmaban en su juventud y hermosura: sacerdotisa de un único sacrificio celebrado a instancias de la metrópoli, las olas algueantes y la isla imaginariamente desierta. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Para la tercera llamada retornó a su antigua seriedad. Fue monosilábico y demostró tener poco interés en el asunto. No contestó a la risa con otra, para colgar de inmediato.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;De haber algo de verdad todo esto pudo comprobarse cuando él rememoró la cita en la capital.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Siguió con comercial respeto a la telaraña de arrugas, la voz ronca y el juego nervioso de las manos. Se levantó del sillón de diseño ultramoderno, recibió un cheque por la mitad de lo convenido y se retiró, dejando la puerta entornada. Sabía que la otra mitad lo estaría esperando a la vuelta de aquel “viaje de placer”, como se lo habían rotulado con una risa de aburridos y conocidos entredientes.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Hubiera querido preguntar cómo alguien de 20 años pudo pasar tanto tiempo en la cama ajena dejándose tocar, lamer, introducir por un montón de poca y casi nada de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;vida que gemía secretamente la realidad de sus muchas décadas que sin embargo aparentaban más. Hubiera querido preguntar qué tanto le interesaba retenerla y por qué, ya que con un chasquido de los dedos –un agitar de la American Express o la&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;London Card- podría retornar a la seguridad de nuevas fantasías, aunque con otras. Pero uniendo frases, tonos de voz, ademanes que el viejo de traje impecable había dejado traducir en aquella cita; cuando ya estaba aprontando su bolso de pocas pertenencias y pagaba un hotel céntrico al que no volvería, pudo presentir la respuesta y los restos de saliva que caerían de los labios, entumecidos y colgantes. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;“Le di todo y jamás pasó mejor que conmigo. La familiaricé con los secretos del negocio y después, una madrugada, ya no la encontré a mi lado. Ahora se quiere hacer la de los buenos modales; la que sólo anda con amiguitos de su edad; la que quiere recomenzar su vida como que no hubiera pasado nada y olvidándose de que la mantenía más a ella que a mi familia. Qué mejor que un buen susto que le recuerde quién es el ofendido… Y, por favor: en cualquier parte del cuerpo menos en la cara, porque el lo más lindo que tiene esa borreguita. Claro que, si usted antes quiere … Bueno, antes o después, me comprende. Usted tiene experiencia en esto.”&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Costa de Marfil, Francia o Arabia Saudita.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Podría regresar allá con la mitad de lo convenido. Pero hubiera sido ir en contra de sus principios. “Menos en la cara… En cualquier parte del cuerpo, menos en la cara.”. No podía hablar de integridades pero sí de un contrato, un dinero, un trabajo por hacer. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Había que esperar el momento, la soledad de la muchacha, el lugar escondido bajo los montes de pinos inclinados. Y como en otras oportunidades –Rabat, Alicante, Oporto- la noche dejaría su rostro en el anonimato, como también la poca sangre de la arribista que había tenido la mala idea de escaparse de la cama de un Señor –con mayúscula- que la mantuvo como no lo hubiera hecho su propia familia.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;La muchacha volvería o no al viejo, pero los golpes le iban a producir unos vómitos inolvidables. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Hablan de un epílogo-tal vez inventado- y no fue durante la noche, ni al amparo de los montes, sino a pleno día, sobre los médanos y con los inevitables 35 grados de calor. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;El grupo caminó hasta la orilla – donde seguramente todavía estarían las huellas de los primeros mediodías- y se volvió para invitarla a las profundidades abrigadas de las espumas eternas. Ella alzó un brazo y no aceptó. El es quitó los lentes negros y la recorrió en su indiferente frescura. Dejó su bolso inclinado sobre el médano y bajó en buzo de manga corta, pantalón de hilo blanco y descalzo. Hacía girar un cigarrillo entre los dedos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;SE agachó junto a ella y trató de absorber el instante aquel, porque comprendió al fin que, durante todo ese tiempo, la había seguido de pura curiosidad primero y felicidad después. Las esferas verdes apenas se asomaron bajo el cerquillo azabache y una sonrisa le corrió la crema de cacao del labio inferior. El observó el movimiento de las manos buscando en el bolso de mimbre la caja de fósforos o el encendedor; le importó poco si ella tenía o no tenía fuego. Porque ese era el clásico cigarrillo que él prendía, que había prendido siempre, cuando en pocas oportunidades sabía que finalmente no iba a haber paliza y que otra mitad de dinero ya no le interesaba. Ya no le importaba la reacción del viejo porque no lo pensaba volver a ver. Para ese entonces, él ya andaría nuevamente mezclado con los caminantes, los cantos y losoros, en los mercados estrechos de Jeddah. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Fue subiendo el médano mientras meditaba una pitada a espaldas de la muchacha. Se agachó lentamente, apoyando una mano en el poco equipaje. Minutos después el paisaje circundante empalideció del otro lado de los lentes negros y él volvió a la costanera, al auto alquilado, al oeste de aquella temporada.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Esta vez se le iba a hacer difícil olvidar a la muchacha que permaneció en la arena, junto al lápiz de labios, el pareo y su bolso, entre el viento que se levantaba de vez en cuando, barriendo con algunos granos de arena que se pegaban a la crema de cacao, y revoloteando los cabellos que, por momentos, dejaban entrever –ignorado y humeantemente perfumado- el orificio rojovioláceo a la altura de la nuca.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;de "El Parque de los últimos regresos"&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-4243524893986662708?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/4243524893986662708/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=4243524893986662708&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4243524893986662708'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4243524893986662708'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/07/los-encargos-en-el-estio.html' title='Los encargos en el estío'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-Y57ikvkWzQc/ThtoJH1rHEI/AAAAAAAAEg8/OY2L38XyoWo/s72-c/Tatiana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-8580291230663526148</id><published>2011-06-23T10:43:00.005-03:00</published><updated>2011-09-28T15:07:08.714-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>Intihuatana</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-s_ZrRGvnzMw/TgNN1mMvMII/AAAAAAAAEek/knAePLSoKCA/s1600/INT.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-s_ZrRGvnzMw/TgNN1mMvMII/AAAAAAAAEek/knAePLSoKCA/s400/INT.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5621422343070888066" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quizá piense que Beto esté por llegar de un momento a otro, de un día a otro, de un año a otro. Quizá sueñe y Beto nunca llegue y prefiera quedarse allá abajo, en la ciudad, poer entre los corredores de un instituto a los que el sol de julio a veces salpicaba de una vida más clara y menos fría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que puede estar rememorando las otras épocas -apenas distantes-, el intercambio de fotocopias, el bolillado, las próximas clases. Lo que ahora me pregunto es por qué me decidí yo antes que él. Allí estaba Laura para obligarme a permanecer en mi asiento, atento a la realidad de la siguiente materia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero estoy aquí y sigo sin recibir carta de Beto, aunque prometió llegar para la Primavera. Y la Primavera está llegando y no el número veintiocho de Literatura Primer Año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la carta él podría poner que estuve equivocado y que le tendría que haber hecho caso a Laura. De lo contrario, ¿para qué observarla desde los primeros meses, cuando la seguía hasta la cafetería y me prometía tomar los cafés que fuera necesario, con al de estar cerca de ella?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Beto podría anotar que yo siempre elegía las mesas dispuestas en fila contra la pared de ladrillos, cercanas a la salida trasera, la que daba a las insinuaciones del verde pálido del jardín, en aquellas imprevisibles mañanas de junio y julio. Luego de los primeros sorbos, la sangre parecía volver a circular por las manos y los rostros lívidos. Se recuperaban la sonrisa, las palabras; Laura volvía a recuperarse para sí misma, para nosotros y el transcurso de una mañana más colorida, despojada ya de las entreluces y la debilidad de la madrugada. Pero las mañanas seguían siendo frías, tan frías como las otras, las que Beto contemplaba desde la habitación 18 del Sanint Michel, cuando la Rue de Cujas se volvía blanca y entonces Beto estaría decidiéndose antes de encender el segundo cigarrillo, luego del desayuno. Volvería y nos encontraríamos, conociéndonos sin suponerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo dos bancos de por medio y una Laura que prácticamente nos ignoró durante los dos meses que le arrancaron restos al verano que se terminaba, para arrastrar los últimos calores sobre las baldosas amarillas, como nosotros nos arrastrábamos a través del corredor, a las ocho de una  mañana que nos obligaba a estar dispuestos para pasar ese trago relativamente amargo de los tres años y un título que no ofrecía demasiadas posibilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora aquí, con el tiempo otorgándome quién sabe cuántas horas de evocación, de oscuridad, cuando las facciones de Laura sean difíciles de rearmar en la precariedad del recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Beto haría hincapié en que no pensara en eso. ¿Sería cierto? Lo que también puede ser muy cierto es que, a esta hora, Beto y Laura estén intercambiándose fotocopias -cafés de por medio- , porque ya son las nueve menos cuarto y tienen cinco minutos para bajar a la cafetería... y quién sabe: hablar de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, ¿qué diría Laura? Es muy lícito que me mande una buena relajada y diga que siempre fui un imbécil. Pero Beto, en su carta, tendría el tino de aclarar que ella "llegó a la conclusión" de que yo era un imbécil; tendría la suficiente capacidad de mentirme por carta. No le podría escribir pidiéndole que me relate el modo de sonreir de Laura, el modo de agarrar el asa del pocillo, los libros, los textos. Beto sabría que no estoy en condiciones de pedir que me relaten lo que yo ya sé; lo que ahora prefiero imaginar, adornar, soñar por las noches, cuando también sueñan las aves que por la tarde -y bajo el sol intenso- zumban a ras de la vegetación y mi cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le podría escribir para informarle que me acostumbré al acento lugareño sin mayores posibilidades de comunicación, como la que establecíamos con él, con ella, cuando ya la luz natural empezaba a iluminar las cúpulas de los edificios novecentistas que, seguramente, segurán rodeando la manzana del instituto. Laura podría advertir la silueta chamuscada de la columna hablando humo, empergiendo imávida contra el horizonte gris de las pocas fábricas distantes, que a veces nos apartaban de la realidad de la clase; nos llevaban a un paisaje decididamente falto de color, bordeando la franja angosta de la playa sucia en la bahía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguirá siendo... Son más de tres mil quinientos kilómetros, pero seguirá siendo así. Y los cursos aún no terminan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Beto podría escribir maravillado: pensar que hace apenas un mes y medio, ambos teníamos la posibilidad de bajar juntos a esa cafetería desprovista de estilo pero renovada de recuerdos constantes, cotidianos, siempre y cuando Laura imprimiera vida a lo que intuíamos allí, entre las mesas de cármica, multiplicándose luego en la conversación que entablábamos con beto y los indefectibles dos cafés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Beto recordará que después fueron tres los cafés. Aprendió a estudiar mis reacciones más imperceptibles, eso supongo. Laura no lo advertía y era una suerte para ambos. A él le tocaba la parte por cómplice; por inventar situaciones que jamás había vivido en la Rue de Cujas o Ruelle de la Fonderie, como tampoco imaginaba que alcanzaría decidiéndose por hacer ese curso de una buena vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero todo aquello prolongaba la estadía de Laura entre nosotros; prolongaba su interés ante las verdades que inventaba Beto; prolongaba ese silencio que mediaba entre el próximo timbre de entrada y el regocijo de Laura traducido en sus labios siempre cercanos a la sonrisa, más allá del viento exterior y la aridez de julio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy llegué hasta la piedra sagrada. Intihuatana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería bueno comentarle a Beto, a Laura, que aquí hay un terrible contraste: ojso oblicuos -voces dialectales- y gente muy rubia y muy llena de rabia que escupe palabrotas en inglés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué solo, aunque antes habían llegado otros. Por allí la vegetación debe estar ocultando más cabezas rubias dispuestas a seguir hasta la muerte. Por allí escuché que están armados hasta lo más profundo de su odio y la vida no les significa mucho. No sé si habrán experimentado lo mismo que yo al caminar por el sendero de piedra zigzagueante, rumbo a Intuhuatana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Beto, Laura, se dispondrán a abordar la Poesía Mélica. Seguramente se ayudarán entre sí. Laura escuchará con atención y encorvará parte de su metro setenta sobre los apuntes que Beto le muestre. Prepararán las clases siguientes y yo prepararé el rincón que elegí en medio de una noche que se aproxima. No se me había ocurrido, pero podría ser que me estén creyendo muerto y no haya apuntes ni clases por preparar. Cierto: no se me había ocurrido que me pudieran estar llorando. Y beto rehusó acompañarme por creer que toda esta empresa era una inmensa mentira y nosotros no teníamos que ver con el asunto. Otro país, otra circunstancia. Nosotros aún teníamos que caminar por aquellos corredores en dirección a un clásico hontanar; en dirección a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustaría escribirle para anunciarle que Intihuatana fue apenas una suposición, y que la única realidad era aquella que nos circundaba a los tres, a los cuarenta de la clase que volvían a ser tres, que volvía a ser una: Laura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta situación los recuerdos y los sueños escapan a mezclarse de manera muy estúpida, como la idea que terminó arrancándome del asiento adonde a veces llegaba cierto perfume, cierto abrir y cerrar de cuadernos, cierto descanutar del bolígrafo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sé dónde se bifurcan la verdad y la mentira. Quizá Beto, Laura, el instituto, las fábricas, las cúpulas novecentistas, jamás existieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá yo empiezo a dejar de existir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobrevino otra mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mañana apacible de no sé qué mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He vuelto a recordar las facciones de Laura. Creo que puedo llegar a materializar la delgadez de su silueta y el metro setenta; la frescura de su presencia cuando me enviaba, desde su banco, aquella certeza de estar existiendo. Camina algunos metros delante de mí y lleva los textos y los cuadernos entre las sedas de su blusa sin cuello. Seguramente nos estamos acercando al instituto y estos son los últimos días, las últimas mañanas de pocos profesores y mucho tiempo para compartir rincones de un jardín que ahora parece más próximo a las mesas, los pupitres, los corredores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Laura continúa caminando y a veces se vuelve a mí que la sigo silencioso, expectante de los nuevos e imprevisibles rumbos que ella elige entre ruinas dóricas, rostros de cariátides borrados y fragmentos de anfiteatros que resurgen en las montañas por donde ahora ella me lleva, desapareciendo y reapareciendo unos metros más adelante, ya sin libros, ya sin cuadernos; apenas mirándome distante; apenas visible y siempre diluyéndose.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;Guillermo Lopetegui. &lt;/span&gt;(de EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;(*) &lt;/span&gt;Cuento Premiado en el concurso organizado por el diario "La Mañana" en 1983.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-8580291230663526148?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/8580291230663526148/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=8580291230663526148&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/8580291230663526148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/8580291230663526148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/06/intihuatana.html' title='Intihuatana'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-s_ZrRGvnzMw/TgNN1mMvMII/AAAAAAAAEek/knAePLSoKCA/s72-c/INT.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-7266637593203646254</id><published>2011-06-02T18:04:00.003-03:00</published><updated>2011-06-02T18:12:30.674-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Librería'/><title type='text'>***ANTOLOGIA en formato ON LINE***</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-YhWw1KPtUyM/Tef8C4MXUgI/AAAAAAAAEPw/PUhtIWgOMVA/s1600/ANTOLOGIALOPE.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 264px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-YhWw1KPtUyM/Tef8C4MXUgI/AAAAAAAAEPw/PUhtIWgOMVA/s400/ANTOLOGIALOPE.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5613732586914796034" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://issuu.com/liblopetegui/docs/antologiaguillermo"&gt;http://issuu.com/liblopetegui/docs/antologiaguillermo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A partir de hoy está a disposición del internauta que desea hacer una lectura "ON LINE", así como "dando vuelta las hojas del libro", ANTOLOGÍA en versión intereactiva. PARA ACCEDER, CLICK SOBRE EL LINK.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-7266637593203646254?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/7266637593203646254/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=7266637593203646254&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7266637593203646254'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7266637593203646254'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/06/antologia-en-formato-on-line.html' title='***ANTOLOGIA en formato ON LINE***'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-YhWw1KPtUyM/Tef8C4MXUgI/AAAAAAAAEPw/PUhtIWgOMVA/s72-c/ANTOLOGIALOPE.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-2305968608983997894</id><published>2011-05-28T15:26:00.003-03:00</published><updated>2011-08-27T19:18:25.643-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS'/><title type='text'>Presenciar la ausencia</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-4n4a4RPBy4g/TeFAri5F3hI/AAAAAAAAEOo/lbe2dFihxag/s1600/20070517001912-mujer-en-cama.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 267px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-4n4a4RPBy4g/TeFAri5F3hI/AAAAAAAAEOo/lbe2dFihxag/s400/20070517001912-mujer-en-cama.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5611837727525166610" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin suponerlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como llega una estación y se traduce en el reverdecer de jardines, o la caída de hojas sobre veredas sombreadas de plátanos, subridos de tanto caño de escape y edificios nuevos estrechando calles.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así me detuve una tarde - por las aceras de la calle Justicia - y con una mueca aceptando pasados algo más allá luminosos, recibí los cuarenta años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No había títulos ni viaje a Srinagar buscando la Verdad. O tal vez la Verdad tenía una cara de una ciudad cambiante por capricho; una ciudad que ahora me limitaba a reconocer siempre a través del recuerdo, lo que era o pudo ser. La Verdad hablaba por boca de una oficina: el escritorio señorial y la Underwood de 1923, en donde tenía que hacer malabarismos para que el texto saliera enmarcado correctamente. La Verdad estaba pasando la puerta de un apartamento céntrico -seguramente el único consuelo que me quedaba- en donde sabía que los otros habitantes habían resuelto convertirse en los infaltables ecos rememorando la felicidad de cuando en el apartamento éramos muchos. La herencia que me correspondía por cumplir el papel de sobreviviente. Lo mismo decir -o que cierto numen sentenciara, riendo desde los retratos-: "Te tocó a ti. Simplemente quedás con el apartamento céntrico porque tus padres ya no están, tu hermana se casó y vive en Barcelona, y tu hermano hace tiempo que no te escribe desde Louisville. Quedás para morir en el apartamento céntrico".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No me gustaba jugar con la idea de morir; morir donde había nacido. Entonces trataba de pasar lo mejor posible las seis horas de hojas de copia, carbónicos y cantina. Después salía de todo eso y caminaba con la misma lentitud del sol y su viaje de apagarse tras la línea del horizonte o del río.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sierra, Nicaragua e indefectiblemente Justicia.  Me detuve frente a una vidriera que mostraba electrodomésticos, y cierto reflejo reencontró mis rasgos denunciando los imprevistos cuarenta años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después que un ómnibus de COOMOCA ronroneó la vuelta de Los Cerrillos a mis espaldas; después de ese humo al que me había acostumbrado-como al trabajo, la soltería, las noches sin sueño con sonrisas de una irretornable novia desde su inocencia-pensé que me quedaba la casa de Robert en Villa Muñoz. Nuestro encuentro el día 30. El haberme acostumbrado a su forma de estar solo hasta las 8 de la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Golpée con mi llavero en un barrote de la verja ferruginosa y luego pasé una mano por las rositas rococó que caían por encima del muro, dando un toque de felicididad - ¿de otro tiempo?- a la calle Lima.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Robert caminó por el patiecito de baldosas grises y me saludó desde su metro ochentaiocho con ese casi callado "¿Qué hacés Julio?" Y esta vez el saludo fue todavía más apagado. Me quedé mirándolo antes de poner un zapato en el umbral.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El se inclinó y me habló a un oído: "Está durmiendo. Vino más temprano y se acostó a dormir la siesta. Me parece que llegó el momento".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No entendí lo último, pero entonces supe que ese día no habría más cartas que yo le dictara a Robert. El extremo de la mesa ovalada, el mate, dos sillas y una máquina de escribir: último testimonio de su época de estudiante, con monografía prometida para mañanas más propicias. Había sido un buen alumno, aunque tendiente a caer en esos laberintos divagatorios tan propios de los que eligieron Humanidades o Ciencias, o más concretamente Antropología Filosófica. El me aseguraba que todo aquello no era más que la gran mentira; que la única verdad de los últimos tiempos se asociaba con el día 30, mi visita, la máquina de escribir y todo lo que a mí se me iba ocurriendo, para que Robert tradujera - con rapidez metálica - en la hoja de copia que ya estaba puesta en el rodillo, cuando yo dejaba atrás las rositas rococó y la acritud de la calle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su cara y el tono de voz  me transmitieron, una vez más, que hoy no habría cartas. Y lo lamenté (de manera censurablemente morbosa) porque me empezaba a acostumbrar a ese juego o mentira o válvula de escape a través de donde Robert se confesaba "de una vez por todas", volcando en una carta todo el odio, todo lo guardado a lo largo de diez años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Yo te doy el material y vos hacés el verso", me había dicho seis meses atrás.Y a partir de ahí me fui familiarizando con un ser que en invierno andaba protegido - en toda la acepción de la palabra, al decir de Robert- con un abrigo negro que prendía hasta el cuello. El otro detalle -concluyente por las cartas que se me fueran ocurriendo- era su inseparable portafolios, también negro. En otra carta mencioné sus idas y venidas de un piso a otro de los juzgados, metidos en la vetustez burocrática de los edificios anquilosados que hacían deprimente una parte de la Ciudad Vieja; irrespirable un tramo de 25 de Mayo. Después mencioné los perfume que no usaba; la melenita con la prolija raya al costado de lo que no tenía vida (que la había ido perdiendo); el único tema que apenas rozaba con Robert y en donde siempre se barajaban miles de dólares o el comentario acerca de algún abogado elevado a la categoría de dios. Muy propio de los que se aferran a su título de Procurador... que rimaba con Doctor pero estaba unos pasos atrás, en el sitio justo donde muchos se sentaban a descansar, o donde intentaban trabajar el doble para justificar con creces los tres años del "pretíbulo", como lo llamaba Robert con asco. En fin. Se hacía difícil elegir nuevas frases que hirieran a ... Robert jamás encabezaba las cartas con el nombre de pila, y la palabra esposa - o mujer- había desaparecido de su estricto vocabulario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin suponerlo-como el arribo de la cuarta década también habían pasado los seis meses: Villa Muñoz con Robert tecleando muentras yo le dictaba ese odio de prestado: referencia a ojos inexpresivos y dedos aferrando un portafolios, donde era imposible descubrir un fragmento de papel en el que se leyera lo que Robert ya no soñaba: "Te quiero".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hoy era distinto y él me pidió que no habláramos en voz alta, señalándome la puerta entornada del dormitorio. Por un momento me incomodó cierto nerviosismo y hubiera deseado estar en mi casa, olvidado del único amigo que me quedaba. Pero -siempre en susurros- Robert me avisó que teníamos veinte minutos para preparar té, charlar sobre algún libro rescatado de la juventud, prender la radio y escuchar lo que estuviera pasando el SODRE, y finalmente entrar al cuarto. Primero él y después yo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"¿Te acordás del juego Falkenburg? Me quedan tres tazas, dos platitos y la tetera" sonrió, con trazos anémicos en lso pómulos hundidos. Le contesté que sí y él fue a la cocina a poner agua en la caldera, prender la garrafa con fuego bajo y volver para invitarme a que nos sentáramos junto a la mesa ovalada, casi pegados al radiograbador que encendió con un volumen apenas suficiente para nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Si se despierta está todo perdido... ¿Cómo anda tu familia?" Una y otra vez le recordaba que ya no tenía familia. "Claro, me olvidaba" asintió, meneando la cabeza con un gesto de afectación. Después se paró y caminó en silencio hasta un aparador. De uno de los cajones sacó un libro. Volvió con "Lavorare stanca" y recitó en voz baja su predilecto " Hai viso di pietra scolpita". Pausado, sin ese apuro que nos otorgaban los veinte minutos para todo, Robert me señaló con un índice cerca del parlante el segundo movimiento de un cuarteto de cuerdas beethoveniano. "Es lo bueno de este país, pese a todo: podés estar alegre o como el traste, pero el SODRE sigue estando allí, sorprendiéndote con un cuarteto de cuerdas de Ludwig. Es inalterable".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tomamos el té y él me pidió que lo convidara con uno de mis cigarrillos. Yo de vez en cuando miraba para el dormitorio, apenas presente tras la puerta entornada que entornaba presencias dormidas. A Robert jamás se le podría haber ocurrido que aquella presencia no era más que el continuo estar de la ausencia. Fumó tranquilo, respirando profundamente a medida que los veinte minutos se nos iban agotando. Y fue cuando resolví preguntarle qué pensaba hacer... ya que no habría otra carta. "El tecleo la va despertar y no quiero que se despierte" me contestó, mirándome con firmeza amarilla de tiempo que nos hablaba sin palabras anunciándonos que sigue corriendo y seguirá corriendo siempre, cuando nosotros ya no estemos. "Seguramente", agregó, "el trabajo de hoy fue más liviano y el estudio la escupió en dirección a casa antes de las ocho."&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y el asunto es que me empezaba a preocupar un detalle que recién se aparecía ante mí: Robert empezaba a hablar de la misma forma en que yo le dictaba las cartas de la odiada confesión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Miró la hora de su reloj y me anunció que ya era tiempo de entrar al dormitorio. Antes fue hasta la cocina para volver acomodándose algo detrás de la espalda. "Mejor...pasá vos primero" me dijo. Caminé lo más silenciosamente posible y abrí del todo la puerta. No caía ningún resplandor del living sobre el cuerpo que dormía  casi sin respirar. Robert me puso una mano en el hombro, cuando ya estábamos los dos parados a los pies de esa plaza y media en donde jamás había jadeado un verdadero matrimonio (expresión que también se instertó en alguna de las cartas de los tres primeros meses). Robert me dejó nuevamente solo y tardó algún par de minutos en retornar a la oscuridad del dormitorio, o la entreluz que fue naciendo a partir de los pasos que di para acercarme más... y empezar por ver aquel cabello negro que caía sobre la almohada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La sombra de mi amigo entró a la pieza y me llamó con cuatro dedos que parecían excavar la atmósfera de encierro. "Puse todas las trancas y cerré las celosías: nadie se va enterar." Asentí inclinando mi frente, mientras de nuevo me invadían aquellas ganas de estar en mi apartamento, aunque más no fuera por la compañía de los ecos, los retratos y todo el tiempo de la noche para recordar las ráfagas tibias de otras estaciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Porque me bastaba con volverme a la cama y mirar el cabello negro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Casi tuve ganas de llorar y sacudir a Robert, pero sbía que si hacía eso le quitaba la única esperanza que le quedaba; la ilusión que tal vez se repita o no, ésa que lo mueve a seguir existiendo después de diez años y que me mueve a seguirlo visitando cuando se cumplen los treinta días de obediencia, con el gotero del sueldo a fin de mes: único remedio del que no me moriré jamás por exceso de dosis.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Miré a mi amigo y le palmeé un hombro. Miré luego la cama y pensé en la realidad de la vida que se construye de momentos de felicidad sorpresiva, como sorpresivamente también se va y sorpresivamente un día nos volvemos a encontrar solos. Al menos eso era lo que charlábamos cuando él salía de la facultad; porque ciertas temas no duele hablarlos en la juventud, y es preferible soslayarlos cuando uno sólo no encuentra a sus espaldas que casi se le pasó la mitad de la vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Robert se llevó una mano a la espalda y sacó una cuchilla. "Vos agarrás el almohadón y la ahogas; yo la perforo con dos tajos y asunto concluido" me sugirió con voz temblorosa. No pude más que contestarle que perfecto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ambos caminamos hacia la cabecera, colocándonos a cada lado de la cama. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estiré un brazo y -como enganchándolo- agarré el almohadón. No demoré nada en abalanzarme sobre aquello y apretar fuerte, con rabia que me hizo salir lágrimas, mientras Robert daba un grito-un quejido de impotencia-y saltaba sobre la cama, clavando la cuchilla una y otra vez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una y otra vez hasta que la frazada empezó a  ser jirones; hasta que el pelo negro se fue achatando entre la almohada sin perfume y el almohadón con olor a humedad; hasta que el reloj del living se aprontó para dar las ocho campanadas y restarían pocos minutos más, antes de que volviéramos a oír-como en anteriores e irreversibles oportunidades - la puerta liberándose de las tres trancas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero esta vez no había máquina de escribir para guardara, o sobres que esconder ocultando cartas que sólo Robert y yo leíamos. Todavía, una vez más, él asestó otra cuchillada a las bolsas que contenían los papeles de seis meses, bajo lo que seguía quedando de la frazada que en un extremo  - y sobre la almohada- había sido ornamentada con los cabellos de seda enmarcando rasgos que no estaban; sonrisas o lamentaciones que no existían; ternuras que Robert jamás había podido encontrar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos quedaban algunos minutos para dejar la cama bien tendida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La puerta de calle volvería a estar completamente abierta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tapado y el portafolios se recortarían, negros, contra la noche artificial de la calle Lima.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;GUILLERMO LOPETEGUI &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De "EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS"&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-2305968608983997894?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/2305968608983997894/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=2305968608983997894&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/2305968608983997894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/2305968608983997894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/05/presenciar-la-ausencia.html' title='Presenciar la ausencia'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-4n4a4RPBy4g/TeFAri5F3hI/AAAAAAAAEOo/lbe2dFihxag/s72-c/20070517001912-mujer-en-cama.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-7501558420846221461</id><published>2011-05-07T14:47:00.004-03:00</published><updated>2011-05-07T14:54:31.427-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos.'/><title type='text'>SINFONIETTA PARA PROFESOR Y FUNCIONARIO NO DOCENTE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s1600/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 30px; height: 29px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s400/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5604033951979406258" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s1600/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s400/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5604033951979406258" style="cursor: pointer; width: 30px; height: 29px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s1600/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s400/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5604033951979406258" style="cursor: pointer; width: 30px; height: 29px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s1600/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s400/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5604033951979406258" style="cursor: pointer; width: 30px; height: 29px; " /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-B8TQV3YJQO4/TcWGqkM1SSI/AAAAAAAAEAQ/czFb4oLyvUk/s1600/260px-Louis_XV._Fauteuil_%2528Carved_and_Gilt%2529.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 255px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-B8TQV3YJQO4/TcWGqkM1SSI/AAAAAAAAEAQ/czFb4oLyvUk/s400/260px-Louis_XV._Fauteuil_%2528Carved_and_Gilt%2529.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5604033377162578210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Tercera Entrega&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así seguían avanzando hacia una zona donde reaparecían bibliotecas que se alternaban con diferentes alturas de amontontamientos de sillas y butacas de tapices rotos y manchados, mesas de patas desencoladas e inmediatamente después una sucesión de mapas- grandes como sábanas de dos plazas- que colgaban a ambos extremos de esa ruta no planificada donde hacían su aparición nuevas estanterías conteniendo globos terráqueos abollados, catalejos de lentes cubiertas de hongos, cartas marítimas que el olvido había tornado amarillentas y hasta un ejemplar en incomprensible versión original de 1924 de Skibet Gaar Videre, del noruego Nordahl Grieg, frente al que el profesor Weiss le señalaba al funcionario no docente que se trataba de El barco sigue navegando; y cuando decía esto parecía lamentarse de algo, negando en silencio con la cabeza gacha en momentos en que el hallazgo los había llevado a detenerse nuevamente, interrumpiendo por algunos minutos el tránsito de ese pasaje que - conforme se seguía explorando - comenzaba a dar la extraña sensación de que no tuviera fin. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué ocurre?- preguntó el funcionario no docente, tomando entre sus manos aquel ejemplar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Yo lo tenía en una versión inglesa que posteriormente le presté a uno de mis estudiantes, recomendándole su lectura...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Me imagino- dedujo el no docente - : nunca más se lo devolvió...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Weiss levantó la cabeza y se volvió al administrativo, extrañado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿ Cómo? ... Todo lo contrario: ¡Me lo devolvió a los dos días argumentando que los relatos del mar lo "embolaban"!, recuerdo que dijo. - Weiss pasó rápidamente una mano por la tapa de aquella edición original y miró hacia lo que posiblemente los estaría esperando - Pero ahora deje esa novela o llévesela y tal vez más adelante usted y yo nos pongamos a aprender noruego.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡No! ¡Esto me supera! - chistó sonriente el administrativo alzando aquel volumen, pero encontrándose con los ojos de Weiss que súbitamente habían adquirido un brillo estremecedor e irreconocible-... Digo:  aprender noruego, porque los relatos del mar me gustan.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡No lo sabía!- se sorprendió el profesor, y señaló serio al no docente-: Vamos a volver sobre este tema de sus gustos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después, el no docente seguía al profesor en silencio, tratando de no mostrarse inquieto ante el avance lento por entre el eclecticismo de ese abandono que iba en aumento mezclando libros con frascos, muebles con mapas y ediciones originales imposibles de leer... y la proximidad de algunos atriles caídos que comenzaron a dificultar la caminata, entre testimonios de una antigua luthiería en los violines, sin cuerdas ni puente, que se dejaron descubrir dentro de estuches de tapas abiertas  olvidadas a diferentes alturas de nuevas estanterías; punto del trayecto al que no dejaban de arribar esos ruidos y sonidos cada vez más audibles, partiendo de los confines de un lugar al que ya era imposible establecerle límites, finales, cuando Weiss nuevamente se detenía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Y eso? - miró hacia adelante, reacomodándose los lentes y poniendo un oído para fijar la mejor audición.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algo más atrás el no docente echaba una mirada de las partículas que giraban en lo alto, a los instrumentos olvidados a los costados, a los atriles desparramados en el piso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No sé si será conveniente que...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Cállese y escuche! - irrumpió el profesor, visiblemente contrariado. Levantó una mano deteniendo posbles intervenciones ... Lo injustamente olvidado parece venir a nuestro encuentro... Los ruidos provienen de más adelante y lentamente se van pareciendo a lso sonidos. Pero....- Entrecerró los párpados y movió la cabeza acompasadamente, mientras sus labios iban describiendo una lenta sonrisa. Después se volvió al no docnete con onos casi desorbitados tras los cristales de aumento -: ¡Preste atención! ¡ No son ruidos! ¡Es música!... Esto tiene que tener una explicación .- Miró a los costados hasta que advirtió que un rollo de papel pautado metido en otra de las estanterías, junto a un soporte de madera sobre el que se apoyaba horizontal una botella conteniendo una embarcación a escala. Con el mismo brillo estremecedor en la mirada, Weiss torció el perfil atrás intentando rescatar detalles de un tránsito inmediatamente anterior por entre el abandono de diversos muebles, divisando a lo lejos el contorno fantasmagórico de varias sábanas -cosidas unas a otras- cubriendo todo aquello que fácilmente podía llegar a tener tres metros de diámetro por otros tres de alto, alzándose y sobresaliendo a un costado del paisaje entre un aparador y otra estantería-. Vamos a hacer una cosa. ¡Venga conmigo!.- El profesor se fue alejando hacia aquel contorno de diferentes aristas seguido, con el mismo apuro que le había transmitido, por un no docente que sin embargo ignoraba el origen de la premura. Cuando se pararon junto a aquel amontonamiento Weiss miró a lo alto y luego al aparado que tenía a su lado-. Hay que quitarle esas sábanas. ¡Ayúdeme!- casi ordenó, alzando un pie. El administrativo entrelazó los dedos de las manos, sostuve entre ellas aquel zapato acordonado y empujó hacia arriba a un profesor que, con algo de esfuerzo, logró subirse al aparador. Por su parte el no docente trepó con dificultad la estantería, procurando introducir el mocasín en uno de aquellos pocos espacios vacíos luego de cerciorarse de que el peso de lo contenido la mantenía firme, inmóvil contra la pared. Ambos fueron levantando aquellas sábanas entrecosidas y agrisadas por el polvo del abandono, de lo olvidado y finalmente ignorado, hasta que las dejaron caer sobre el piso. Trepados en el estante fueron observando aquel amontonamiento del que, de pie sobre el aparador, les iban destacando una silla Imperio, una butaca de diseño Bauhaus años 20, una mecedora Biedermayer, un sillón Regencia... hasta que Weiss se decidió por una pequeña mesa Luis XV y dos sillas Vieja Viena que remataban la cúspide. Primero quitaron una silla, luego la otra y por último con más esfuerzo lograron bajar y dejar sobre el piso la mesa de patas torneadasy más que pálido dorado a la hoja. Con el cargamento regresaron al sector de los atriles caídos, los instrumentos averiados, el rollo de papeles y la botella con alusiones marinas,  que parecía perderse en una eternidad sugerida por el vértice lejano del que venía avanzando, al principio pálido, un efluvio parecido al alba. El profesor Weiss redobló la rapidez de sus movimientos, afinó su poder de concentración en la tarea que se había puesto a realizar sin dejar de tener presente aquel lento avance luminosamente ganado por la curiosidad. Weiss tomó entre sus manos la botella y la trasladó al centro de la mesa, luego desanudó la cinta que ataba aquel rollo y se puso a hojear las páginas plagadas de una gruesa notación musical-.¡Siéntese!- le ordenó al administrativo, quien obedeció de inmediato sin apartar su mirada de un profesor que permanecía de pie, absorto, hojeando aquellos papeles; seriedad científica que se fue atenuando a partir de una creciente sonrisa-.¡Claro! ¡Es la partitura! Pero - meneó la cabeza con una carcajada-...¡le faltan las últimas páginas!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Continuará...&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-7501558420846221461?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/7501558420846221461/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=7501558420846221461&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7501558420846221461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7501558420846221461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/05/sinfonietta-para-profesor-y-funcionario.html' title='SINFONIETTA PARA PROFESOR Y FUNCIONARIO NO DOCENTE'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-8cv7h9uVDuE/TcWHMBj2A7I/AAAAAAAAEAg/OBBd4x_QvoE/s72-c/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-5997706150589651829</id><published>2011-03-31T01:41:00.002-03:00</published><updated>2011-03-31T01:58:13.332-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mujeres'/><title type='text'>Mujer de Reflejos.</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-gzpNqP4p2W8/TZQJts6RVjI/AAAAAAAADgE/rnr-i0yBhZk/s1600/degas_bailarinas.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 372px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-gzpNqP4p2W8/TZQJts6RVjI/AAAAAAAADgE/rnr-i0yBhZk/s400/degas_bailarinas.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5590103718227957298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"&lt;i&gt;Es un libro casi mágico&lt;/i&gt;", volvía a revelar ella, en ese diálogo que retornaba en el sueño de cada uno; y agregaba que "&lt;i&gt;Altera el tiempo; no sé, lo acelera, tal vez, y hasta lo modifica&lt;/i&gt;", reía, y seguía: "&lt;i&gt;Me siento a leer y cuando aparto los ojos del libro no sólo que se fue la luz del día sino que algo en la habitación luce diferente: los objetos parecen cambiados de lugar y hasta yo me veo distinta cuando me vuelvo a parar frente al espejo. Y seguramente por momentos tengo miedo y es cuando pienso en tí y me vienen unos impulsos terribles de llamarte&lt;/i&gt;.""&lt;i&gt;¿Te ves distante?...¿Te vienen impulsos terribles de llamarme?&lt;/i&gt;", interviene él, con algo de timidez súbita. "&lt;i&gt;No distante: distinta...&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Fragmento de "Fábula después de Hoffmann", del libro "Los Reflejos en la Noche"&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La luz de aquella noche&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tu reflejo dibujó&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mas las olas me dijeron&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Que ese no eras tú.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-5997706150589651829?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/5997706150589651829/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=5997706150589651829&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5997706150589651829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5997706150589651829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/03/mujer-de-reflejos.html' title='Mujer de Reflejos.'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-gzpNqP4p2W8/TZQJts6RVjI/AAAAAAAADgE/rnr-i0yBhZk/s72-c/degas_bailarinas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-1988706688699580588</id><published>2011-03-18T03:15:00.000-03:00</published><updated>2011-06-22T12:10:55.320-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Mujer según Guillermo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-xmEKOsxnGRM/TXW80M6MA-I/AAAAAAAADKc/QEM2W1emvO4/s1600/mujer%2Bsegun%2Bguillermo.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 225px; height: 225px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-xmEKOsxnGRM/TXW80M6MA-I/AAAAAAAADKc/QEM2W1emvO4/s400/mujer%2Bsegun%2Bguillermo.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5581574918200099810" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;A todas las mujeres,&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;En su día&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mujer &lt;/div&gt;&lt;div&gt;de río,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;de océano,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;sabes dulce,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;sabes salada,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;escultura de barro,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;escultura de arena,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;dueña de &lt;/div&gt;&lt;div&gt;ojos aguamarina&lt;/div&gt;&lt;div&gt;larga cabellera&lt;/div&gt;&lt;div&gt;vistes&lt;/div&gt;&lt;div&gt;rompeviento&lt;/div&gt;&lt;div&gt;y bikinis turquesa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;FELIZ DIA &lt;/div&gt;&lt;div&gt;A TODAS LAS MUJERES&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Guillermo Lopetegui,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;8-III-2011&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-1988706688699580588?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/1988706688699580588/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=1988706688699580588&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1988706688699580588'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1988706688699580588'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/03/mujer-segun-guillermo.html' title='Mujer según Guillermo'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-xmEKOsxnGRM/TXW80M6MA-I/AAAAAAAADKc/QEM2W1emvO4/s72-c/mujer%2Bsegun%2Bguillermo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-5523139161669396173</id><published>2011-03-18T00:29:00.003-03:00</published><updated>2011-03-18T00:38:44.422-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mujeres'/><title type='text'>Mujer de Crepúsculo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-s1aK_QGaMBc/TYLS0XnbkbI/AAAAAAAADTg/00HpjTpGrrA/s1600/la_llorona.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 267px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-s1aK_QGaMBc/TYLS0XnbkbI/AAAAAAAADTg/00HpjTpGrrA/s400/la_llorona.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5585258285027266994" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;"&lt;i&gt;El pie de la mujer-apenas entrevisto bajo el ruedo del vestido blanco - bajaba con lentitud el siguiente escalón modelado anónimamente en la tierra; el torso se ladeaba con la misma delicadeza de sus manos apoyándose en el resto de baranda construída alguna vez con troncos de eucaliptus; su perfil miraba hacia el Oeste- punto adonde yo también dirigí mis ojos por un momento, para inmediatamente después tomar la visión de aquel lento descenso-y el cabello largo, espeso y rojizo le ondulaba por encima del mantón a cuadros que le envolvía la delgadez.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;Cuando me vio meneó la cabeza y procuró descender más rápido..&lt;/i&gt;."&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;b&gt;Fragmento de  "BRANWEN DE REGRESO" del libro CREPUSCULO DE LOS CAUTIVOS. &lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Está incrédula, claro, no le avisé que estaba vivo; desde aquella tarde cuando desaparecí para siempre, sin avisarle y nunca más supo de mí. Celebro su transtorno, mujer que es tan sólo ahora un contorno dibujado, escultura en papel maché rellena de espuma plast, espuma plast que yo creí corazón, ¿cómo pudo hacerlo? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Que me vea, que entienda de una buena vez que ya fue, que por más que la pinte un artista de renombre, yo sabré que sólo está pintada, no me volverá a engañar! ¿Qué se ha creído, vendedora de quimeras? Es cáncer, es maligna. Y siempre será eso que...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Hola.- Me sacó ella de mis elucubraciones. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Esta mujer no entiende que siempre será una estatua, un contorno? ¿Por qué se empeña en embaucarme, una vez más? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sigo leyendo el libro. Permanezco indiferente. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Es tan soberbia de creer que yo la recuerdo? ¿No entiende que no existe? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bueno, ya se cansará y se irá.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sigo leyendo mi libro. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Espero, lógicamente, un siguiente "Hola". Pero ella no me dice más nada. Espero, tengo toda la tarde, y cuando hable nuevamente, yo permaneceré indiferente. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero, contrariamente a todo lo esperable, intempestiva, sorprendente, ella, no dijo más nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue entonces que comencé a alterarme. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Cómo no me pregunta porqué no le digo nada! ¡Es inadmisible! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una ansiedad dura comienza a poseerme, ¿qué ha creído, que puede invadir mis espacios, aparecer, y todavía no decir nada? ¿Qué pretende? ¡Qué molestia! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue entonces que sucedió. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El pie de la mujer-apenas entrevisto bajo el ruedo del vestido blanco - que había bajado con lentitud el siguiente escalón modelado anónimamente en la tierra; se iba borrando, achicando, mientras el ruedo del vestido blanco permanecía inmutable, el torso que otrora se ladeara con la misma delicadeza de sus manos apoyándose en el resto de baranda construída alguna vez con troncos de eucaliptus; se le iba fracturando,  eran pequeñas explosiones en sus huesos, ella antes erguida, ahora casi sin poder mantenerse en pie, más a pesar del dolor de las infinitas fracturas en su columna, ella permanecía mirando hacia el Oeste-hasta quedar totalmente quebrada, rota. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rota.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aún quebrada inició ahora un lento ascenso de lo descendido, apoyándose para nunca más soltarse, de la baranda de eucaliptus, ahora su eterna compañera, bastón, sin el cual ya no caminaría-y el cabello largo, espeso y rojizo ahora estaba lacio, triste y negro; no le ondulaba por encima de ningún mantón a cuadros que le envolviera la delgadez, es que sin darme cuenta cuando intenté verla, ya no quedaba nada, solo una bruma, una bruma difusa de lo que algún día había ella sido, un holograma llenaba ahora el vestido blanco y el mantón a cuadros. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Estaba rota, y sin yo darme cuenta, esas explosiones en sus huesos, hacían que ella se fuera desintegrando, para finalmente no quedar de ella nada!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue entonces que reaccioné. Pronuncié su nombre. Nada. Grité su nombre. ¡Nada! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desesperadamente me acerqué a lo que quedaba, y abracé a un vestido blanco,  un vestido vacío, faltaba un cuerpo que lo ocupase, ¿cómo podría haber tal fenómeno sucedido? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces me concentré en el lacio, triste y negro cabello, con la secreta esperanza de que ella se dibujase así como se había desdibujado, pero yo abrazaba a un cabello negro, lacio, muy largo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Del sol ya nada casi quedaba, sólo un halo en el horizonte, que increíblemente reflejaba azul en ese negro. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue entonces, que lloré. Lloré como un niño, pero ni siquiera mis lágrimas podían dibujarla, lloré por espacio de tres horas, hasta quedar exhausto, entonces de repente, un hombre que bajaba por la misma escalera de madera, a pescar a la encandilada, divisó mi presencia. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El hombre se acercó. Yo tenía las pulsaciones muy intensas. Él dijo:- Te llevo a un doctor- ¡No!- dije. ¿Acaso no entiendes? ¿Estás agonizando? ¡Quieres morir tu también! ¡Quieres que tu corazón entre en combustión, al igual que sus huesos!- ¿Cómo no hice nada mientras ella se quebraba ante mi? - Hombre, ya no vale llorar sobre la leche derramada. Venga, tío, que lo llevo al doctor.- ¡No quiero! ¡No ve que también yo estoy roto! ¡No vé que mi vida será un calvario porque pude haberla salvado pero mi soberbia y necedad me lo impidió?- No se atormente, todos nos equivocamos, sino no seríamos humanos, sino extraterrestres. -¡No puedo! - Preste atención. Quédese con el recuerdo de la tersura de su piel, de sus ojos aguamarina, conserve esta imagen, no la pase por encima con esta bruma, si la quiso al menos haga eso por ella.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-5523139161669396173?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/5523139161669396173/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=5523139161669396173&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5523139161669396173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5523139161669396173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/03/mujer-de-crepusculo.html' title='Mujer de Crepúsculo'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-s1aK_QGaMBc/TYLS0XnbkbI/AAAAAAAADTg/00HpjTpGrrA/s72-c/la_llorona.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-4127537501177168981</id><published>2011-03-17T21:13:00.000-03:00</published><updated>2011-06-22T12:15:19.254-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos.'/><title type='text'>SINFONIETTA PARA PROFESOR Y FUNCIONARIO NO DOCENTE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-1uLUsWi3ZvY/TZEmHHaQ4bI/AAAAAAAADec/XkQKc--WvDA/s1600/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg"&gt;&lt;img style="cursor: pointer; width: 30px; height: 29px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-1uLUsWi3ZvY/TZEmHHaQ4bI/AAAAAAAADec/XkQKc--WvDA/s400/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589290516233642418" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-znkV4yspfOs/TZEl9z_H-PI/AAAAAAAADeU/-M33JzWIp_I/s400/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" style="cursor: pointer; width: 30px; height: 29px;" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589290356400716018" border="0" /&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-TpJaZmLYVUM/TZEmayKCiiI/AAAAAAAADek/6tA7FT-9lHw/s400/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" style="cursor: pointer; width: 30px; height: 29px;" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589290854125832738" border="0" /&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-IHigdX40-eQ/TZEmowkK5iI/AAAAAAAADes/2_9zyrIyjo8/s400/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg" style="cursor: pointer; width: 30px; height: 29px;" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589291094216730146" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/--xsVHnhLMPQ/TZElxw4cLKI/AAAAAAAADeM/pE786EjwRBY/s1600/1510-1512-vistas-de-un-feto-en-el-c3batero.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 380px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/--xsVHnhLMPQ/TZElxw4cLKI/AAAAAAAADeM/pE786EjwRBY/s400/1510-1512-vistas-de-un-feto-en-el-c3batero.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589290149408943266" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Segunda Entrega&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La escalera tenía sus sinousidades, algo de musgo, tierra y papeles en los descansos. Weiss decía que referencias a viejos sueños. Para el administrativo, en cambio, era una escalera que no tenía nada en particular; le llamaba la atención por el simple hecho de que se trataba de la primera vez que la subía, y esto podía impresionarle por lo desconocido, pero no por algunos sueños. Generalmente no se acordaba de lo que había soñado y dudaba mucho de que en sus posibles sueños se hubiera visto ascendiendo escaleras que no se sabía exactamente adónde podían conducir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Weiss le seguía hablando de reminiscencias de lo raro. Pero el administrativo no le decía nada; no tenía porqué decírselo cuando ese lugar se le antojaba como apenas otro rincón de la facultad, si bien imposible de visitar... hasta el profesor Weiss. Llamaban la atención, sí, las ventanas - todas con las celosías bajas- y los veintiocho o treinta metros de largo, lo que quería decir que allí se encerraba mucha cosa. El profesor Weiss emitía sus opiniones con tranquilidad y habiendo recuperado la ironía en el hablar, lo que llevó al funcionario no docente a pensar que lo estarían utilizando, si bine fue una duda momentánea.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cruzar el jardín, reconocer lo vivido en otra existencia,¿lejana?¿cercana?, al encontrar las sinuosidades de la escalera, rozar el musgo y repisar los papeles estrujados sobre los descansos: así continuaba hablando el profesor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La entrada estaba efectivamente clausurada. Para descubrir el picaporte fue necesario agacharse y mirar al costado porque, a su vez, contra la puerta se apoyaban listones de una madera que parecía estar estacionada hacía siglos, dos puertas -que seguramente  habrían cerrado o abierto otros recintos imposibles de ubicar o que ya no existirían- y una plancha de acero. Todo esto no estaba previsto: la perspectiva desde el otro edificio- que el profesor y el no docente habían dejado atrás-hacía imposible el que pudiera saberse qué características tenía la clausura de la entrada a eso que ahora tenían a escasos centímetros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Weiss dejó escapar un poco de aire sonoro entre los dientes; sus ojos iban de un lado al otro de las órbitas analizando los listones, las dos puertas reclinadas una sobre la otra, la plancha de acero caída pesadamente sobre los demás obstáculos. Existían dos posibilidades y aventuró una, tal vez con el secreto deseo de poner a prueba al administrativo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Nos vamos Nos tendríamos que ir,¿no?Dejaríamos todo y...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Pero ya que estamos...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La plancha de acero cedió su pesadez y la apoyaron contra una de las paredes laterales, tapándola luego con las dos puertas y dejando por último los listones en el piso, tarea en la que procuraron no hacer ruido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El profesor se palpó los bolsillos de su túnica celeste, los de su pantalón gris y sonrió ante el tintineo de las dos llaves que abrían, una el candado y la otra la puerta de madera gruesa trabajada con rostros de fábula enmarcados por guirnaldas entrelazadas. Colocó una de las Star dentro de la cerradura del candado y giró una vez el puño hacia la derecha, presionando con más fuerza hasta que sintió en la palma de su mano el golpe seco de que algo se destrababa. Se guardó el candado en uno de los bolsillos de su túnica, inmediatamente después introdujo la llave en la cerradura de la puerta, la giró dos veces y con suma tranquilidad empujó hacia abajo el bronce del picaporte con cabeza de grifo cubierta de polvo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Teóricamente la puerta ya estaba abierta.  Weiss le dio un empujón brusco y tosió por las partículas de polvo - y hasta de secretos, fue la súbita suposición que le invadió al administrativo - que con cierta lentitud comenzaban a girar cerca de la salida del recinto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El profesor no abrió del todo. Le sugirió al no docente que entrara primero porque él se íría hasta la escalera para asegurarse de que allá abajo no estuviera merodeando nadie.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y lo que había calculado Weiss podría ser cierto: casi treinta metros de largo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Diez de ancho más o menos, ¿no?-opinó el administrativo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Diríamos que sí; no puede tener menos.-Weiss se sacudió las manos y las pasó por su túnica  en procura de que no le quedaran restos de polvo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La puerta permaneció entornada: intermediaro forzoso entre la luminosidad que apenas llegaba del exterior - de listones, puertas, plancha y proximidad de una escalera oníricamente subida minutos antes- y los resplandores ocres que desde algún lugar iban a depositarse en lso libros colocados en bibliotecas de madera termciada y anaqueles que se adosaban a los fustes de columnas a veces dóricas, otras jónicas o corintias y hasta salomónicas que, enfrentadas, comenzaban por formar un largo y amplio pasaje en elque flotaba la humedad mezclada con el olor a impresos antiguos. Más adelante, a diferentes alturas de los estantes suavemente curvados, los volúmenes se espaciaban dejando lugar a varios frascos de diverso tamaño conteniendo partes que habían pertenecido a un todo y a las que al funcionario no docente no se le podía ocurrir otorgarles ningún nombre más allá de que el profesor Weiss los supiera o no. Uno de aquellos frascos retornaba a su sitio, flanqueado por dos tomos pertenecientes a una enciclopedia que nada más había vuelto a consultar y de la que el docente negaba haber tenido noticias hasta ese momento; tampoco suponía la existencia de frascos, si bien manifestaba que "intuía" todo aquello cuando el salón de clases quedaba desierto de alumnos y él se inquietaba ante la certeza de que había un sector de la facultad cuyo acceso había sido vedado a partir de determinada época difícil de establecer. Entonces, tratando de disipar la inquietud, el rpofesor inventaba pasatiempos: comenzaba por dar vueltas en círculo entre el pupitre y los primeros bancos; después iba saltando en un pie a lo largo de uno de los pasillos formado por las filas de asientos rayados de birome y al llegar a la otra punta giraba y regresaba por un pasillo diferente hasta que bordeando el pupitre se iba a detener en el pizarrón, donde gastaba varias tizas trazando tatetís. Eran épocas en las que el no docente apenas reparaba enla certeza de que después del jardín estaba lo que finalmente los había convocado; lo que hace tiempo dejó de ser una preocupación para el decanato y el cuerpo docente en general, y que posteriormente olvidaron y luego ignoraron las últimas generaciones de estudiantes, encargados de Bedelía, compañeras de la oficina de Personal y cuidadores de los diferentes turnos. Claro que tampoco Weiss - pese a esa inquietud sólo atenuada por pasatiempos secretos-había podido especular extensamente en torno a la porción clausurada de la casa de estudios. "¿Qué tiempo puede quedar para lo realmente importante, cuando uno tiene que cumplir con las malditas clases en donde se supone que porque se es el grado máximo y se tiene el tope de horas semanales los conocimientos que uno trasmita srán bien recibidos?... En cambio, lo único que se recibe es un catálogo despiadado de objeciones respecto a tal o cuál autor, tal u cuál teoría, ¡cuando no respecto a nuestro métido de trabajo o incluso a nuestra persona! ¡Inaudito!¡ Y uno que tenía que seguir ahí! ¡asistiendo religiosamente cuando por el otro lado estaba esto!...¡Claro que no había tiempo!" Y a medida que se alejaban de la puerta entornada; a medida que avanzaban por entre los nuevos libros que a veces servían de marco a la presencia de otros frascos cada vez más grandes y contenedores de líquidos policromos en los que flotaban partes que quizás hubieran pertenecido a un todo, Weiss creía conveniente agregar: "Puedo asegurarle que jamás había estado en este sector de la facultad, si bien la tentación apareció y se estableció en mí a partir de una vez en la que regresaba de la biblioteca y cruzando el jardín fui enlenteciendo los pasos para observar más detenidamente qué era lo que se alzaba por detrás de los árboles. A partir de ese momento empecé a comprender que reingrear al aula, desde la calle pero más aún desde la biblioteca , era la forma inesperada que la agonía adoptaba para mí. Finalmente había tomado concienciade que existía esto, inserto de manera misteriosa en todo aquello que se supone que es su lugara de trabajo y el mío. Muy bien" continuabla , mirando brevemente a su alrededor,"es cierto que si abriéramos todas las ventanas desde aquí podríamos ver el jardín, el muy original edificio destinado a la biblioteca y, en fin, el resto de la facultad... Pero son lugares que ya no pertenecen a esto que transitamos y en donde vamos siguiendo o deteniéndonos, percibiendo u observando, tocando o tomando, hojeando o leyendo, descubriendo o reencontrando. Aquello es el viernes; con el sol de tal vez las cuatro de la tarde y algún estudiante que todavía se encuentre bajo la sombra de un pino o jacarandá durmiéndose sobre cualquiera de las Sitiations sartreanas o profundamente abstraído en las Aventuras de Isidoro, a la espera del timbre de entrada a la única materia porque seguramente no se encontró nada mejor para hacer". Después de una pausa el profesor extendía los brazos uno en dirección a la puerta lejana y otro a los confines de aquel pasaje que corría entre bibliotecas: "Aparentemente todo parece pertenecer a lo mismo. Aparentemente".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Por qué no, realmente?- comenzó a impacientarse el no docente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Weiss devolvía a su lugar un diccionario de latín-francés y boscaba otros lomos, leía otros títulos a través de sus lentes diminutos. Sonreía mientras acercaba su interés a un volumen sobre la música en el siglo veinte y dejando correr sus páginas, deteniéndose en alguna de ellas, exclamaba junto al administrativo: "¡Ah! ¡la segunda escuela vienesa! ¡la antesala de la desintegración tonal!... ¡ Schönberg, Berg y Von Webern! ¡La Harmonialhere y el sistema dodecafónico!... Pero", se volvía brevemente al administrativo, "prefiero al primer Schönberg: la Sinfonía de cámara, o Noche transfigurada en su versión original para cuarteto de cuerdas, sin dejar de reconocer, claro", se erguía y alzaba la mirada a las proyecciones externas de una consideración muy particular, "que los Contactos de Stockhausen para sonidos electrónicos sigue siendo una revelación y las Voci, de Berio ¡toda una celebración de las cuerdas!".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Cierto. Podría ser "realmente" y su aporte igual vale - retomó el profesor Weiss levantando los ojos por encima de los cristales de aumento. Metió el libro en otro estante y siguió caminando seguido más atrás por el funcionario no docente a quien apenas le enseñó su perfil, entredeteniéndose y reflexionando en voz alta-Aunque también aceptando el "realmente" estaríamos relativizando el hecho trascendente de encontrarnos por fin aquí: tragando polvo, hojeando volúmenes de tapas desgastadas, y extasiándonos frente a los diversos contenidos de todos esos frascos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El profesor consultaba rápidamente su reloj.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué hora es?- balbuceó por reflejo el no docente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-La hora no importa-contestó casi despectivamente Weiss. Luego meneó la cabeza- Pero para su tranquilidad le informo que recién pasaron tres cuartos de hora. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acto seguido, y ante el asombro del no docente, el profesor se quitaba el reloj y lo echaba sobre uno de los anaqueles. Sin embargo, el administrativo creía conveniente no hacer ningún tipo de comentarios y Weiss tampoco los esperaba. Así proseguían, avanzando hacia la búsqueda y el encuentro y de nuevo la búsqueda, obedeciendo al llamado que el profesor decía ahber tenido y que por extensión también le competía al no docente, quien por los momentos detenía su atención y sus pasos ante una montaña de revistas científicas de fines del siglo pasado. Luego adelantaba los pasos y dejaba que el profesor continuara intensificando su éxtasis frente a los títulos que seguía encontrando-impresos o labrados en tomos gruesos y resquebrajados- correspondientes al sector de tratados que hablaban de plasmas trasudados y telarañas de nervioso que crispaban las manos de dibujos viejísimos en anatomías fantasmagóricas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Allí comenzaron los ruidos: en el inicio de la internación por un sector a cuyos lados casi exclusivamente se ubicaban frascos de tamapo mucho mayor que los que lentamente iban quedando atrás, si bien conteniendo siempre aquellos líquidos en los que flotaban restos de diferentes proyectos: de lo que había podido encontrar de forma indefinida, una existencia independiente de aquel recipiente quelo apartaba para siempre de la dinámica vital, contidiana; fragmentos de estudios interrumpidos;  tratados ocultos; quizá el producto de muchas horas dedicadas al interés por las auscultaciones secretas, según Weiss.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡Allí!- señaló, abandonando por un momento las especulaciones-. ¡Allí mismo!... ¡Analizando el contenido de ese frasco estoy seguro de que vamos a encontrar explicaciones a enigmas que era preciso que nos plantáramos tarde o temprano!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Se supone que es, bieno, un o de los tantos frascos de los que usarían los otros profesores y los estudiantes en la cátedra- opinó el administrativo, volviéndose a aquel recipiente que sobresalía de los demás y que el profesor no dejaba de señalar. Después se aproximó al frasco y se agachó, interesándose por aquel "antiguo caso de teratología", como se lo aclaró al no docente casi en un susurro mezclado de admiración ante eso que giraba impresionable en la densidad del compuesto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Weiss apoyó el índice de uña amarillenta en el vidrio opaco. Aguardó a que aquella inexpresividad flotante se enfrentara a él. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡Venga y observe!- tiró de una manga de la camisa del administrativo obligándolo a que también se agachara-.¡Observe bien!... Pudieron ser las orejas, la nariz, el mentón, la frente, como somos -enfatizó - Ud. y yo. Pero no. Esas traiciones de la creación convirtieron una futura historia personal, con sus alegrías y desdichas, plenitudes y angustias, encuentros y desencuentros en ese lamentable cúmulo de protuberancias que ahora los dos estamos observando. Sin embargo-cambió de posición, se arrodilló, redobló su atención y meneó la cabeza consoladoramente- Fíjese en las cuencas de contornos desiguales, en esas dos bolas amarillentas con un leve iris oscuro en el centro, en esas membranas parecidas a párpados entrecerrados...- Respiró hondo y frunció el ceño-: En esa posible referencia a una mirada está el nacimiento y el deceso de lo que no pudo llegar a ser, a pensar, a observar, a interesarse,  y que unido a un cuerpo inexistente podría haberse desplazado , buscado, encontrando, palpando un frasco en donde por suerte no están flotando proyectos truncos de usted o de mí o de los dos, sino que por esa gracia del Destino somos nosotros los observadorse e incluso los que nos podemos llegar a inquietar ante el descubrimiento de un caso que no es el nuestro. - El profesor Weiss se puso de pie seguido por el funcionario no docente-. Tenemos la suerte de dejarlo ahí. que siga flotando indefinidamente;la suerte de que esté en nosotros la posibilidad de tomar o desechar uan dirección a nuestro antojo; la posibilidad para nada remota de que sigamos internándonos hasta los confines mismos de esto que del otro lado de esas ventanas cerradas llaman "el ex Salón de Actos"... En definitiva nos tocó el hecho innegable de estar de este lado- volvió a enfatizar - del vidrio opaco de ese frasco de contenidos teratológicos. Y me parece-finalizó, echando una mirada general al entorno- que es una oportunidad que no debemos desaprovechar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Continuará...&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-4127537501177168981?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/4127537501177168981/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=4127537501177168981&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4127537501177168981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4127537501177168981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/03/sinfonietta-para-profesor-y-funcionario_28.html' title='SINFONIETTA PARA PROFESOR Y FUNCIONARIO NO DOCENTE'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-1uLUsWi3ZvY/TZEmHHaQ4bI/AAAAAAAADec/XkQKc--WvDA/s72-c/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-378202824497812459</id><published>2011-03-17T14:06:00.000-03:00</published><updated>2011-06-22T12:08:43.006-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos.'/><title type='text'>SINFONIETTA PARA PROFESOR Y FUNCIONARIO NO DOCENTE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-UbadJs_di8g/TYjxh-ziesI/AAAAAAAADZE/w98HOjwqp-U/s1600/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg"&gt;&lt;img style="cursor: pointer; 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  &lt;w:lsdexception locked="false" priority="21" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Emphasis"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="31" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Subtle Reference"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="32" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Reference"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="33" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Book Title"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="37" name="Bibliography"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" qformat="true" name="TOC Heading"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-priority:99;  mso-style-qformat:yes; 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 &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;M&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;e encuentro en este cuento, con la sorpresa de poder adjudicarle al  escritor Guillermo Lopetegui un “valor agregado” a su obra; la  &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Literatura Fantástica&lt;/span&gt;.Valor absolutamente ratificado y con creces. El  cuento  pertenece  ineludiblemente al género fantástico. “Sinfonietta…”  dispara vuelos a los cuales, nada Rad Bradbury debería haber envidiado. &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;.  &lt;/span&gt;Lopetegui ha logrado, diríamos sin proponérselo crear, sin pecar de exagerados, uno de los Mejores Cuentos Fantást&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;icos de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;la ú&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;ltima década del siglo XX.&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; &lt;/span&gt;Pertenece al libro "Crepúsculo de los Cautivos", del cual ya (lamentablemente) no se disponen ediciones.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;Por tal motivo, a Uds.  brindaremos el cuento, por entregas ,a través de este espacio,  con el cometido de que no se pierdan de disfrutar, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;vivenciar  , esta prosa magistral donde nada ha sido puesto por azar, el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Mejor Cuento Fantástico de Guillermo Lopetegui&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: right;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A/P Anna Donner Rybak&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Primera Entrega&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Poco antes de finalizar el año, una paulatina inasistencia a los cursos va instaurando el vacío en las tardes de la facultad. El silencio de viernes pasado el mediodía gana los corredores en los diferentes pisos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y muchas de las puertas que conducen a los departamentos y las clases quedan cerradas, a excepción de la perteneciente a la Secretaría Administrativa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Llegó la hora de encender la garrafa y poner agua a calentar. Generalmente echa tres cucharas de yerba en el porongo que la semana pasada se le cayó al piso de baldosas, rajándose debido a la yerba humedecida que aún tenía del día anterior. Lo refaccionó con diez grapas y cinta aisladora, a la espera de que el arreglo aguante por un buen tiempo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Pero en tanto la tapa de la caldera no se empiece a agitara restan algunos minutos para salir al corredor del primer piso, caminar y apoyarse en la baranda que da al jardín, en medio del que se alzan los contornos del templo desacralizado cuando era capilla del colegio de monjas que ya no está y ahora contiene a la biblioteca. Más atrás de la vegetación y de la arquitectura religiosa –rematada en campanario silenciado hace años pero con ausencias de cruz- se extiende otro cuerpo de la facultad al que nadie visita ni puede visitar: el ex Salón de Actos, hoy depósito de objetos prescindibles. Pero la memoria docente y funcionarial no registra quien clausuró la puerta de acceso: si la congregación antes de venderle los locales al gobierno de la época o el último decanato previo al golpe militar o las primeras autoridades de la enseñanza subordinadas al Proceso. Se sabe que las últimas fueron las que se encargaron de hacer una limpieza general tanto de gente como de cosas. Ya nadie recuerda. Incluso, uno bien podría ponerse a pensar – volviéndose al vano de puerta abierta que proyecta un mostrador y al fondo, bajo los ventanales, un mueble ferruginosos al que llaman &lt;i style=""&gt;fichero&lt;/i&gt;, una mesita en la que se apoya la &lt;i style=""&gt;Underwood&lt;/i&gt; de 1926 y la mesa con garrafa, mate y yerba que quedó hinchándose- en cómo llegó a eternizarse en ese cargo de administrativo de último grado. Pero con recordar no se adelanta nada. En cambio es preciso retornar del paseo corto por el corredor porque la tapa se deja oír agitándose sobre la caldera. La garrafa ya está apagada, el agua en el termo, el mate pronto para la primera cebadura y la silla arrimada contra uno de los ventanales que dan a la calle, la que parece despeatonalizada cuando son las dos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y media de la tarde. Un antebrazo apoyado sobre el ángulo de la mesada proporciona la necesaria comodidad para abrir el &lt;i style=""&gt;Reader’s&lt;/i&gt; y continuar con la lectura de un condensado que empezó a leer la semana anterior. Trata sobre la circunnavegación del globo terráqueo que un australiano emprendió en su velero, por lo que se encontró protagonizando un sinnúmero de aventuras que en más de una oportunidad pusieron en riesgo su vida.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Esto es lo que tiene de bueno leer: proporciona distracción y uno se aleja de otros problemas que no se sabe si terminan resquebrajando algo de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;manera definitiva, o si por el contrario podrían definirse simplemente como “cuestiones del momento.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Las tres y media de la tarde.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Todavía restan tres horas y media más allí adentro, aunque a decir verdad últimamente no existe mucho entusiasmo por salir corriendo a marcar ninguna tarjeta y desaparecer hasta la media mañana siguiente. . No hay motivos para eso porque cuando hace cuestión de quince días se suscitó una nueva discusión con la novia, lo que originó el rompimiento al parecer definitivo. Esto lleva a que uno se tenga que rehabilitar a aquella disciplina de cuando no existía ningún otro compromiso afectivo que el de regresar a casa de los padres y desde las siete de la tarde hasta las nueve de la mañana no cumplir sino con la tarea de esperar la cena, por ahí ver alguna película en la TV –principalmente las de acción y sobre todo las de Charles Bronson haciendo de vengador anónimo o triturador-, acostarse, seguir leyendo el &lt;i style=""&gt;Reader’s&lt;/i&gt; hasta las dos de la madrugada, dormirse y a las ocho apagar el despertador para empezar a levantarse, con cierta pereza, treinta años después.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Difícil que la ex novia&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;vaya a llamar a la Secretaría y mucho menos a la casa de sus&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;padres. El último encuentro fue para tomar un café en un bar de la esquina de la calle transversal a la avenida donde ella habló tranquilamente, pero sin pausa alguna, por espacio de casi una hora y media-cronometrada disimuladamente por ese reloj al que se le consultaba de vez en cuando- explicando las razones que necesariamente debían llevar al rompimiento y donde aseguraba que no habría marcha atrás. De la otra parte no hubo contestación: menos aún en forma de réplica. Tuvo que haberla, pero las palabras se negaron a salir y más adelante se tradujeron en pensamientos y lucubraciones que solo la lectura del condensado podía atenuar, hacer a un lado, disipar aunque más no fuera durante las horas de la tarde y parte de las de la noche.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Andar de tratos con el silencio fue la constante de los días siguientes-si bien las varias estaciones del compromiso amoroso le habían ido borrando, casi sin advertirlo, las propuestas apasionadas, luego la autodefensa imprevista y por último las reacciones contestatarias-, y cuando terminaba la tarea en la Secretaría: cuando tanto la insoportable directora como el no menos insoportable decano y su comitiva abandonaban la facultad al mediodía, abría el “táper” con la comida preparada por la madre y el almuerzo le llevaba no más de media hora. Después venía y viene siempre la caminata por el corredor, hasta que el vapor comienza a agitar la tapa de la caldera.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Ese viernes, sin embargo, con un chistido resolvió abandonar momentáneamente la sala de lectura y con el termo y el mate salió al reencuentro del corredor, apoyando cierto indefinible malestar contra la baranda y mirando hacia el jardín, cuando se oyeron unos pasos que se venían acercando. Miró a su izquierda e inmediatamente reconoció la figura enjuta, el rostro de nariz aguileña, la cabeza de encrespados rojos y los lentes diminutos del profesor Weiss. No sabía de qué era profesor, pero nunca se la había ocurrido preguntar y hasta cierto punto reconocía que no le interesaba en absoluto.. Algunos lo tenían por loco, otros por extraño, los extremistas de derecha por cobarde y los de izquierda por marioneta de la dictadura. Lo cierto es que se trataba del profesor Weiss quien se acerca, apoya una mano en su espalda y le dice que lo nota “tristón”. Sí, podría ser. Tal vez se deba que hace quince días dejó con la novia. ¿Por qué más podría estar “tristón”?, es el reconocimiento ante un docente extrañamente entrometido e insistente, correcto en sus ademanes aunque de hablar irónico y de tono inalterable.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;El profesor Weiss se yergue junto a la baranda. Se quita los lentes y los empaña con el aliento, limpiándolos con un pañuelo tan diminuto como esos dos cristales de forma rectangular. Aguza la mirada hacia el edificio de la biblioteca. Se inclina levemente y parece que le está prestando atención al otro, el que se extiende no se sabe cuántos metros y que contiene al ex Salón de Actos o lo que pueda seguir existiendo en su interior, impenetrable por la puerta que clausuraron hace años. Se vuelve a colocar los lentes y le sonríe.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-¿Le parece que el rompimiento sea algo tan difícil de aceptar?- Pero sin aguardar respuesta el profesor Weiss inmediatamente formulaba otra pregunta, siempre con esa vaga ironía que sin embargo no resultaba molesta: que en todo caso movía a confusiones-:¿Había planes de casamiento a corto, mediano o largo plazo?-Bueno, no, no se había hablado de casamiento , pero ya iban para cinco años de novios-.¿Y con eso qué me quiere decir?-hablaba retórico el profesor. Pero reconociendo inmediatamente que tal vez había estado un poco duro y sin esperar ninguna respuesta, asentía sonriente con los párpados entrecerrados y agregaba con seriedad-: ¿Fue de mutuo acuerdo o quién de los dos dejó al otro? Es importante saber eso-borraba su sonrisa y parecía auscultar las pausas con interés científico. Hasta que se enteraba de que fue la otra parte la encargada de producir el rompimiento, que esta vez amenazaba con ser el definitivo porque jamás habían estado quince días sin hablarse, sin saber uno qué era de la vida del otro. Entonces Weiss se acercaba un poco más y arqueaba una ceja-:¿Reconoce que tenían problemas?¿que estaban un día bien y tres mal?¿que a veces las conversaciones quilométricas no conducían al resultado esperado, esperado aunque sea por usted, y que después el saldo amargo de esas horas de tira y afloje se traducían en una perpetua incomodidad con la que lo largaban solo de regreso a su casa, con esa ansiedad por que el teléfono suene o tal vez una carta y no pudiéndose concentrar bien en otros menesteres?...-El profesor interrumpía aquel crescendo tonal de preguntas acompañadas de un firme mirar a los otros ojos que iban y venían de la visión del jardín a la de los interiores de la Secretaría administrativa, reconociéndose entonces que por lo menos ahora esa ansiedad había pasado y en todo caso quedaban las dudas, las interrogantes, aunque esto ocurría dentro de una tranquilidad lentamente recuperada-.¿Entonces?-alzaba los hombros y después los dejaba caer-.¡Considérese afortunado! El Destino le devolvió al principio la tranquilidad e inmediatamente después la libertad, sin necesidad de que usted haya tenido que herir a nadie. El mundo no se termina por un quinquenio amoroso. ¡Le tengo una noticia!-Los otros ojos lo miraron extrañado-¡Hay vida después de su ex novia!- Inmediatamente señalaba con un índice de uña amarillenta-:¿Tiene algún otro tipo de compromiso o actividad, fuera de lo que hace aquí?-Pero no le habían entendido la pregunta-. Me refiero a si existe alguna otra mujer, lo que a juzgar por su semblante deduzco que no, o si tiene algún otro trabajo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;o por ahí sigue estudios nocturnos.-Y volvía a arremeter con las preguntas, aguardando esta vez interesado en que se las contestaran todas-:¿Tiene hermanos?¿Existe entre usted y su familia estrecha relación?- Bueno: mujeres no había; otros estudios después del ciclo básico, tampoco; ni hermanos; ni una relación con los padres que sobrepasara los límites normales: se llevaban bien aunque no había mucho diálogo que digamos. Weiss asentía con una sonrisa, recuperando la visión del edificio clausurado que se extendía por detrás de la biblioteca y por encima de la vegetación del jardín-. Perfecto. Esa es su situación-lo volvía a mirar fijamente, metía las manos en los bolsillos de su pantalón apoyándose en las puntas de sus zapatos acordonados y se dejaba caer, en todo su peso sobre los talones-. La mía es la siguiente. Aparte de ser profesor y catedrático, tildado con toda clase de adjetivos y epítetos, soy soltero y de más estaría decirle que no tengo hijos. Hace tiempo que vengo planeando algo y el destino me dice que usted es la persona indicada. Es más-alzaba el mismo índice-: creo que le ha llegado la hora de ser llamado por el destino, el Destino con mayúscula-rectificaba-,y que este –arqueaba los labios hacia arriba, abría más los ojos e inclinaba levemente su cabeza hacia un costado-…se encarne en mí.- Le pasaba un brazo por la espalda y con los dedos de la mano derecha presionándole el hombro, lo atraía hacia sí. Luego alzaba el mentón y le señalaba el edificio entrevisto más allá de la biblioteca. Pero no entendían el gesto del profesor, mirando a la vez aquella porción casi olvidada de la facultad. Weiss, entretanto, lo liberaba de la presión de sus dedos en el hombro y apoyaba las manos en la baranda-.En ese lugar se encierra mucha cosa. Estoy seguro.-Sin embargo no debería ser muy importante porque habían clausurado la entrada hacía tiempo y ni cuidadores dejaron… Pero imprevistamente parecía que se recordaba algo y respetuosamente se le pedía a Weiss que aguardara unos instantes. El no contestaba y mantenía el perfil fijo en aquel edificio alargado, de dos pisos; el que le interesaba era el segundo, con los postigos de todas sus ventanas cerrados ya no se sabía desde cuándo. Y a medida que se alejaba hacia la Secretaría Administrativa volviéndose de reojo al docente, pensó que la tarde esa el destino no había tenido mejor idea que obstaculizarle la existencia con la aparición del profesor Weiss. Entró a la oficina, giró en círculos, se restregó las manos, caminó hasta la mesada, cerró el &lt;i style=""&gt;Reader’s &lt;/i&gt;de lectura del condensado interrumpida y lo cambió de sitio, pasó los&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;dedos por el teclado de la Underwood, observó la montaña de fichas que tenía para reordenar alfabéticamente y reconoció que era una tarea a realizarse sin apuros; perfectamente postergable hasta la semana siguiente. Dejó el termo y el mate junto a la garrafa de caldera tibia, echó una mirada circular a la atmósfera inalterable de la oficina y la detuvo en la entrada de puerta completamente abierta al principio, pero que él había entornado no sabía exactamente por qué. Apenas se asomó a la salida: allí contra la baranda, el profesor Weiss seguía inmóvil con la mirada puesta en ese edificio del que el funcionario no docente jamás se había interesado en todos sus años de administrativo, salvo por simples curiosidades más que pasajeras. Y por un momento lo inquietó algo: la certeza de que, aparte de sus ideas o planes referidos al ex Salón de Actos, Weiss estaba allí, contra la baranda, inmóvil de frente a lo que se presentaba más allá del jardín, esperando su regreso. Bueno, era asunto de seguirlo para el lado que disparara. Abrió completamente la puerta y avanzó hacia el profesor-.Es importante, sí-hablaba Weiss intuyéndolo y entreviéndolo nuevamente próximo a él-. Allá quedó todo un testimonio desperdigado del que es preciso buscar los fragmentos…&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-¿”Testimonio desperdigado”? ¿De qué?- pretendió interesarse el administrativo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-De nosotros mismos: de cuando la existencia se nos presentaba en partes iguales de placer y dolor, alegría y tristeza, luz y sombra, arrojo y temor, pureza y pecado, realidad y fantasía.-Se volvió al funcionario no docente con una sonrisa poco tranquilizadora-:El terror de lo bello, la belleza de lo terrorífico…- El profesor Weiss apoyó sus manos en los hombros del funcionario no docente-: Por favor, ¡ayúdeme!¡Tenemos que reencontrar todo eso, si no nos matará el hastío que es peor que la misma muerte! Estoy seguro de que en los interiores de aquello usted hallará una parte suya que jamás se le ocurrió pudiera existir, que está en usted y de la que usted hasta hoy no tenía noticia alguna.-El profesor consultó su reloj-. Es una oportunidad inmejorable porque prácticamente se terminaron las clases. Hace unos días-agregó, recuperando la serenidad con un respiro hondo- pude conseguir las dos llaves del ex Salón de Actos, luego depósito y finalmente llamado que nos hacen a usted y a mí para que nos lancemos a buscar lo que merece ser reencontrado. Pero –repuso-, si usted está dispuesto a aceptar esta invitación lo único que me resta preguntarle es si tiene alguna otra tarea pendiente, impostergable…&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-Hay que reordenar unas fichas; son un montón. –El administrativo se inquietó-: ¿Por qué me lo pregunta?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-Para poner manos a la obra-se entusiasmó Weiss.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-¿Manos a la obra? ¿Cuándo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-Ahora.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Continuará...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-378202824497812459?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/378202824497812459/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=378202824497812459&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/378202824497812459'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/378202824497812459'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/03/sinfonietta-para-profesor-y-funcionario.html' title='SINFONIETTA PARA PROFESOR Y FUNCIONARIO NO DOCENTE'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-UbadJs_di8g/TYjxh-ziesI/AAAAAAAADZE/w98HOjwqp-U/s72-c/estrella%2Bamarilla%2B5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-5324871434690784116</id><published>2011-02-07T07:39:00.007-02:00</published><updated>2011-03-29T08:24:13.130-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Librería'/><title type='text'>***NUEVO*** ANTOLOGIA El primer libro digital de Guillermo Lopetegui</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(204, 0, 0); "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;NUEVA VERSIÓN&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-90JVYRMYfvw/TZG_4J5UaCI/AAAAAAAADe8/o3pSFrA4wYA/s1600/tapa%2Bantolog%25C3%25ADa%2Bnueva.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 278px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-90JVYRMYfvw/TZG_4J5UaCI/AAAAAAAADe8/o3pSFrA4wYA/s400/tapa%2Bantolog%25C3%25ADa%2Bnueva.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589459583993407522" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-vcXaRhrQmxw/TZHAcLUuk7I/AAAAAAAADfE/VeCcsOfpuM4/s400/contratapa%2Bde%2Bantolog%25C3%25ADa%2Bnueva.jpg" style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 278px; height: 400px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589460202852094898" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Guillermo Lopetegui presenta &lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;b&gt;ANTOLOGIA&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;; su primer libro digital. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;NUEVA VERSIÓN.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Se trata de un paseo por su obra: Es una selección de Cuentos, Poesia, Ensayos y Columnas, del polifacético escritor, quien también es periodista. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Ya está DISPONIBLE para descargar, hacer click en la tapa&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TU_BErPT2gI/AAAAAAAADDE/yznUZO_gFmk/s1600/portada.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TU_BErPT2gI/AAAAAAAADDE/yznUZO_gFmk/s1600/portada.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-5324871434690784116?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/5324871434690784116/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=5324871434690784116&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5324871434690784116'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5324871434690784116'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/02/nuevo-antologia-el-primer-libro-digital.html' title='***NUEVO*** ANTOLOGIA El primer libro digital de Guillermo Lopetegui'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-90JVYRMYfvw/TZG_4J5UaCI/AAAAAAAADe8/o3pSFrA4wYA/s72-c/tapa%2Bantolog%25C3%25ADa%2Bnueva.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-4292571243152664116</id><published>2011-01-04T19:21:00.005-02:00</published><updated>2011-01-05T17:31:04.478-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Notas.'/><title type='text'>Guillermo Lopetegui: ¿Un estilo?</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TSOToj5mRJI/AAAAAAAAC90/qPN3FRAcLN4/s1600/Edad%2BMedia%2BVida%2Bcotidiana%2BBrueguel.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TSOToj5mRJI/AAAAAAAAC90/qPN3FRAcLN4/s400/Edad%2BMedia%2BVida%2Bcotidiana%2BBrueguel.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5558448690146198674" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No sabría aseverar a ciencia cierta si Guillermo Lopetegui debería tener UN estilo. ¿Acaso Sting tiene UN estilo? ¿Acaso Elton John tiene UN estilo? ¿Acaso Alan Parsons tiene UN estilo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tales preguntas fundamentan que Guillermo Lopetegui debería tener (al igual que ellos) los estilos... Necesarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alan Parsons ha hecho desde rock sinfónico, deviniendo hasta aquellas lentas baladas de los ochenta. ¿Qué tienen en común "Silence and I" con "Don't answer me" o "Some other time"? Distintos estilos musicales, y también distintos estilos literarios en las letras de sus canciones. "La Sagrada Familia" revela un mensaje diferente al de "Freudianna", y "Don't answer me" revela un mensaje distinto a las precedentes. Rock sinfónico, balada lenta, y un piano que anticipa el arribo de algo grande, importante, como el estribillo de "Some other time". Los contenidos se hamacan entre el significado de un edificio y lo sagrado, un amor complicado y la locura. Pues, Alan Parsons es polifacético. Guillermo Lopetegui; también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el porvenir virgen que aguarda al resto de su obra (que nos queda por conocer,) me atrevería a aseverar que quizá además de la prosa barroca y arpegiada, descriptiva y detallista, (poéticamente detallista), y un fantástico absolutamente genial, (del cual nadie podría dudar de que se trata de un fantástico), se de tanto movimiento en ese arpegiado barroco, que quizá  devenga entonces en algo similar al rock sinfónico, y entonces se  genería algo diferente de todo lo anterior. ¿Quién nos asegura entonces que no se desvelará en él algún otro estilo? Guillermo Lopetegui es genialmente polifacético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, sus cuentos tienen algo en común. Cada uno, desde su particularísimo y origninal modo, es absolutamente revelador. Sorprendente. No deja ningún tema en el olvido, todos en cierta medida son tratados y desmenuzados, eso sí, dentro de los cuentos, lo que cambia es el tema "protagonista".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las tapas de sus libros son entradas a un teatro. Pasar por ellas es vivir la historia. Y sufriendo "el sufrimiento" que esa historia desea trasmitir, o intrigado, y temeroso de los misterios, el lector devenido en espectador duda, ¿encontrará algo que le de un giro copernicano a esa historia y del blanco y negro se vuelva multicolor? Y permanece expectante, metido en la trama, ansioso por el "qué vendrá"...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Guillermo Lopetegui: "A cada uno de los cuentos les di mi vida o por lo menos parte de ella".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo cierto es que a cada individuo, los cuentos de Guillermo Lopetegui (en algo) cambiaron su vida. Su modo de verla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su creación no tiene un "movimiento rectilíneo uniforme", sino un "movimiento uniformemente acelerado".  Lo que se "acelera" es la DIVERSIDAD de géneros, temas y mensajes. Pero siempre, con algo en común: "&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El Amor, se encuentra en múltiples formas, significados, acciones, actitudes&lt;/span&gt;", como él mismo lo dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A/P Anna Donner Rybak.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-4292571243152664116?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/4292571243152664116/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=4292571243152664116&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4292571243152664116'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4292571243152664116'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/01/guillermo-lopetegui-un-estilo.html' title='Guillermo Lopetegui: ¿Un estilo?'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TSOToj5mRJI/AAAAAAAAC90/qPN3FRAcLN4/s72-c/Edad%2BMedia%2BVida%2Bcotidiana%2BBrueguel.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-1219815272703236688</id><published>2011-01-04T19:08:00.003-02:00</published><updated>2011-01-04T19:15:46.103-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Notas.'/><title type='text'>Sinfonietta para profesor y funcionario no docente</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TSON1SCVvSI/AAAAAAAAC9s/f1UjXih_ot8/s1600/Crepusculo%2Bde%2Blos%2Bdioses.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 276px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TSON1SCVvSI/AAAAAAAAC9s/f1UjXih_ot8/s400/Crepusculo%2Bde%2Blos%2Bdioses.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5558442311619558690" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right; font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;(Este cuento pertenece al libro CREPUSCULO DE LOS CAUTIVOS)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Me encuentro en este cuento, con la sorpresa de poder adjudicarle al escritor Guillermo Lopetegui un “valor agregado” a su obra; la Literatura Fantástica.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Valor absolutamente ratificado y con creces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuento “Sinfonietta para profesor y funcionario no docente”; pertenece ineludiblemente al género de la literatura fantástica. “Sinfonietta…” dispara vuelos a los cuales, nada Rad Bradbury debería envidiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Distintos universos encerrados en un “Gran Universo”; revelados a través del diálogo de dos personajes insignificantes, oscuros, y opuestos, que llevan una existencia de hastío y vacío.&lt;br /&gt;Este recurso es impecable para activar La Trama. Surgen conceptos existenciales, la prosa de Lopetegui tiene mucho de existencialista. Escenas en donde los personajes dependen absolutamente de sí mismos, y serán responsables de sus decisiones, estando solos en el angustiante proceso de tomarlas, efecto totalmente contrario a “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Dudar … sólo cuando me venga en gana&lt;/span&gt;”, cita del rumano Emile Ciorán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lopetegui logra combinar con una perfección implacable lo anterior, con el hecho inversamente proporcional de que a través de las palabras de un personaje, y los conocimientos musicales del otro se va conformando un Destino: se va “gestando una partitura” a través de un profesor que dirige sin instrumentos, llegando a armar (o no) el final desaparecido de la misma, según el diálogo del otro personaje. Esta idea es absolutamente original, y muy jugada. Hay que volarse “allá arriba” y lograr un nivel de abstracción brutal, para comprender un Todo (el mensaje primigenio), pero que contiene mensajes diversos, y todos y cada uno de ellos dados por lo absolutamente fantástico, un edificio abandonado, en donde hay un frasco en que existe un ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El misterio del desenlace tiene al lector atrapado desde el principio al fin, a partir de dos personas oscuras y que de algún modo pasan desapercibidos, pero de repente la interacción de ellos se gesta, y sin que el lector lo avizore, surge un universo absolutamente fantástico, tenebroso por momentos, en el cual puede suceder… “cualquier cosa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En resumen este cuento plantea miles de disparadores hacia distintas puntas de la vida misma: La Duda ante la responsabilidad por las propias decisiones, la historia que va trascendiendo a través de objetos olvidados,  hasta encontrar una sinfonía que le faltan las últimas páginas. Lo “que falta”, es representativo de silencios, palabras no dichas, y pieza fundamental; uno de los personajes con conocimientos musicales, puede lograr construir a través del otro, que habla; sin conocimientos musicales, obviamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lopetegui me sorprendió, porque si bien su prosa  siempre contenía una pizca de fantasía, existían lugares comunes, como el mar, el río, las gaviotas, las mujeres misteriosas y las playas.&lt;br /&gt;Mas esta Sinfonietta es absolutamente fantástica. Sin embargo, tanto el principio como el fin, bajan a tierra. La historia comienza relatando un día igual a muchos otros días sin sorpresas ni alegrías, y termina, también relatando el final de ese mismo día. Pero entre principio y fin reales y tangibles, se dispara intempestivamente la fantasía, con elementos que atrapan al lector desde la primera letra hasta el punto final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este cuento tiene por momentos cosas muy “Bradbury”, el desenlace se va desvelando a partir de los objetos y conceptos que aparecen, y la originalísima idea de la música pero “sin música”, dada a través de tempos, pero no de notas, notas  imaginadas, pero no sonoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más fascinante es la conjugación de lo fantástico y lo existencial, un misterio que mantiene al lector enganchado hasta la última palabra, y se va naciendo preguntas ontológicas;  “¿qué sucederá aquí?” “¿aparecerá un dios que elevará a los protagonistas a la eternidad?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero además, Lopetegui, en medio del entramado se da el lujo de describir con magistral detalle, instrumentos de época, conceptos musicales, sin aburrir de modo alguno al lector, recurso nada fácil de lograr.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Absolutamente recomendable, tan vigente hoy como hace diez años, fecha en la cual fue escrito  este cuento también va insertando al lector en el armado de un rompecabezas, que por momentos queda un tanto sorprendido y detenido, porque no sabe qué pieza elegir, pero el relato mismo, se encarga de darle las pistas, para ir tejiendo la trama.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;A/P Anna Donner Rybak&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-1219815272703236688?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/1219815272703236688/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=1219815272703236688&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1219815272703236688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1219815272703236688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2011/01/sinfonietta-para-profesor-y-funcionario.html' title='Sinfonietta para profesor y funcionario no docente'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TSON1SCVvSI/AAAAAAAAC9s/f1UjXih_ot8/s72-c/Crepusculo%2Bde%2Blos%2Bdioses.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-6225266904749921022</id><published>2010-12-23T17:38:00.004-02:00</published><updated>2010-12-23T17:45:53.630-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dedicados'/><title type='text'>Mi hermana Gabriela</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TROlw81xIiI/AAAAAAAAC2w/rsDz9zLMiD4/s1600/MihermanaGabriela.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 368px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TROlw81xIiI/AAAAAAAAC2w/rsDz9zLMiD4/s400/MihermanaGabriela.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5553965025861902882" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p style="text-align: right;"&gt;“&lt;em&gt;&lt;strong&gt;ENCONTRE A LA GENTE,&lt;br /&gt;QUE ES LO QUE  UNO&lt;br /&gt;VIENE BUSCANDO A URUGUAY,&lt;br /&gt;ESTOY EN UN ROMANCE&lt;br /&gt;CON  MONTEVIDEO&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;.”&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: right;"&gt;(Gabriela Lopetegui)&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Horacio y Gabriela.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;br /&gt;“&lt;em&gt;Me contó un pajarito que Gabriela se quiere quedar  acá…&lt;/em&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Después de 20 años de un éxito brutal… nos  retrotraemos Horacio y Gabriela, &lt;strong&gt;REQUETEDIVERTIDOS&lt;/strong&gt;.”&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;Entrevista. Pizza Carballo Canal  4.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pizza Carballo&lt;/strong&gt;-Un aplauso grande, recién llegada de  los Estados Unidos, ¡Un aplauso para Horacio y Gabriela! Veinte años después de  un éxito, vamos a charlar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;P.C.&lt;/strong&gt;-¡Hace veinte años que no  se ven!&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Gabriela&lt;/strong&gt;- Nos acabamos de  reencontrar acá, ¡esto es Reality TV! Vernos cara a cara en un estudio de      TV; es la primera vez después de 19 años…&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Horacio&lt;/strong&gt;-Increíble…&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Gabriela&lt;/strong&gt;-No se si a  Latinoamérica llega el doblaje de las voces que hago en Estados Unidos…&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;P.C.&lt;/strong&gt;-20 años depsués, con las  cosas que te debés de haber encontrado y sorprendido…&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Gabriela&lt;/strong&gt;-Mucho más Carnaval,  ahora todo el año es carnaval, y …&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;ENCONTRE LA GENTE,  &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;QUE ES LO QUE UNO&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;VIENE BUSCANDO A  URUGUAY,&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;ESTOY EN UN ROMANCE CON  MONTEVIDEO.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Horacio&lt;/strong&gt;- En cinco  minutos revivimos tantas cosas…&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;P.C.&lt;/strong&gt;- Gabriela no has cambiado  nada…&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Gabriela&lt;/strong&gt;- “Nos divertíamos  mucho, nos conocíamos éramos una familia que  venía desde café teatro, en  Clappers era la primer parodista, hice carnaval antes que nada, yo era bailarina  clásica, luego ingresé como coreógrafo a Café Teatro y conocí a todos los  compañeros…”&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;P.C.&lt;/strong&gt;-¡El yo yo de Horacio y  Gabriela!&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Horacio&lt;/strong&gt;- SE vendieron 150  mil…&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Horacio&lt;/strong&gt;- La juventud se ríe de esto, esto es ¡el  cassete de oro! la requetehistoria. Sacamos casettes de oro y  platino…&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;P.C.&lt;/strong&gt;- ¿Por qué se cortó  Requetedivertidos?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Horacio&lt;/strong&gt;- Viajamos a USA, Gabriela era  soltera, buena moza (risas) , yo era casado, y Gabriela aprovechó la  oportunidad, y se dividió el dúo. Teníamos una fuerza como dúo, pero al  separarnos..&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Gabriela&lt;/strong&gt;- Yo pienso que son  químicas, como los matrimonios, funciona o no  funciona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;P.C.&lt;/strong&gt; - Gabriela tiene Factbook, Horacio no  tiene..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Horacio&lt;/strong&gt; – No, no tengo Facebook.&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Gabriela&lt;/strong&gt;- ¡No! ¡No podés!  (Risas) Se armaron tres grupos diferentes pidiendo un espectáculo de Horacio y  Gabriela así que tenemos previsto un espectáculo después de Carnaval…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;P.C.&lt;/strong&gt;-Flores para Gabriela…&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Gabriela&lt;/strong&gt; - “&lt;em&gt;Si quiere  festejar el cumpleaños regale de florería Yaguarón&lt;/em&gt;” (Risas)&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;P.C&lt;/strong&gt;.-Gabriela hace  doblajes...&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;Gabriela&lt;/strong&gt; - “&lt;em&gt;El tono que  compraste no resultó lo que esperaste Rubino maquillajes&lt;/em&gt;…”  (Risas)&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;P.C.&lt;/strong&gt; - Un placer que la primera aparición en TV  de Gabriela sea en pizza Carballo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Horacio y Gabriela&lt;/strong&gt;  (dúo)- &lt;strong&gt;¡Porque tenés re-que-te-cla-ro que re-que-te-es-ta-mos en pizza  Carballo!.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anna Donner Rybak.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-6225266904749921022?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/6225266904749921022/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=6225266904749921022&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/6225266904749921022'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/6225266904749921022'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/12/mi-hermana-gabriela.html' title='Mi hermana Gabriela'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TROlw81xIiI/AAAAAAAAC2w/rsDz9zLMiD4/s72-c/MihermanaGabriela.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-512801009678499418</id><published>2010-12-03T07:41:00.003-02:00</published><updated>2010-12-07T15:11:04.550-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dedicados'/><title type='text'>¿El que acecha desde el sueño?</title><content type='html'>&lt;em&gt;Prólogo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5546389006740519122" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 206px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TPi7amTmeNI/AAAAAAAACx8/zmRr3mnB0lE/s400/lovrcraft.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="right"&gt;Anna Donner Rybak 2010&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-512801009678499418?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/512801009678499418/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=512801009678499418&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/512801009678499418'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/512801009678499418'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/12/el-que-acecha-desde-el-sueno.html' title='¿El que acecha desde el sueño?'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TPi7amTmeNI/AAAAAAAACx8/zmRr3mnB0lE/s72-c/lovrcraft.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-2368407735997939789</id><published>2010-11-30T08:06:00.009-02:00</published><updated>2010-12-07T15:01:03.640-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Entrevistas y Charlas'/><title type='text'>El que acecha desde el sueño...</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TPagVWrBOdI/AAAAAAAACv8/EGWcmABYZOs/s1600/guillermo%2Blovecraft.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5545796279877056978" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 383px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TPagVWrBOdI/AAAAAAAACv8/EGWcmABYZOs/s400/guillermo%2Blovecraft.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong  style="font-family:courier new;"&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(255,153,0);font-size:180%;" &gt;HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) &lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;EL QUE ESCRIBE DESDE EL SUEÑO&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/strong&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Cuando el mundo llegó a su vejez, y del espíritu de los hombres se escapó la capacidad de maravillarse; cuando ciudades grises elevaron hacia los cielos cubiertos de humo altas torres lóbregas y feas, a cuya sombra a nadie le era posible soñar con el sol ni con las praderas que la primavera cubre de flores; cuando la ciencia le arrancó a la tierra su manto de belleza, y los poetas no cantaban ya sino a distorsionados espectros, producidos de una visión introvertida y confusa; cuando estas cosas sucedían, y las esperanzas infantiles se habían desvanecido para siempre, hubo un hombre que viajó fuera de la vida en busca de los ámbitos a los que habían huido los sueños del mundo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;Howard Phillips Lovecraft: &lt;em&gt;Azathoth.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Más que el producto de una época, muchas veces los artistas son la consecuencia de un entorno vital, estético y espiritual. Estos tres elementos que son los que posibilitan el renacimiento de un creador no necesariamente tienen que correr paralelos al tiempo que vive con la Humanidad.. En este sentido tal vez no estén de más aquí ciertos conceptos de Milan Kundera, cuando en El arte de la novela afirma que, llegado el momento, para avanzar es preciso apartarse de la supuesta evolución que sigue el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) lejos de querer avanzar o retroceder por medio de una literatura que se le despierta precoz, optó por buscar la posibilidad, en Arte, de vivir un mundo paralelo al real inmediato e incluso, para él, hasta cierto punto más real que el que vivían sus contemporáneos de Nueva Inglaterra; de esa Providence -Rhode Island- que a fines del siglo XIX albergaba en sus mansiones de tejados antiguos, en sus calles desniveladas, en los árboles de troncos nudosos echando sombras sugerentes sobre los pasos de un escritor que amó ante todo la noche, el recuerdo de un pasado británico que en Lovecraft definiría , ya en su nones, un decidido amor por todo testimonio anterior al “cisma de 1776”, como él desde su anglofilia llamaba a la Revolución americana. Por eso, cuando era un escritor en la Slater Avenue School y debía estudiar la independencia de este país –nación joven, pujante y futura primera potencia mundial- en el que había nacido: “…Una fuerza interior me impulsó inmediatamente a cantar ‘Dios salve al Rey’ y a adoptar el bando opuesto de cuanto leía en los libros infantiles pro-americanos sobre la Revolución (…). Todas mis profundas lealtades están de parte de la raza y el imperio más que de lo americano; si acaso, este viejo anglicismo mío se intensifica a medida que América se vuelve cada vez más mecanizada, esteriotipada y vulgar, alejándose de la corriente anglosajona original que yo represento”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El origen de la mitología&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de crear al dios Cthulhu y la saga de monstruos y seres preterhumanos –dioses arquetípicos y primordiales que más tarde su “gran imitador”, August Derleth, se encargaría de sistematizar- Lovecraft se tuvo que crear, para su soledad, la mitología de seres y objetos que fue rescatando del pasado familiar y del histórico, muchos escritores han pasadopor períodos de hondo romanticismo, pero en Lovecraft la Grecia clásica, el Imperio Romano y el paso de los británicos por su país, son los pilares en donde se asienta su particular modo de pensar, de vivir y de escribir: “(…) empecé a escoger sólo libros que fueran muy antiguos: que tuvieran la ‘f’ larga (…) y a fechar todos mis escritos doscientos años más atrás: 1697, en vez de 1897, y así abrir (…) solía pasarme las horas en el ático hojeando los libros desterrados de la biblioteca de abajo, y asimilando inconscientemente el estilo de…”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…El siglo XVIII. Más que ansiar un mundo perdido –el de sus antepasados y el de la hegemonía británica en los Estados Unidos de América- Lovecraft se propuso reeditarlo a partir de su soledad y de la biblioteca de su bisabuelo. Hijo de Winfield Lovecraft y de Sarah Susan Phillips –descendientes de típicos puritanos de Nueva Inglaterra, aunque no por esto con antecedentes nobiliarios ingleses, como en algún momento lo pretendió su hijo-, el pequeño Howard tuvo una infancia signada por las limitaciones que le impuso el excesivo amor materno, la sobreprotección de que fue objeto por una madre que sin embargo lo ridiculizaba, le decía que era “un niño feo” y también lo vestía de mujer y no le cortaba el pelo. Cuando su hijo, de pequeña edad aún, le dijo a su madre que por favor lo llevara a un peluquero, ella respondía que así era la moda de sus antepasados dieciochescos, para lo que entonces le mostraba grabados que en Howard fueron alimentando su gusto por su racionalismo, el ateísmo y el inglés arcaico. Esto, sin embargo, no fue obstáculo para que un buen día se rebelara y su madre, con lágrimas en los ojos, tuviera que encargarse ella misma de hacerlo parecer más a un niño de 1897. Tiempo después intentó anotarlo en una academia de ballet, pero su hijo –con apenas siete años- le contestó decidido y bastante ofendido: “Nemo fere saltart sobrius nisi forte insanit” (Casi nadie baila sobrio a menos que esté loco).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En alguna medida podría afirmarse que Lovecraft fue consciente, ya desde los primeros años, de su tragedia solitaria y de su modo de canalizarla en un futuro casi inmediato. No estuvo habituado a jugar como lo haría cualquier niño común de su edad y el novel escritor t racionalista ateo, dirá que “Entre mis pocos compañeros de juego, yo era muy impopular, ya que insistía en jugar a hechos de la historia, o a actuar con un argumento coherente”. De esta forma y como el personaje de uno de sus primeros cuentos de la juventud –“La Tumba”- Lovecraft preferirá la compañía de todo aquello que implique el saber; poder ampliar los conocimientos a partir de unas idea de sí mismo que en muchos aspectos estaba errada y en otros más que acertada, para lo que sería el clima de horror y sugerencia de sus obras más perdurables, como la novela &lt;em&gt;El caso de Charles Dexter Ward&lt;/em&gt; o los cuentos “La casa apartada” (mal traducida por “La casa encantada”), “Los sueños de la casa de la bruja”, “El modelo de Pickman”, “El ceremonial” o nouvelles como: “El horror de Dunwich” o “La sombra sobre Innnsmouth” solo por mencionar algunos de sus títulos más conocidos y representativos de un estilo que, lógicamente, tiene sus antecedentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si existieron juegos infantiles en la vida de H. P. Lovecraft, los mismos estuvieron relacionados con esos argumentos que ya ansiaba su imaginación de niño (si este término cabe a quien ya a los treinta años se hacía llamar, por sus poquísimos allegados, “el Abuelo Howard”). Entre sus amigos de los primeros años figuran: Chester Pierce Munroe (1889-1943) y Harold Baterman Munroe (1891-1966) con quienes “fundó” la Agencia de Detectives de Providence: “Nuestra agencia tenía normas muy rígidas y cada uno llevaba en los bolsillos un equipo reglamentario de investigador, consistente en un silbato de policía, una lupa, una linterna, unas esposas (a veces un simple cordel, ¡pero esposas de todos modos!), un distintivo de chapa (…) una cinta métrica (para las huellas), revólver (el mío era de verdad, pero el inspector Munroe –doce años- llevaba una pistola de agua, mientras que el inspector Upham –de diez- cargaba con una pistola de pistones), y cantidad de reseñas de todos los acontecimientos del periódico sobre criminales (…) Nuestro cuartel general estaba en una casa deshabitada más allá de la zona densamente poblada, y allí representábamos y ‘resolvíamos’ muchas tragedias horripilantes”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La excesiva adjetivación&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a los sensibles cambios impuestos por el tiempo y la modernización la ciudad de Providence –como en general Nueva Inglaterra- conforma en más de un aspecto una reliquia museística de los años de la colonización. La ciudad toma su nombre del río que la divide en dos y que en la actualidad está cruzado por varios puentes. Paralelos al Providence –uqe desemboca en el río Seekonk- corre la vía férrea de Penn Central y la carretera interestatal 95. Río, ferrocarril y carretera corren por un valle que está flanqueado por dos montes: al oeste Federal Hill y al este Collage Hill, donde las casas y calles son fieles representantes del pasado colonial y federalista; aquí también se ubica la Universidad Brown…Pero Lovecraft tardaría aún algunos años para volver literatura a su ciudad –llamándola Arkham-, a su río –que será el Miskatonic- y a la Universidad –que tomará su nombre del mítico río lovecraftiano-, cuya biblioteca será de las pocas en el mundo que “guarden bajo llave” un libro de lectura prohibida para los no iniciados: el Necronomicon (Al Azif), escrito por un árabe loco que “vivió” a comienzos del 700 d. C.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el lado oeste de la Universidad Brown se ubica una de las calles más distinguidas de Collage Hill: la Benefit Street. En su número 88 se alza una mansión construida en 1780 y que se hizo famosa por haber vivido allí, en las décadas de 1830 y 1840, una mujer viuda de belleza de belleza fuera de comentarios negativos: Sarah Helen Whitman. Hacia 1848 Mrs. Whitman fue febrilmente cortejada por un poeta americano “oscuro y misterioso”. Ella accedió al período de casamiento si él dejaba la bebida. Pero el poeta, pese a sus promesas, reincidió en el alcohol y la hermosa mujer no demoró en despedirlo. Justamente un año después, en 1849, este poeta moría en la ciudad de Baltimore llamando a su tía y a su prima Virginia, entre el delirio de la borrachera y la fiebre tuberculosa. Su nombre era Edgar Allan Poe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a pocos pasos de Benefit Street se encuentra Angell Street, donde Lovecraft vivió los primeros años de su niñez y donde además, se empapó en un principio de toda la literatura escrita por el autor de “El corazón” y del célebre poema “El cuervo”. Allí, entre jarrones de porcelana, espejos y relatos antiguos, libros heredados e incluso objetos que en sí no tenían otro valor que el afectivo que les daba Lovecraft, su onirismo se fue desarrollando rápidamente, y hasta que se vieron obligados a mudarse a unas pocas cuadras por la misma calle: “Mi casa había sido mi ideal de paraíso y mi fuente de inspiración”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya antes de mudarse, y con apenas seis años de edad, H.P.L: “La pequeña botella de cristal”, completamente influenciado por el Poe de “Manuscrito hallado en una botella” y también esos dos relatos fantásticos pergeñados por el maestro del horror y de la fantasía analítica: “Un descenso al Maelström” y “Aventura de Arthur Gordon Pym”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, entre los 14 y 17 años, Lovecraft escribirá una serie de relatos donde la influencia de Poe sigue manifiesta, incluso en algunos vicios de estilo en los que solía caer el autor de “Eleonora”: por ejemplo la excesiva adjetivación; vicio de Lovecraft hará gala en la mayor pàrte de sus relatos de la madurez. La adolescencia, aparte, dará títulos como: “La bestia de la cueva”, “El cuadro” (1907) –donde por primera vez aparece lo fantástico- y “El alquimista”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya por estos años Lovecraft es dueño de una bicicleta –tuvo tres-, un telescopio –tuvo tres- y una máquina de escribir &lt;em&gt;Remington&lt;/em&gt; que le regalaron en 1906, pero a la que fue dejando para volver paulatinamente a la lapicera, utilizando el teclado para la última redacción del cuento. Aparte, este hombre singular se destacó por mantener una correspondencia muy nutrida incluso con grandes amigos a los que nunca llegó a conocer personalmente, como el poeta y escultor –de “horrores inenarrables”- Clark Ashton Smith.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Hacia el horror cósmico&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo estético y espiritual, la tradición literaria en la que se apoyan las creaciones fantásticas de Lovecraft es el cuento de miedo anglosajón; ese “terror gótico” que comenzará una mujer y terminará otra mujer –para aquellos que dudan de la gravitación intelectual femenina-: Anne Radcliffe y Mary W. Shelley, esta última autora de Frankenstein, anticipadora de Poe, H. G. Wells, por supuesto que Lovecraft y hasta Stephen King en la actualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las primeras décadas del siglo pasado, el efecto que producía en el lector el relato sobre vampiros, muertos vivientes, ruinas medievales con la noche brumosa y los restos de un cementerio abandonado –ineludible aporte del Romanticismo anglo-germano- comenzó a perder fuerza debido a que su estructura comenzaba a hacerse invariable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, en 1809, nace Edgar Allan Poe y el relato de horror adquiere nueva fuerza, ya que Poe se nutre del Romanticismo tardío y a la exaltación del “yo narrador” –a su lirismo- le agrega el elemento analítico y el proceso introspectivo, a través del cual el personaje relata las causas ante todo internas que dan por resultado un entorno fantasmagórico, lleno de elementos que no son otra cosa que la proyección en el espacio de los terrores ocultos, esos terrores que posteriormente Freíd y el psicoanálisis pretenderán develar. En este sentido, el racionalismo de Lovecraft no hace otra cosa que obrar a la inversa de lo que fue el racionalismo del siglo XVIII, cuando este elevaba la sapiencia de los intelectuales. Con las dos revoluciones industriales, con las nuevas clases sociales que liquidan el mundo medieval, con la naciente presencia de las máquinas, el hombre racionalista descubre que más abajo del yo consciente y del yo inconsciente, existe un mundo inexplorado: el de los sueños y las pesadillas. Se intenta así la racionalización de la fantasía, con lo que entonces mueren los mitos, las creencias antiguas, la magia y la brujería en lo que tiene que ver con estos elementos como posturas de un sentir popular. Empieza el otro reto: dominar para el racionalismo lo que hasta en la Edad Media estaba considerado como el vínculo que unía a hombres y potencias sobrenaturales, a través de restos de las celebraciones eleusinas, los sacrificios druídicos y la cosmogonía céltica. Al traer a la superficie –al consciente- todo aquello que se asociaba con leyendas populares de magia y horror, el hombre racionalista intentó delimitar el origen y las proporciones de sus miedos más recónditos. Es así que en la literatura surgen las otras dos figuras de vital importancia para el Lovecraft escritor: Arthur Machen y Lord Dunsany. El primero de ellos traslada la atmósfera de los cuentos de miedo a la luz del día, las casas de su Gales natal…y sobre todo instaura la creencia en una antigua raza de dioses que vivieron en la Tierra millones de años antes que la Humanidad. Estos seres hablaban un lenguaje llamado “iklo” y si bien parecen haber desaparecido, su influencia trasciende el tiempo y el espacio. Machen, como Dunsany, conjuran los miedos objetivos: la muerte violenta, el futuro incierto debido a la segunda revolución industrial, el pasado ominoso, las revoluciones y contrarrevoluciones y la avasallante presencia del maquinismo. Frente a este panorama de fines del siglo XIX y comienzos del XX, esos escritores resuelven recrear el mundo a partir del sueño y a este lo pueblan de seres fantásticos que gravitan en la vida del soñador. Esto es lo que también Lovecraft irá desarrollando en sus cuentos si bien este mundo idílico de sus predecesores se convierte, principalmente, en una geografía de ciudades remotas habitadas por seres que resultan un horror materializado a ojos de esa irreversible que siempre resulta ser el personaje lovecraftiano. Así entonces, surgen en sus cuentos –aunque su mitología jamás fue motivo de preocupación para el creador- esa saga de monstruos gelatinosos y tentaculares que es llamada por los mortales, que se funde con ellos o los aniquila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Surgen también los libros malditos en cuyas páginas están las fórmulas sacrílegas que llaman a “los que acechan” desde ese tiempo que en principio no es otro que el tiempo interior de los hombre, donde en alguna medida el inconsciente desarrolla una serie de mundos paralelos al nuestro, al de la “vigilia”, y que en Lovecraft revisten características de constante inquietud, que presagian un destino último de aniquilación de la raza humana por esos dioses arquetípicos que alguna vez fueron los dueños de la Tierra y del Universo. A esto por supuesto confluyen las creencias judeo-cristianas, los mitos griegos, Madame Blavatsky, la aversión que tuvo Lovecraft por aquellas razas que él –influido por Spengler- llamaba inferiores (judíos, latinos, polacos, etc.) y en general el culto reverencial del pasado, culto que sin embargo, en los últimos años de su vida, se fue desapasionando al punto de convertirse en firme admirador de Franklin D. Roosevelt, aparte de haber estado casado –apenas dos años- con una mujer de origen judío: Sonia Greene, quien contrario a lo que muchos piensan fue una mujer perfectamente equilibrada, inteligente y que amó a Lovecraft hasta las últimas consecuencias, aparte de haberlo mantenido cuando el matrimonio se trasladó a vivir a una ciudad que para el escritor no difería mucho del horror que producían sus célebres creaciones urbanísticas no-euclidianas: Nueva York.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El maestro y sus discípulos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Arthur Machen el cuento de miedo anglosajón comienza a abundar en la idea del terror antiguo, prehistórico y hasta prehumano, materializado en formas vagas protoplasmáticas y hasta en la arcaica capa geológica, como metáfora del preestadio de la mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes también se embarcaron en esta nueva corriente de renovación del terror fueron el Bram Stoker tardío, que años después de &lt;em&gt;Drácula&lt;/em&gt; escribió &lt;em&gt;La alegría del gusano blanco (The lair of the&lt;/em&gt; &lt;em&gt;white worm&lt;/em&gt;); M.P. Shlel, W. H. Hodgson, Algernon Blackwood y por supuesto que Lord Dunsany. Pero quien mejor redondeó la “idea arquetípica” de Machen no será otro que Howard Phillips Lovecraft.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vida del autor de “El color que cayó del cielo”, su actividad literaria no vio salir a luz ningún libro. Su producción no alcanzó otra recepción que la de la revista &lt;em&gt;Weird Tales&lt;/em&gt; y en varios libros dedicados a los autores ya no de Nueva Inglaterra sino sólo de Rhode Island, su nombre no apareció. Esta fue tarea póstuma de los sobrevivientes del llamado “círculo de Lovecraft”, entre los que es preciso destacar en primer término a August Derleth –como sistematizador de los mitos generalmente llamados “de Cthulhu”- y a D. Wondrel quienes fundaron la editorial Arkham, en honor al ilustre creador de la mítica ciudad o reverso de Providence.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escuela o círculo lovecraftiano estuvo integrada, además, por August Derleth, Clark Ashton Smith, Robert E. Howard –el creador de Conan, el bárbaro-, E. Hoffmann Price, Frank Belknap Long –célebre por su cuento “Los perros de Tíndalos”-, Henry Kuttner –autor de un relato espeluznante como lo es “Las ratas del cementerio”- y el más joven de todos ellos: Robert Bloch, quien años después se haría famoso por su cuento llevado al cine por Alfred Hitchcock: &lt;em&gt;Psicosis &lt;/em&gt;(&lt;em&gt;Psycho&lt;/em&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Los mitos de Cthulhu&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo mito se apoya en una vieja creencia y así las figuras de los titanes, como las de los argonautas o Aquiles y Odiseo, son el recuerdo vago que el hombre, por memoria genética o colectiva, o versos que cantaban los aedas rapsodas en la Grecia pre homérica, tiene de un pasado que se pierde en los orígenes del mundo. Así también,. una vez muerto Lovecraft, su “Gran imitador” Derleth se preocupó de seguir escribiendo relatos que giraran en torno a la influencia de monstruos ocultos en catedrales abandonadas, dormidos en el fondo del mar o viviendo en una dimensión paralela a la conocida, como así también su celo de admirador y fanático lovecraftiano lo llevó a trazar una génesis de los mitos, aunque en este sentido el aporte de Lin Carter fue fundamental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el consentimiento y la ayuda de Derleth, Lin Carter se lanzó a un trabajo que en vida de Lovecraft a este no le había preocupado en absoluto…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tiempo remotos y antes de la humanidad, la Tierra fue habitada y gobernada por dos grupos de seres colosales: los dioses diabólicos y las divinidades benévolas. A su vez, la Tierra estaba compartida por los Primigenios y la Gran Raza Yith. Estos entran en colisión y luego se rebelan contra sus creadores: los Dioses Arquetípicos, que a través de los cuentos de Lovecraft y los de su grupo, serían los primeros seres interestelares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Gran Raza Yith –seres espirituales e inmateriales que vivían en cuerpos ajenos- abandonan la Tierra y viajan al futuro. Por su parte, los Primigenios quedan sin rival e intentan dominar el mundo. Pero los Dioses Arquetípicos diezman la rebelión y aquellos son castigados y apresados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto tiene mucho en común con el Panteón griego y las sucesivas luchas de Urano, Cronos y Zeus por el poder universal. En el caso de los Primigenios lovecraftianos –Azathoth, Hastur, el Gran Cthulhu o Yog-Sothoth, por mencionar algunos de los nueve más famosos-, los destinos que siguieron fueron de lo más dispares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Los libros prohibidos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Lovecraft era niño solía disfrazarse de árabe y un tío suyo, riendo, le decía que parecía el árabe Abdul Alhazred, nombre que se le había ocurrido en estos momentos…pero que años después Lovecraft convertiría en el “demencial” autor del &lt;em&gt;Necronomicón&lt;/em&gt;. A este libro “prohibido” sus colegas le agregarán otros que, juntos, de una forma u otra encierran las fórmulas impronunciables que pueden hacer aparecer por cualquier lado los míticos Primigenios. A estos libros se sumaron otros, reales, simplemente porque los títulos en latín resultaban misteriosos: &lt;em&gt;Thesaurus Chemicus&lt;/em&gt;, de Bacon; la &lt;em&gt;Turba philosophorum&lt;/em&gt;, de autor anónimo; &lt;em&gt;el&lt;/em&gt; &lt;em&gt;Libro de las estancias&lt;/em&gt; de Dzian, de Madame Blavatsky –en vida de la escritora esotérica se aseguraba que dicho libro le había sido dictado por un venusino-; el &lt;em&gt;Zohar&lt;/em&gt;, uno de los libros cabalísticos más importantes de esta tradición, o la &lt;em&gt;Poligrafía&lt;/em&gt;, del abate Trighemius.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de los libros ficticios figuran: &lt;em&gt;Necronomicon&lt;/em&gt;, de Abdul Alhazred; &lt;em&gt;el Libro de Eibon; Texto de R’lyeh&lt;/em&gt;; &lt;em&gt;Fragmentos de Celaeno&lt;/em&gt;; &lt;em&gt;Cultes des Goules&lt;/em&gt;, del conde d’Er’ette (August Derleth); &lt;em&gt;De Vermis Mysteriis&lt;/em&gt;, de Ludwig Prinn (Robert Bloch); &lt;em&gt;Arcillas de Eltdown; People of the Monolith&lt;/em&gt;, de Justin Geoffrey; &lt;em&gt;Los Manuscritos Pnakóticos&lt;/em&gt;; &lt;em&gt;los Siete libros crípticos de Hsan&lt;/em&gt; y el “terrible” &lt;em&gt;Unaussprechlichen Multen&lt;/em&gt;, de Von Junzt.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…Y sería preciso agregar otro libro para finalizar esta especie de homenaje a un escritor que en sus relatos unió la tradición literaria del norte de Europa, con la literatura onírica y la pura fantasía, propia de un ser solitario que a lo largo de su vida siguió una conducta casi ascética. El libro al que hacemos referencia merece integra la lista de los &lt;em&gt;reales&lt;/em&gt; y los &lt;em&gt;ficticios&lt;/em&gt;, porque para quien dice estas palabras supuso casi una odisea el encontrarlo; libro que, además, muy pocos conocen en su traducción al español por Francisco Torres Oliver; libro publicado hace 32 años pero que sigue siendo un volumen fundamental a ser integrado a la biblioteca de todos los lovecraftianos de habla hispana: &lt;em&gt;Lovecraft&lt;/em&gt;, de L. Sprague de Camp. (Alfaguara, colección Nostromo.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 2007 se cumplieron 70 años de la desaparición física de un escritor que compuso su mundo literario a través de una reformulación de lo fantástico. Decíamos que esta charla vino a ser una especie de homenaje, aunque no tardío: el tiempo es relativo cuando se trata de poner de manifiesto, una vez más, la vida y la obra de un creador; de un hombre para quien su propio tiempo fue absolutamente relativo frente a lo concreto del mundo de sus fantasías, sus convicciones, sus lecturas, sus nostalgias y sus sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;strong&gt;Guillermo Lopetegui&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Charla ofrecida en AGADU, Sala “Mario Benedetti”,&lt;br /&gt;el martes 30 de noviembre de 2010.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-2368407735997939789?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/2368407735997939789/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=2368407735997939789&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/2368407735997939789'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/2368407735997939789'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/11/el-que-acecha-desde-el-sueno.html' title='El que acecha desde el sueño...'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TPagVWrBOdI/AAAAAAAACv8/EGWcmABYZOs/s72-c/guillermo%2Blovecraft.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-2264321118146889351</id><published>2010-11-30T08:05:00.000-02:00</published><updated>2010-11-30T09:46:32.875-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Entrevistas y Charlas'/><title type='text'>Pase Libre al Laberinto.</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TPTjbL957TI/AAAAAAAACv0/PPAeqWpcqy4/s1600/El%2BCamino%2Bdel%2BLaberinto%2BLovecraftiano.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5545307097408335154" style="DISPLAY: block; 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margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 282px; height: 208px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TPajBMms3VI/AAAAAAAACwE/Sh6XjKup6gg/s400/lovecraftia.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5545799232112090450" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A través de la puerta de la llave de plata,&lt;br /&gt;Las alimañas descarnadas de la noche,&lt;br /&gt;Amados muertos y ancianos,&lt;br /&gt;Un árbol en la colina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La batalla que dio  fin al siglo,&lt;br /&gt;Hay una bestia en la cueva,&lt;br /&gt;¡Oh, bestias lunares!&lt;br /&gt;¡Oh, caníbales, gigantes de las cavernas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las granjas a los cementerios,&lt;br /&gt;Una ciudad sin nombre,&lt;br /&gt;¡Oh, Marqués de Sade,&lt;br /&gt;No sueñes con delfines!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No ves que son demonios necrófagos?&lt;br /&gt;Esos esquimales…&lt;br /&gt;La Gran Raza&lt;br /&gt;Del lago de la escuela.&lt;br /&gt;¿O del sanatorio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan solo siete libros crípticos,&lt;br /&gt;O una familia de indios americanos.&lt;br /&gt;Un jardín de los Dioses&lt;br /&gt;Machu Pichu marca del Diablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos negros en Nepal&lt;br /&gt;¿o en las nubes de Magallanes?&lt;br /&gt;La isla de Pascua&lt;br /&gt;Y sus Gigantes… tortugas.&lt;br /&gt;Primordiales.&lt;br /&gt;Sumos sacerdotes que no han de ser descriptos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anna Donner Rybak 18-XI-2010&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-5209987043652479?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/5209987043652479/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=5209987043652479&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5209987043652479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/5209987043652479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/12/lovecraftia.html' title='LOVECRAFTIA'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TPajBMms3VI/AAAAAAAACwE/Sh6XjKup6gg/s72-c/lovecraftia.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-7152918106813550475</id><published>2010-11-22T18:29:00.002-02:00</published><updated>2010-11-22T18:30:42.306-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dedicados'/><title type='text'>GUILLERMOGRAMA</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TOrS3FGwvqI/AAAAAAAACrY/w8YRN735UwU/s1600/GUILLERMOGRAMA.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 297px; height: 390px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TOrS3FGwvqI/AAAAAAAACrY/w8YRN735UwU/s400/GUILLERMOGRAMA.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5542474135137992354" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-7152918106813550475?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/7152918106813550475/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=7152918106813550475&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7152918106813550475'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7152918106813550475'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/11/guillermograma.html' title='GUILLERMOGRAMA'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TOrS3FGwvqI/AAAAAAAACrY/w8YRN735UwU/s72-c/GUILLERMOGRAMA.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-4742519214983963305</id><published>2010-11-10T00:51:00.004-02:00</published><updated>2010-11-11T14:12:18.054-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dedicados'/><title type='text'>Creador y Creación</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TNoJPBAr6rI/AAAAAAAACno/66tkrVaLkRE/s1600/Lord%2BWillhem%2BErnst.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5537748845379447474" style="display: block; margin: 0px auto 10px; width: 322px; height: 400px; text-align: center;" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TNoJPBAr6rI/AAAAAAAACno/66tkrVaLkRE/s400/Lord%2BWillhem%2BErnst.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;-La vida le copia al arte.&lt;br /&gt;- ¿Y el arte a quién le copia?&lt;br /&gt;- A nadie; es creación.&lt;br /&gt;- ¿Y a quién le copia La Creación?&lt;br /&gt;- A los creadores.&lt;br /&gt;- ¿ Y eso dónde se estudia ?&lt;br /&gt;- Hay que nacer bendecido por el Señor.&lt;br /&gt;- ¿Es un milagro a priori?&lt;br /&gt;- Hay dos listas: Creador y Creación.&lt;br /&gt;- ¿Y Ud. se puede fijar si estoy en alguna?&lt;br /&gt;- No se suele divulgar esta información, es sagrada, pero con Ud. voy a hacer una excepción.&lt;br /&gt;- Le agradezco&lt;br /&gt;- Agradézcale a EL ¿su nombre ? Ok, aguarde, me fijo en "Creadores", quédese tranquilo, está inscripto.&lt;br /&gt;- ¡Gracias!.....&lt;br /&gt;-¡Señor, Espere!&lt;br /&gt;- ¿Qué ha ocurrido?&lt;br /&gt;- No sé si es un error, puesto que EL es muy meticuloso, pero lo cierto es que es la primera vez que ocurre. Verá, Un miembro no puede estar en dos listas a la vez, pero, ¿sabe? Ud. figura en "Creaciones".&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Anna Donner Rybak  XI 2010&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-4742519214983963305?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/4742519214983963305/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=4742519214983963305&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4742519214983963305'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4742519214983963305'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/11/el-siglo-pasado.html' title='Creador y Creación'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TNoJPBAr6rI/AAAAAAAACno/66tkrVaLkRE/s72-c/Lord%2BWillhem%2BErnst.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-233532739611202648</id><published>2010-09-28T17:40:00.002-03:00</published><updated>2010-09-29T02:14:02.633-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Corumbaria</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TKJVQalr-vI/AAAAAAAACTs/cdwjDDd8IPA/s1600/MagdaleneDaVinci.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522069833613310706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 238px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TKJVQalr-vI/AAAAAAAACTs/cdwjDDd8IPA/s320/MagdaleneDaVinci.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Abrazarte, besarte, amarte&lt;br /&gt;Son épocas de mi vida,&lt;br /&gt;Prólogo de tercer milenio,&lt;br /&gt;Con Marte próximo y fugaz&lt;br /&gt;En la luz-penumbra del sueño.&lt;br /&gt;Allí tu enfermedad se viste de Luna;&lt;br /&gt;Allí tu salud se desnuda de Sol,&lt;br /&gt;Y el deseo se establece en la noche&lt;br /&gt;Y es sombra de vuelo indiferente&lt;br /&gt;Sobre el húmedo gesto de los días.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La Paloma, Rocha.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-233532739611202648?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/233532739611202648/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=233532739611202648&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/233532739611202648'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/233532739611202648'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/09/corumbaria.html' title='Corumbaria'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TKJVQalr-vI/AAAAAAAACTs/cdwjDDd8IPA/s72-c/MagdaleneDaVinci.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-8690448407664115751</id><published>2010-09-15T08:56:00.005-03:00</published><updated>2010-09-15T09:25:59.462-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Músicos'/><title type='text'>Fryderyk Chopin: el enigma resuelto en música.</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TJC4QhmvD4I/AAAAAAAACII/B-JyY_SyTf8/s1600/Daguerrotipo+de+Chopin+de+1849.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517112137567113090" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 228px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TJC4QhmvD4I/AAAAAAAACII/B-JyY_SyTf8/s320/Daguerrotipo+de+Chopin+de+1849.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;1810-Bicentenario de un compositor atemporal-2010&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Para aquella a quien el&lt;br /&gt;recuerdo de su Serbia natal y distante,&lt;br /&gt;no hizo más que reafirmar su sensibilidad&lt;br /&gt;e idiosincrasia eslavas: Gordana Prelic&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Creador del piano moderno; habiendo vivido en pleno romanticismo, pero desde una estética fiel al clasicismo de Bach; con los últimos 20 años de su vida –como hombre y compositor- transcurridos en Francia –más precisamente en París: laboratorio cultural de Europa y ciudad en crecimiento adonde confluía el talento y el genio artísticos llegados de todas partes del mundo, haciendo de la Ville lumiére el mundo habitable por excelencia para quien se preciara de creador-, pero con tías paternas en Lorena a las que nunca visitó, preocupándose en cambio –en cada nueva composición; en esas reuniones selectas donde deleitaba con sus dedos en el teclado el espíritu y la sensibilidad nostálgicos de sus compatriotas exiliados- por la situación de su tan amada, añorada y conflictiva patria –dominada por el imperialismo ruso- que tres veces en la Historia desapareció del mapa geopolítico europeo: Polonia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, Fryderyk Chopin (1810-1849) fue, es y será un enigma, aunque un enigma que felizmente se resuelve en música; en su música; en esas composiciones agrupadas bajo diversos géneros ya en boga en el siglo XVIII y comienzos del XIX –nocturno, preludio, balada…- pero que tanto en la forma y el fondo, bajo su genio creador reformuló el género en sí y superó ampliamente los ejemplos precedentes –que venían de compatriotas suyos como el conde Oginski o el virtuoso violinista Karol Lipinski, y de personalidades de reconocido prestigio en el mundo entero, como Carl María von Weber- , con piezas imbuidas de esa original y tan particular manera de componer, que en gran medida tiene sus orígenes en la atención que prestaba el pequeño Fryderyk a esas ejecuciones de temas populares que -mirando por una ventana abierta al interior de una choza o bien cuando con sus amigos visitaba una posada o en el recodo de un camino de su Polonia sufriente e incansablemente evocada luego, cuando el músico ya se encontraba residiendo en París- escuchaba extasiado emanadas de aquellos músicos anónimos, muchos de ellos trabajadores en la campiña quienes celebraban el final de la cosecha, o las trenzas de una muchacha hermosa al caer la noche, tocando, cantando y bailando aquellos ritmos que remiten a diferentes danzas populares, como la mazur, el oberek y la kujawiak, que en principio se sintetizaron en la mazurka –danza originaria de la región polaca de Mazuria- que acabó con el prestigio de que gozaba otra danza anterior: la krakoviak. Todos estos, ritmos que remitían a una Tradición frente a la que el éxtasis de un niño ya tocado por el genio irá plantando esa semilla indefectiblemente germinada en un notable conjunto de obras que singularizarán para siempre su paso musical por el mundo romántico que le tocó vivir –y enriqueciendo todavía más el llamado “estilo de los años 30” desarrollado en épocas de Luis Felipe: soberano francés amante de las Artes- aunque situándolo más allá de las búsquedas de sus contemporáneos y haciendo de Fryderyk Chopin un músico que –gracias a ese recuerdo del folclore de su país, reprocesado en sus brillantes composiciones, la mayor parte de ellas para ese piano al que le multiplicó sus posibilidades sonoras a partir de un virtuosismo en la ejecución, proporcional al genio puesto de manifiesto en el corpus de sus composiciones- trascenderá su época y posibilitará el desarrollo del piano moderno, haciendo de dicho instrumento, gracias a su música, una “verdadera fiesta” al decir de Artur Rubinstein -tal vez el más grande intérprete de su ilustre compatriota-, aunque haciendo de Frydeyk Chopin un genio enigmático que a partir de su tan singular música sigue encantando, fascinando, subyugando y removiendo con su variada gama de sonidos lo más recóndito y a veces casi ignorado o poco comprendido del ser humano, aunque para echar nueva luz en nuestra propia oscuridad, haciendo de nuestra vida la celebración más grande que solo puede ser acompañada con su música, si muchas veces no es consecuencia de la misma.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Variaciones sobre el enigma&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Su público surgió en las primeras dos décadas del siglo XIX y conforme fue transcurriendo el tiempo, con la afirmación de la fama del compositor y la comprensión cada vez mayor de su tan particular modo de crear música, dicho público acabó erigiéndose en esa no menos rica Tradición de todos aquellos oyentes que, a través de por el momento dos siglos, han visto enriquecer sus vidas cotidianas luego de la audición fascinante de una o varias piezas de este polaco, hijo de un maestro francés emigrado y de una natural del país con lejanos antecedentes nobiliarios, que fue un aristócrata del espíritu sin serlo de la sangre, ennobleciendo con su genio las sonoridades de ese instrumento, el piano, que quizás fue a lo único que el hombre y el artista se entregaron por entero para únicamente desde el teclado develar su propio enigma.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517112946366803954" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TJC4_mnm7_I/AAAAAAAACIY/H6Gtfxt3Y84/s320/CHOPIN,+por+Eug%C3%A8ne+Delacroix.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ese enigma nace en Zelazowa-Wola el 1º de marzo (aunque algunos exégetas se inclinan por el 22 de febrero) de 1810 –el mismo año que en Alemania nace su futuro admirador y colega no menos ilustre: Robert Schumann- y los primeros 19 años de vida transcurridos en su patria marcarán para siempre al hombre y depositarán en el músico los elementos estéticos concluyentes, claves, que el artista desarrollará ya desde los 7 años-con una marcada presencia del folclore nacional- cuando componga su primera pieza: una polonesa, de las 17 que compuso a lo largo de su vida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Enigma de carácter cambiante, como esa modalidad que lo llevó a mudarse varias veces de domicilio cuando ya vivía en París, si bien estos cambios ya empezarían en su amada Polonia, cuando al poco tiempo de nacido la familia se traslada a Varsovia, pasando los veranos en la región de Szafarnia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Enigma de ese hombre tímido –criado ente sus hermanas: Ludwika, Izabella y Emilia (fallecida prematuramente)- que irá desarrollando una marcada sensibilidad femenina –enfrentada años después a la pujanza cercanamente varonil de George Sand-, en contraposición a ese verdadero guerrero de la música, innovador nato y pianista sobresaliente, quien sin embargo fascinó a los auditorios pero no intentó conquistar a las mujeres, siendo en cambio más o menos conquistado por ellas o en particular por la autora de Lucrezia Floriani, en donde Mme. Dudevant bajo la piel de George Sand cuenta su convivencia de ocho años junto al genio polaco. Antes que ella desfilarán –más por el corazón y la idealización que por las concreciones del músico: un hombre tímido a la hora de abordar a una mujer- aquellas damitas compatriotas que se llamaron Konstancja Gladkowska, Maria Woszinska y Delfina Potocka, y ya en los últimos dos años de su vida, posterior al rompimiento con Sand en 1847, la escocesa Jane Stirling, quien logra que Chopin viaje con ella a Inglaterra y Escocia, con miras a quedarse a vivir en las Islas Británicas y de paso convertirse –por la férrea voluntad de ella, lógicamente- en el esposo de esa millonaria que había sido su alumna y lo amaba con admiración.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Enigma de un romance que inspiró infinidad de novelas como fue el caso de la relación Chopin-Sand, pero que sin embargo conoció de cierta pasión física únicamente en los primeros meses de esos ocho años que se mantendrán juntos, aunque ya en el segundo año con Chopin viviendo en habitaciones separadas y gozando, en Nohant –residencia campestre de la escritora en la región del Berry francés- de un pabellón para su uso personal, donde el músico se sentía a sus anchas volcando su sensibilidad y fuerza creadoras sobre el teclado, además de haber ido desarrollando un sincero afecto por Solange y Maurice, los hijos que la autora de Indiana había tenido con el barón Dudevant.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Enigma de un joven que a los 19 años deja su patria físicamente sin dejarla en lo afectivo y musical, para recalar en una ciudad en la que pensaba estar de paso y que sin embargo lo retuvo por los siguientes 20 años que todavía viviría, componiendo casi de espaldas a sus contemporáneos y conocidos como Berlioz, Mendelssohn, Schumann y hasta el propio Liszt -quien posteriormente escribirá un notable F. Chopin- con quien el polaco cultivó una amistad que en parte podría parangonarse a la que mantendrá, primero en Polonia y luego a la distancia, con su entrañable ex compañero de escuela y para nada vinculado a la música, aunque sin desconocerla, Tytus Woyciechowski a quien Chopin en su adolescencia y primera juventud incluso se dirigirá en varias cartas con una pasión por el amigo que no mostrará por mujer alguna pero que está de manifiesto en toda su música, mezcla paradojal y siempre enigmática de una sensibilidad femenina desarrollada en un hombre que nunca pesó más de 50 kilos pero que a la hora de componer, de hablarse a sí mismo sincerándose con el oyente a partir del impecable fraseo de su piano, se volvía un genio de peso inconmensurable; un compositor singular porque los modelos que siguió no pertenecían a su tiempo sino al del contrapunto y la fuga de Bach, pero también a su admiración por la ópera italiana en general y por los belcantistas como Rossini y en particular Bellini –con quien mantuvo amistad-, componiendo unas Variaciones a partir de un tema de I Puritani: una de las óperas más celebradas de aquel. No obstante, el haberse mantenido fiel a una tradición estética que se remontaba a la primera mitad del siglo XVIII no hizo más que enriquecer y singularizar los particulares resortes creativos de alguien para quien –como Wagner, tres años menor que Chopin- su música estaba primero y en definitiva su música era lo único que le importaba, más allá de la sonata dedicada a Schumann, de los conciertos compartidos con ese otro pianista superdotado y compositor sinfónico sin el que su futuro yerno, Wagner, tal vez no hubiera existido de la forma en que pasó a la posteridad, llamado Franz Liszt y dándole la espalda a aquellos comentarios negativos en relación a su música, que también los tuvo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Morir y vivir a través del piano&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, enigma para los diversos médicos que lo atendieron y que hasta el final no lograron atenuar sus dolencias, sus ahogos y, con 38 años –un año antes de dejar esta dimensión- sus dificultades para subir una escalera, teniendo que ser sentado en una silla y llevado entre dos personas, convencidos todos de que padecía tuberculosis, cuando recientemente se descubrió que su enfermedad mayor, la que lo llevó a la tumba, fue una dolencia del corazón que hacía que este hubiera quedado enquistado, llamada precisamente fibrosis quística, que fundamentalmente causa problemas respiratorios y digestivos. Esto, entonces, justifica el porqué el único daguerrotipo que le tomaron en vida, el mismo 1849 en que murió –un 17 de octubre, en su última residencia ubicada en el Nº 12 de la Place Vendôme- no lo muestra desgarbado como cuadraría a un tísico sino más bien con una expresión de marcada molestia en la mirada, como producto quizás de encontrarse posando para un extraño artilugio antecesor de la fotografía, pero gracias al que hoy los admiradores y también los curiosos pueden recorrer ese cabello, ese rostro, esa cansada actitud emanada de un músico; de un compositor que sufrió la lejanía de su patria casi en silencio, pero que de manera incansable afirmó todavía más el coraje de un pueblo sometido por su orden a los prusianos, a los austriacos y finalmente a los rusos, pero que en Fryderyk Chopin tuvo a un luchador incansable cuyo instrumento en principio de denuncia fue el piano y las obras imperecederas que sus dedos destilaron recorriendo de manera casi hechicera el teclado de ese Pleyel que su fabricante -el célebre Camille Pleyel- había mandado hacer construir especialmente para el celebrado compositor de las Mazurcas, los Preludios, los Valses, los Nocturnos, los dos conciertos para piano y orquesta, una música de cámara nada desdeñable como lo es su Trío para piano, violín y cello, su Sonata para piano y cello y, en fin, todo un arsenal de composiciones para piano donde destacan además las Polonesas, los Estudios y las Baladas, entre otros productos de su genio compositivo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo lo que en definitiva no habló como hombre, lo reveló musicalmente. En este sentido, Fryderyk Chopin es quizás el músico más abiertamente confesional, quien desde sus obras nos sigue hablando de la lejanía de la patria, del temor a revelar sentimientos frente a una mujer, de su casi desdén por las obras de otros músicos, de su desinterés casi pasmoso por la literatura, contrario a otros colegas que en la poesía y hasta en la narrativa encontraron hontanar propicio de donde luego elaborar sus interpretaciones musicales. No fue el caso de Chopin, quien en cambio vivió 8 años junto a una novelista, una novelista que gozó de fama en vida, pero que hoy es más que nada recordada por su relación con Chopin y porque es la autora de un singular libro autobiográfico: Historia de mi vida en el que –dejando aquí de lado qué hay de absoluta verdad en todo lo que en él escribe George Sand- no deja de erigirse como un documento ineludible a la hora de estudiar la Francia de Luis Felipe y luego la Francia de la Comuna de París, del lado de sus artistas e intelectuales y hasta el advenimiento del Segundo Imperio, con Napoleón III, cuando ya Chopin había muerto para este mundo y habitaba para siempre la eternidad del universo musical que enriquece a todos quienes se acercan a él y aun deciden convertir una gran parte de ese cosmos sonoro en una extensión de la propia casa espiritual, donde habita el alma de cada uno.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El desinteresado de la religión a último momento pide el concurso de un sacerdote compatriota y ex amigo de estudios; pide que le lleven a George Sand, pero ella se niega a corresponder al postrer pedido del músico –aunque luego en una carta se quite toda responsabilidad de encima, aduciendo que no la dejaron verlo-; pide que su corazón regrese a Polonia, cuando en definitiva su corazón nunca dejó la tierra de sus primeros 19 años de vida, que marcaron para siempre no solo a un músico sino a un singular período de la música, que trascendió su tiempo y que llegó a este en el que hoy se celebra el bicentenario del nacimiento de alguien que, desde las teclas de un piano intemporal, no deja de revelarnos ese enigma alojado en su alma y en el que se reflejan, seguramente también revelándose, todo enigma de la raza humana que en el Arte musical de Fryderyk Chopin tarde o temprano encuentra su explicación.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-8690448407664115751?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/8690448407664115751/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=8690448407664115751&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/8690448407664115751'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/8690448407664115751'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/09/fryderyk-chopin-el-enigma-resuelto-en.html' title='Fryderyk Chopin: el enigma resuelto en música.'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TJC4QhmvD4I/AAAAAAAACII/B-JyY_SyTf8/s72-c/Daguerrotipo+de+Chopin+de+1849.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-2588195675162262239</id><published>2010-09-14T13:06:00.003-03:00</published><updated>2010-09-15T13:21:53.991-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Notas.'/><title type='text'>Crónicas Musicales: Guillermo Lopetegui.</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TJDyO839g4I/AAAAAAAACIo/XJ2OaaezyJE/s1600/musicos_(165).jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517175882201793410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 286px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TJDyO839g4I/AAAAAAAACIo/XJ2OaaezyJE/s320/musicos_(165).jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una de las componentes que ha incidido, incide e incidirá a lo largo de toda la obra de Guillermo Lopetegui, es la Música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de ser un apasionado en lo que se refiere a géneros musicales de todos los tiempos, posee vastos conocimientos acerca de la Historia de la Música, conjugando tal aspecto a su estudio de las Artes de todos los tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada Era Histórica está fielmente representada por su arte, y por ende, por su Música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guillermo Lopetegui, rescata en su literatura esos Valores, y los incluye, así es que sus textos siguen diversos ritmos, es decir, ritmos literarios que equivalen a la duración de la blanca, la negra, la corchea, y los silencios. Así además, va construyendo una “velocidad literaria”, que le marca el camino al lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esto no es todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lopetegui es además, un gran crítico Musical de todas las épocas, géneros y autores. Y eso nos lo demuestra en cada estudio de cierto músico, ritmo, era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que Guillermo Lopetegui es un gran ensayista musical.&lt;br /&gt;Pero la grandeza de esta parte de su obra, la hace su originalidad, digamos que estos ensayos tienen “un no se qué”, que hacen que el lector se zambulla de lleno en el personaje, la época, y el ritmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;“un no se qué”&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Guillermo Lopetegui tiene vastos conocimientos de la Historia de la Música, desde el surgimiento de la Polifonía, y todas las transformaciones dadas según el Momento Histórico, hablamos de diversos géneros, tanto del pasado, como del presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, lo que hace más interesante su obra, es que estos fenómenos se ven reflejados en su prosa poética. Se nos aparecen encastrados, inferidos, y tal fenómeno hace disparar un Hito Musical en quien está leyendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “un no se qué” de Lopetegui pinta su prosa, la sitúa en un espacio, en un tiempo, en una época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este “un no se qué” aparece claramente en sus estudios sobre Sting y Chopin. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Una fórmula musical&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En la obra de Guillermo Lopetegui, figuran diversos Ensayos sobre músicos de todos los tiempos. Mas los ensayos a que nos referimos no son solamente para meros críticos,&lt;br /&gt;sino que también son útiles a poetas, a futuras bandas, son un aporte a la “Música del Futuro”. Tal cuestión genera fenómenos bien interesantes: los jóvenes son transportados casi sin darse cuenta a los clásicos, y cuando son concientes de ello, están comprendiendo las raíces de sus bandas preferidas: De dónde vienen, cómo se inspiraron, y el porqué de las características de su trabajo. Es así que Lopetegui UNE a través de sus ensayos a diversas generaciones, justamente esos jóvenes que dicen aburrirles lo clásico, pero al encontrar en ese clásico una PISTA que tiene relación con sus bandas, es que los introduce en un mundo de música clásica, que de no ser por Guillermo Lopetegui, a estos jóvenes se “les pasaría de largo”, así, Lopetegui crea una “fórmula” para despertar su interés, los estimula y los incentiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es así que la fórmula musical de Lopetegui conecta eras y generaciones diferentes, mediante la poesía y la música. Hasta las tribus urbanas del presente (los góticos, emo, floggers, etc.), al comprender la fórmula musical de Lopetegui, se verán identificadas con su música al Entender de Dónde Viene. Los góticos o darks escuchan rock fuerte, esto viene de una tradición: Los Vampiros, y de cierta música y época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así Lopetegui cuando presenta ideas de ritmos, instrumentos, y el motivo de su origen, está transmitiendo un mensaje a ese joven de hoy, que quizá anda sin rumbo escuchando una estridente música electrónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por tal motivo, la fórmula musical de Lopetegui implica un mensaje sociológico, psicológico, se pueden estudiar las conductas de las tribus a través del amor por su música, y por tanto se pueden realizar estudios comportamentales, y entonces, prevención de ciertos aspectos negativos en sus conductas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fórmula de Guillermo Lopetegui tiene un Don.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongamos a X, de veinte y pico. X es fan del Grupo Y, y camina atontado con el mp3 al máximo volumen, por supuesto, con la música del Grupo Y. Pero cierto día, X encuentra Un Material, que le viene a revelar porqué el Grupo Y compone de y modo, y entonces, por la propiedad transitiva, X comprende porqué “es así”, el porqué de su amor por el Grupo Y. Ese ensayo de Lopetegui del Grupo Y, le cuenta a X qué hechos sucedían en el pasado, claro que antes también se lo contó su profesor de Literatura, pero X estaba en la Luna de Valencia, y así como vino, se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de este modo que Lopetegui está rescatando individuos de esta sociedad de la “Tinellización”, el plástico, y el consumo, Lopetegui les está nada más ni nada menos que devolviéndoles la Cultura que les ha sido despojada por esa siniestra Maquinaria Tecnológica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, Lopetegui es un artista comprometido con la Cultura, y se une al rescate de la misma, de los siniestros tentáculos los medios de estupidización, uniéndose a La Lucha que emprenden no sólo escritores, sino sociólogos, e historiadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En resumen, Lopetegui tiene el don de enlazar la Música con la Literatura, y hace nuevas poesías, dando mensajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guillermo Lopetegui es escritor, pero además, es historiador y teórico musical, es un analista de fenómenos sociales pasados y actuales, procurando con tales fines en definitiva, el rescate de La Cultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el Rescate de la Cultura es un Hito Trascendental. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;A/P Anna Donner Rybak.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-2588195675162262239?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/2588195675162262239/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=2588195675162262239&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/2588195675162262239'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/2588195675162262239'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/09/cronicas-musicales-guillermo-lopetegui.html' title='Crónicas Musicales: Guillermo Lopetegui.'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TJDyO839g4I/AAAAAAAACIo/XJ2OaaezyJE/s72-c/musicos_(165).jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-3293741768312700602</id><published>2010-09-09T14:46:00.005-03:00</published><updated>2010-09-10T13:22:01.514-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Notas.'/><title type='text'>Viaje de un Espíritu Místico y Musical.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TIkfIGCNeBI/AAAAAAAACCI/CMYsa94SSO0/s1600/Liturgia+de+la+Edad+Media.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 278px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TIkfIGCNeBI/AAAAAAAACCI/CMYsa94SSO0/s320/Liturgia+de+la+Edad+Media.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5514973442611181586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El escritor Guillermo Lopetegui emprende un largo viaje, aunque esta visión se desprende, deduce e infiere a través de casi toda su Obra.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Se trata de un viaje en la dimensión de los Espíritus Artísticos, aunque quizá también implica un viaje en la dimensión de los Hombres Comunes, para arribar mediante ellos a los Puntos Espirituales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un destino implícito es la Edad Media, concretamente los cantos litúrgicos.&lt;br /&gt;Está música llevó al autor en cierta etapa de su vida a abocarse al recogimiento en un monasterio benedictino, e indudablemente ese acontecimiento trascendental ha influido en la presencia permanente de la música en su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que, la música medieval era pasión. Su forma; un Misterio. A diferencia de otras manifestaciones artísticas que perduraron en el tiempo, la música medieval desapareció en el momento de desarrollarse y la única forma de hacerla pervivir fue mediante una notación musical que en la Edad Media o no se empleaba o se hacía de manera muy pobre en información, insuficiente en la mayoría de los casos para una reproducción fiel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, la música de los cristianos del Imperio Romano, de la que fue heredera la música medieval, se basó en repertorios ya existentes. Por un lado, se recogió el modo hebreo de canto a base de largos melismas y por otro,  la importancia del canto en el culto; del mundo clásico se heredó la teoría musical con su sistema modal y la valoración ética y educativa expresada por Platón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Canto Gregoriano, fue la música eclesiástica de los primeros siglos medievales, que estuvo al servicio del texto litúrgico de los oficios religiosos. Como no existíó una sola liturgia unificada, ante tal diversidad la Iglesia se vio en la necesidad de unificar la liturgia; y estableció un conjunto de signos y palabras que formaron parte de sus celebraciones, especialmente en la Misa y que eran comunes para todos los fieles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Canto Gregoriano usaba ocho escalas especiales heredadas de los griegos: los modos. El ritmo era libre, reducido a una especie de línea ondulante, libera, muy flexible y que huía de cuanto podía ser excitante. Prevaleció una exaltación estético espiritual de acercamiento a Dios gracias a su concentración, solemnidad, sobriedad y sencillez. Empleaba melodías al unísono y se cantaba a “Capella”, sin instrumentos musicales, y en latín. La música estaba ligada a un texto religioso y no tenía sentido sin él. Así, la música culta litúrgica fue la única que quedó plasmada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música profana y popular, la que divertía y disfrutaba el pueblo se perdió porque nunca se perpetuó por escrito. Eran habituales el canto y el baile, como herencia del mundo pagano. Numerosas fuentes eclesiásticas lo condenaban. Pero tanta insistencia en el ataque a estas prácticas puso de manifiesto la habitualidad con la que se producían. Trovadores, juglares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue precisamente en la Edad Media que nació la Polifonía; un conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresaba su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico. No era una música lineal, sino que varias voces sonaban simultáneamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este viaje de Guillermo Lopetegui comprende las casas de Dios, de un estilo románico muy bajas, con ventanucos quizá sin cristal, podría decirse que son austeras, como todo el mobiliario de ese período muy largo llamado Edad Media, desde donde Brueguel muestra a través de pinceladas las escenas la vida cotidiana.&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TIkeUfQNQ1I/AAAAAAAACCA/4fUM7GcVG_g/s1600/Edad+Media+Vida+cotidiana+Brueguel.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TIkeUfQNQ1I/AAAAAAAACCA/4fUM7GcVG_g/s320/Edad+Media+Vida+cotidiana+Brueguel.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5514972556027577170" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Es así, que el Espíritu Musical, se ve reflejado en toda la obra de Guillermo Lopetegui, y su premisa básica es una prosa que revela la comunión perenne entre el Arte y El Amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A/P Anna Donner Rybak&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;9/IX/2010&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-3293741768312700602?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/3293741768312700602/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=3293741768312700602&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/3293741768312700602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/3293741768312700602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/09/viaje-de-un-espiritu-mistico-y-musical.html' title='Viaje de un Espíritu Místico y Musical.'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TIkfIGCNeBI/AAAAAAAACCI/CMYsa94SSO0/s72-c/Liturgia+de+la+Edad+Media.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-8087809941230403451</id><published>2010-09-01T12:42:00.004-03:00</published><updated>2010-10-22T16:28:32.263-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dedicados'/><title type='text'>El Pedido</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TMHWWsmFrDI/AAAAAAAACgA/4H1eyHHdc7E/s1600/Venecia.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 266px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TMHWWsmFrDI/AAAAAAAACgA/4H1eyHHdc7E/s400/Venecia.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5530937502804061234" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Anna Donner Rybak&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aqueronte,&lt;br /&gt;¿Tú no ves al joven que viaja en la barca&lt;br /&gt;que te ha caído en gracia?&lt;br /&gt;Ten piedad, devuélveselo a Istro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aqueronte,&lt;br /&gt;Thomas Te pide&lt;br /&gt;Entretengas  la barca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aqueronte,&lt;br /&gt;Y si no llega el escritor a Venecia,&lt;br /&gt;¿Cuál será el futuro del hijo de Tetis?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Katia siempre está.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-8087809941230403451?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/8087809941230403451/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=8087809941230403451&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/8087809941230403451'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/8087809941230403451'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/09/el-pedido.html' title='El Pedido'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TMHWWsmFrDI/AAAAAAAACgA/4H1eyHHdc7E/s72-c/Venecia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-7945548050368522326</id><published>2010-08-19T15:17:00.002-03:00</published><updated>2010-08-19T15:21:15.229-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos.'/><title type='text'>La esperanza y su sombra</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TG12CSfT2JI/AAAAAAAAB0g/Xos7OEcgpxU/s1600/vp1.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 213px; height: 237px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TG12CSfT2JI/AAAAAAAAB0g/Xos7OEcgpxU/s320/vp1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5507187701038962834" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right; font-style: italic;"&gt;in memorian V.P.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De tú haber estado conmigo coincidirías en que no hubiéramos imaginado que llegara ese día, cuando sin suponerlo el cable irrumpió en mi tarde poco clara con aquel imprevisto homenaje a la memoria de tu canto, de tus cuerdas, de tus búsquedas que creí perdidas para mí, la hora difícil de establecer en que resolviste emprender ese camino a través del que seguro ya no me reencontrarías o por el que preferí no perseguirte, ni tan siquiera buscarte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora, en cambio, una televisión globalizadora ponía sus efectos visuales al servicio del collage de fotos y fragmentos de entrevistas, con explosiones de color y súbitos congelamientos de imágenes, sobre lo que se alzaba fundamental y concluyente la emisión inaugural de una cinta reveladora, de una última composición inédita y hasta esos momentos desconocida,  confirmando ese aniversario que me invadía en mitad de la resaca, rescatando para mi a sombro y después la velada emoción las líneas ancestrales de tu rostro moldeado a grito, dolor y llanto, pero por donde a veces surcaba el trazo esperanzado de un próximo mañana que tú –poema, acorde y canto- pugnabas por repartir en partes iguales (ah, lo de aquella igualdad…) entre “Nosotros todos” lo decías o modulabas en un grave de cuerdas y final y “Sólo tú y yo” me lo recordabas casi tímidamente cuando el canto aguerrido se volvía plegaria susurrada contra mi pecho, en aquellas edificaciones de la intimidad donde se daban cita tu amor y mis dubitaciones, y hasta encontrábamos una forma de la celebración en el abrazo que relegaba los opuestos, las contradicciones y hasta los imposibles para ese otro mañana, que desde nuestra noche de Santiago, de París, quedaba lejos. “Muy lejos”, me susurrabas; “Más lejos que Saturno”, te me ibas durmiendo contra las porciones de piel de mi pecho, todavía entibiadas por tus besos próximos y cuando el sueño inminente después de la entrega de amores y fluidos largo tiempo contenidos te iba suavizando los rasgos ancestrales y yo en esos momentos te prefería así: sin el poema, acorde y canto, sin la voz aguerrida y solidaria, sin los miles de aplausos haciéndote eco en las concavidades de la mina o la ruca distantes y el puño en alto sostenido por tu sonrisa: auspiciante para todos ellos; crepuscular cuando más allá de todos a veces te topabas con cierta inexplicable ausencia, aunque ellos no lo advirtieran. Sin embargo en la penumbra que relegaba versos, charango, quena y bombo a la región temporal de los olvidos, de las pérdidas, para en cambio recordar el amor-pasión en el rescate del beso-abrazo, tu ternura recorriéndome la desnudez finalmente entregada iba descubriendo para los dos aquellas regiones mías que más tarde o más temprano volverían a quedar ocultas tras las fiestas galantes celebradas bajo las luminarias casi enceguecedoras de palacios imposibles para tu canto íntimo, para tu sonrisa clara, para tus manos de tierra y cobre acordeando palomas degolladas, en las cuerdas de tu voz hecha guitarra abriéndose paso entre la esperanza y su sombra.&lt;br /&gt;Allí estaba Vietnam alterándolo todo, como anticipación sangrienta de Bosnias-Herzegovinas y Kosovos sufriendo los errores de cálculo de erráticos misiles cotidianizando el horror de la sangre pegada a los cuerpos desnudos de hombres llevando a mujeres y mujeres cargando con hombres, vagando sin otros derroteros que aquellos que terminaban en el miedo, la desolación, el hambre y la muerte, lejos de la implacable indiferencia de Nueva York o Ginebra justificando sueldos suculentos entre trajes de Armani y tailleurs de Chanel jerarquizando lo que para ti suponía la inutilidad de unas conferencias que directamente ignorabas, porque antes volvías tu a veces rígida ternura a los surcos que abría la fatiga de los semblantes endurecidos por el rigor de mineros y campesinos a quienes reverenciabas desde esas composiciones donde la poesía misteriosamente armonizaba con el dolor, contrapunteando en mi cabeza horas de reflexión cuando otras madrugadas de París me arrastraron, entre una copa y otra, a echarme contra un rincón de mi pretendida soledad en donde dejaba girar el disco o apretaba “Play”, a pesar del temor de que efectivamente de un momento a otro tu voz sorpresivamente llenara el apartamento casi vacío de esa íntima evocación que se tornaba en dolor llevándome a aflojar el nudo de la corbata, desprenderme de la incomodidad que me oprimía el cuello a la altura del primer botón de la camisa, apoyar mi cabeza contra la ventana y  volverme apenas de perfil a la noche, para constatar que hacía pocos minutos la boca del métro Rennes había quedado herméticamente cerrada hasta el otro día, a las cinco de la mañana, cuando los demás miraban sus relojes y cargaran sus portafolios y yo sobre la alfombra me babeara a veces dormido, pesado de alcohol y apestando a tabaco mientras una mano tuya se extendiera a través de las dimensiones, partiendo del sueño plácido y llegando a la vigilia inquieta, con tu cuerpo sudoroso y envolviéndome entre tus brazos, cansados aunque decididos en ese compromiso tuyo de ¿siempre? Remar hasta mí.&lt;br /&gt;Venía entonces el tiempo de la entrega al mágico viaje por entre las concepciones primigenias del sol y de la luna, aceptando la guía de tu mano cuando temporalmente no se cerraba en capullo agitando perfumes silvestres al rasguear la poesía de las cuerdas evocando otros lugares. Así nos andábamos alejando por entre los demás, hasta perdernos de todo para nuestro reencuentro en las palabras, en las miradas, en las caricias, en los abrazos, en los besos, en aquellas instancias repartidas entre una porción de río, un fragmento de puente, un rincón de jardín, un ángulo de palacio, una lluvia prevista o el inusitado golpe de sol al doblar la esquina de la calle de charcos nivelando las ondulaciones del empedrado, donde comenzaban a proyectarse los reflejos de una próxima primavera. Sin embargo, en una demora de semáforo o embotellamiento dificultando el cruce de la avenida o apenas detenidos junto a la vidriera de cualquier librería tus ojos me mostraban, con tímida ternura, la inminencia de un otoño que sería apenas soplo helado abriéndole a la estación implacable espacios de llanura, valle, montaña y lago, rostros tristes, de pieles aún cuarteadas por el verano próximo a alejarse y labios apretados, de voces ausentes  pero que en ti habían encontrado la singular expresión de un canto definitivo para homenajear el andar encorvado por entre las estrecheces invernales siguiendo la ruta de guanacos y vicuñas hacia la cotidiana presencia de la soledad, en lugares que querías dejar atrás aunque fuera temporalmente para así poder echarte contra mí sin el peso de tanta reflexión, cuando tú misma eras la savia feminizada de ese paisaje y en ti confluían todos aquellos rostros ratificándote madre tierra, tierra mujer y mujer fecundada por el sueño, para regalarle al mundo otra realidad en la que irían proliferando las comunidades del canto y el amor en ese trabajo destinado a preservar la dignificación de una única raza. Pero antes o después acabábamos eligiendo el rincón apropiado en el que celebrar con la pasión nuestro reencuentro; y así yo era el encargado de soplar los pabilos de todos los candelabros, de silenciar las fiestas, de opacar el brillo de otras luminarias, para en cambio conformarme con lo inmediato de esa vela que iluminaba nuestros rostros y de la que tú dejabas volcar algunas gotas de sebo sobre la cerámica oscura de Pomaire, extendiendo luego tus arpilleras sobre el piso e invitándome a que me dejara recostar bajo tu mirada auspiciante y tus labios sonrientes, altiva en tu semidesnudez insinuando los orígenes de una Naturaleza voluptuosa, porque allí estaba un nuevo telar con el que habías ido dejando pasar las horas, los días y los meses, materializando el tiempo que restaba hasta ese momento en el que un índice tuyo me señalaba el tema de tu muy particular y removedora artesanía, la parte que me correspondía y en la que empezaba a ser ángel caído integrándome al dominio humano de tu canto donde me arrullabas como madre, como hermana, como amiga, como amante. Era como se presentaban las variaciones de nuestro reencuentro, de frente al ventanal donde se proyectaba la piedra decimonónica que consolidaba los muros laterales de los edificios circundantes, sobre cuyos techos el cielo iba cambiando de colores como nosotros de intensidades, hasta que del exterior se venía alzando la oscuridad en el preciso instante en el que el pabilo echaba su último fulgor sobre la proximidad de nuestros cuerpos exhaustos y los primeros parpadeos anticipando el dormir de perfiles aproximados en un abrazo que los diferentes cambio de postura irían deshaciendo con el devenir de las horas atravesando el sueño nocturnal de nuestra entrega. Así nuestra ansiada intimidad de los primeros momentos armaba el ámbito preciso para que en él se dieran cita la ocurrencia común, la palabra susurrada, el asentimiento rubricado en la sonrisa que aferraba manos, que apuraba pasos por entre aquellas rutas secretas de nuestros paseos improvisados o programados a espaldas de los amigos o desconocidos de Santiago, La Paz o Buenos Aires, de París, Ginebra o Varsovia, quienes más tarde o más temprano se volverían a dar cita en la unción de miles que escuchaban en silencio convocados por tu canto de a veces imprevistas estrofas donde, como en tus arpilleras, yo me descubría singular creatura que en un verso añoraba el cielo y en otro tus besos, que escapaba o regresaba, París o Santiago, amando u odiando.&lt;br /&gt;Las canciones y los aplausos, los bises y los amigos, las noches de bistrots y cafés conformando los espacios en los que resonaban los murmullos o el barullo, las risas o la réplica amigable cuando entre compañeros se planteaba la controversia política a pesar del mismo frente, de ese fragmento de diáspora mitad autoexiliada o ida y venida de los oprimidos o los opresores, de las cordilleras a los boulevards, de las peñas de empanada y sopaipilla, vino y mistela, a los cafés de Còte du Rhone y Gitanes blondes donde te vine a encontrar casi por casualidad, en una madrugada de inspiración trasnochada que voló de mi mesa – desde la que te había reconocido y con rapidez y garabato concebí una estrofa y te hice llegar el papel- a esa otra en la que rodeada de aquellas prolongaciones de aplausos recordándote el éxito del recital pasado –que ignoré por encontrarme en La Salpetiere para un concierto de música antigua-, desde tu charango y con sonrisa cantada me hiciste llegar la correspondencia establecida entre nosotros, por encima de esos mismos que seguirían prolongando nuevas noches de recitales y aplausos paralelos a mis varios Cote du Rhone, pero ya sin versos porque yo trataba de descifrarme incógnita de ángel caído vagando de arpilleras a canciones, del porqué de tus palabras a la contraposición de mi mutismo, hasta que tu preocupación se abría paso entre las sonrisas y los encuentros y llegaba a mí copiándome temporalmente en la ausencia de voz, de música, de poesía, intentando la comprensión y el acercamiento en forma de esa mano que apoyabas en mi antebrazo invitándome decidida a abandonar aquellos lugares para conducirme con dificultad, aunque resuelta, en dirección a recuperarnos.&lt;br /&gt;Vendría así el tiempo en que eras tú llevándome prácticamente a cuestas; no podías ser sino tú, única y casi sola, enfrentando la noche en ese mirar a todos lados hasta encontrar el taxi, la dificultad cuando la seña de medio brazo en alto – mientras con el otro, rodeando con fuerza, tratabas de mantener en pie aquel temor, aquella incógnita, aquella duda- y la dirección que dabas en perfecto francés, al tiempo que el esbelto negro de Togo la minúscula miraba por el retrovisor sin reconocerte pero con una velada media sonrisa porque la situación lo extrañaba y hasta le hacía sentir admiración por ti, a esa hora de la madrugada y con un borracho a cuestas una vez que en principio lograste meter primero el estuche con la guitarra, luego echaste el bolso de telar y casi te sentás arriba de él cuando por último te aferraste de las mangas de la gabardina y tiraste hacia adentro el peso casi muerto de mi borrachera y finalmente, estirando un brazo por encima de mi entrega semidormida, cerraste la puerta, me pasaste tu otro brazo por detrás de la espalda y me atrajiste al ofrecimiento de tu hombro bajo la ruana, contra la que me instante a que recostara la cabeza. Allí me cantaste no sé que nana, a pesar de que el ángel caído casi en sueños pugnara por saber si esa canción de cuna era andaluza o sus orígenes se remontaban al canto de tu madre adormeciendo tu infancia la pie de la cordillera y con la promesa futura de un terremoto sacudiendo la urbe de Chillán y cuando tú niña, adolescente, jovencita, ya te estarías aventurando en la alta noche de los pasillos que formaban el laberinto de tus sueños en donde ahora yo parecía perderme con mis interrogantes e inminentes pesadillas. Sin embargo seguías estando allí con tu cuerpo sirviéndole de escudo a mis pocas fuerzas frente al viento que arreciaba en el boulevard cuando el taxi se alejó y te volviste a la reminiscencia gótica del edificio y con dos palabras de aliento y un beso de tus labios carnosos en mi frente, me fuiste prometiendo el calor de las sábanas en el trayecto demorado y dificultoso escaleras arriba rumbo al segundo piso; me lo ibas susurrando al oído, con esa voz tuya que nunca había dejado de pertenecer a cierta extraña femineidad armada de sentires y pensamientos de cara a la panorámica oriental de la Cordillera y que ahora-dejando para una próxima aglomeración fervorosa en los recitales de cara a todas las diásporas preludiando las que vendrían después, el canto de amor aguerrido o la inquebrantable militancia desde las frases dulces pero resueltas (ah, tarea bastante comprometida la de la crítica futura a la hora de intentar definir tu peculiar juglaresca contemporánea al servicio de los oprimidos por el amor o por la injusticia: en definitiva es el mismo diablo que se viste con el uniforme de los déspotas o con el de la indiferencia, y después pediste que no lo agregaran en el reportaje efectuado en mitad de un trayecto en ferrocarril en dirección a ese Magallanes sur abajo que te golpeó y mencionó a la misma vez, como el amor y la injusticia)- me tomaba por la cintura, calzaba su hombro bajo mi axila y hacía fuerza de pelo negro que se le venía sobre el perfil subiendo otro escalón con esa carga que le balbuceaba al oído las órdenes de sólo para mí, cuando tú entonces te detenías en el penúltimo descanso recordándome el porqué primero de que estuvieras allí, en París, haciendo fuerza en la madrugada por llegar de una vez al dichoso segundo piso cargando con la contradicción que imperaba exclusividad de voces y sonrisas cuando te reconocía entregada en cuecas, huaynos, tonadas, lamentos y compromisos a los miles de seguidores que yo generalmente trataba de ignorar, que no quería ver y a los que finalmente les negaba la existencia con una mortecina risa de borracho, que segundos después se volvía llanto de mi frente contra tu cuello pidiéndote el perdón que no me habías exigido. En cambio me recostabas en esa cama nuestra que nunca volvía a quedar completamente tendida, si dignidad de cama merecía aquel colchón doble plaza adonde minutos o siglos después te echabas tú buscando entre mis despojos aquellos restos de integridad en donde resguardar tu silencio de femenina esperanza vuelta semblante casi ancestral del ojos cerrados,  que más tarde aquellos miles convertirían en ícono referencial para esperanza de quienes deberían seguir entre viviendo las incertidumbres o padeciendo las certezas: contradicción de pueblo que sólo en tu canto de dicha y dolor llegaba a conquistar su armonía y hacía creíble su futura libertad. Y esto tú y yo, pero tal vez más yo que tú, lo sabíamos; lo sabíamos por los diarios ilustrando las notas con aquellas fotos de archivo que te rubricaban maga, hechicera, reencarnación de genio popular dueño del canto y del fraseo melodioso de esa guitarra que yo, alzando los párpados cansados cuando aún no se había extinguido la vela de la llama oscilante sobre la superficie cóncava y oscura, sabía dentro del estuche vertical y recostado junto a la puerta de ese apartamento ya cerrado se diría que para el universo, ya oculto de la mirada de los miles que te habían aplaudido y vitoreado, ya íntimo y propicio para que dentro de él se revolvieran las sombras proyectadas en la pared y en el gobelino de unicornios- que contrastaba con tus arpilleras de montañas y llanuras, anónimos mineros, desde siempre campesinos y antiguos señores de la tierra- al que de vez en cuando te volvías echándole una mirada casi se diría que entre comprensiva y respetuosa, porque amabas los unicornios pero no te interesaban los brillos rancios de las telas renacentistas, si bien apartabas la mirada de aquella escena y me acariciabas el mentón intentando trasmitirme tu firme resolución de comprenderme con cualquiera de aquellas sonrisas tuyas que te ratificaban en tu entrega perpetua a las avenidas y callejones, mares  y estanques de mis sorprendentes alegrías e inexplicables desazones, como te gustaba definirme en lo que tú decías era el posible contenido  de aquel cajón perteneciente a un muy extraño mueble que adornaba mi casa  interior que ni tú ni nadie podían abrir porque ese era mi secreto, mi incógnita, mi parte intocable, misteriosa y hasta se diría que trascendente, me asegurabas, mientras te ibas durmiendo y un movimiento tuyo debajo de las sábanas liberaba restos de aquel olor que era el producto de esa extraña fórmula creada por tu naturaleza y la mía, y que se efectivizaba cuando todavía la vela echaba resplandores ocres en derredor de nuestros abrazos, besos, penetraciones, jadeos y gritos finales. Y seguramente nunca te dije que no quería que los gritos nuestros anticiparan los finales porque después, con casi la vela vuelta un montón escalonado de sebo en la concavidad que habían moldeado tus manos, tus dedos manchados de arcilla cuando no se arqueaban para le acorde que acompañaba la última estrofa de tu canto a pesar de sentirte allí certeza de mujer dormida sobre mi hombro en la plenitud del amor reciente, la quietud de aquella estancia nuestra empezaba a repoblarse de los artículos con las fotos de archivo, de la certeza de las miles de cartas que llegaban hasta los escritorios de las oficinas del sello discográfico, de los noticieros documentando tu apertura de otro festival de Cosquín que no reía con un recital en el Olympia o con una velada benéfica por los damnificados de otra catástrofe en cualquier parte de ese mundo castigado que quería, aclamaba y hasta exigía tu presencia sin reconocer de mi existencia para esa mujer que dormía sobre mi hombro, plácida, entregada y casi se diría que frágil, introspectiva y temerosa a pesar de la actitud aguerrida puesta de manifiesto en la tonada, en la proclama y en el saludo final de puño en alto rubricando un mismo pensamiento, una misma entrega, un edificar de la esperanza sobre los restos de cualquier sombra; sobre aquella oscuridad de lo que no gravitaba en el mundo de tu canto y tus ideas, como bien podía ser- aunque lo negaras con besos, abrazos y sonrisas- todo aquello que se agitaba estertoroso en los interiores del apartamento sólo sombra, incluyéndote. Entonces, el peso de tanta foto, artículo, noticiero, carta, festival , recital y manifestación político-musical a beneficio de la parte más castigada del universo empezaba a oprimirme el pecho , hacía queme revolviera bajo aquellas sábanas en donde la noche iba disipando el olor armado por los dos y mientras te soñabas apartada de mí por los miles de brazos de los oprimidos que iban a reverenciar tu canto allí donde el sufrimiento edificaba poblados de desolación a la que tu presencia sobre el escenario combatía con la esperanza como lanza y escudo, hasta que ibas entreabriendo los ojos con la misma lentitud que tenía esa hora de la madrugada para moldearte en el semblante a medias despabilado la sorpresa de efectivamente verte apartada de mí, pero por mi llanto de espaldas a tu súbita amargura; mi llanto que no se animaba a encontrar respuestas a tus porqués que te llevaban descalza y desnuda a tantear el piso por otra vela a la que encendías sobre los restos de la anterior, arrimándola hasta que el resplandor del pabilo me iluminaba de rostro convulsionado y mandíbula apretada intensificando un resabio de dolor a ambos costados de esa cabeza mía víctima de la resaca inevitable, para la que tu prontitud te mostraba enfundándote en un suéter de lana que resaltaba aún más tus caderas con la ausencia de la bombacha; que te insinuaba todavía más deseosa la esponjosidad tupida y triangular florecida en la entrepierna, yendo decidida a preparar dos cafés porque te gustaba acompañarme cuando regresabas con la bandeja en la que también se hallaban dos aspirinas, un vaso de agua y los cigarrillos. Mientras tomábamos el café en silencio de a ratos me observabas, respetuosa en tu ausencia de palabras aunque envuelta en interrogantes porque yo, con la mirada por momentos perdida en el ventanal que proyectaba los resplandores todavía artificiales del boulevard, no quería hablarte de mi integridad, de la búsqueda de mi armonía, del encuentro definitivo de mi pretendida libertad y cuando ya casi en mi piel parecía no quedar rastros de tu abrazo, de tu beso, de tu montarte sobre mí o atraerme a tu profundidad aferradas tu s manos a mis nalgas, previo a los jadeos y el grito rubricado de aquellos finales que yo no quería, porque ansiaba cierta perpetuidad de tu entrega allí, en ese apartado donde yo seguía bebiendo el café, consumiendo el cigarrillo, deseando que desaparecieran los últimos restos de aquella resaca que había estado oprimiéndome las sienes, y el no escucharte, el no mirarte y en aquellos momentos estuve seguro que también el no tocarte, porque súbitamente te suponía ajena al ámbito por demás estrecho de mis propiedades más celosamente queridas. Pero casi mágica o sorprendente o hasta fastidiosamente para mí, parecías adivinar mis elucubraciones quitándome la taza vacía de las manos, la colilla del cigarrillo de entre los dedos aplastándola junto a la vela para rodearme con tus brazos en el afán , en principio algo desafortunado porque desde mi mutismo pretendía rechazarte, de atraerme a tus senos de pezones grandes y oscuros, contra tu respiración algo agitada por ese leve nerviosismo que te venía cuando en mitad de la noche te despertaban mis sollozos de espalda a tu semblante de ojos cerrados a través de los que sin embargo se trasuntaba tu plácida entrega de brazo cruzándome el torso, de mano navegándome en la caricia de las oscilaciones palpitantes del pecho, cuando tus dedos de piel cobriza recorrían mi vello y jugaban con los pocos rulos que nacían entre mis tetillas, todavía tibias de aquellos besos tuyos, y yo me preguntaba, acariciándolos de espaldas a ti, si se trataba de los mismos dedos arqueados para el acorde o manchados de aquella tierra oscura que entre tus manos unidas casi en suave plegaria, amorosa y pacientemente procedían a trabajar la forma dentro de la que después acunarías aquella vela que echaba tus resplandores ocres sobre los momentos que tú y yo íbamos armando conforme transcurrían las últimas horas de la tarde y las primeras de esa noche, cuando yo íntimamente celebraba el que la madrugada no te tuviera en una peña o bistrot, recital más allá de los Urales o gira por Centroamérica, o tú dejándote llevar por las risas, los abrazos y la proximidad afectiva de tu núcleo selecto de Santiago y yo congelándome lentamente en Pere-Lachaise, parado junto a la tumba de Asturias y de forma anhelante o por demás estúpida queriendo ver en el perfil de aquel guerrero maya algún recuerdo vago  común a Guatemala antes de Guatemala y a ti, en las líneas de un rostro antiguo, casi mítico, aprehensible para esa mi memoria que me fuera arrimando nuevamente a tu imagen, cuando los besos, las caricias, los abrazos y las penetraciones tarde o temprano pasaran a ser sólo recuerdo. Te lo confesé cuando ya una luz de amanecer recorría la doble vía del boulevard, renacía el murmullo de los caminantes y una flauta traversa lejana parecía darle la bienvenida  a la feria de ese día jueves, con sus puestos esquineros de mariscos, ropa confeccionada en las Mauricio, rarezas discográficas del pop inaugural, libros de editoriales decimonónicas con las páginas amarillentas y las tintas violáceas de las firmas de hacía casi cien años, y las verduras, frutas, quesos, fiambres y vinos con lo que resolvíamos la celebración del almuerzo, ratificando su casi suntuosidad en el mantel con las dos servilletas de tela, las copas y esa vela que seguía encendida y viajaba del piso de listones a la mesa tendía, de los mosaicos del baño al mármol de la concina, y de allí al brindis y a que luego ambos, cruzándonos miradas y sonrisas asistiendo en silencio, coincidiéramos en lo exquisito de aquellos platos que ambos habíamos creado después de que, una apoyando las manos en los hombros del otro, hubiésemos bajado las escaleras al encuentro breve de una ciudad a través de su variada oferta en la que nos íbamos deteniendo, hasta el regreso balanceando bolsas y  apretando baguettes debajo del brazo en dirección a ese rincón delimitado por nuestras circunstancias donde minutos después se oficiaría un ritual que , conforme pasaba el tiempo, parecía destacarse cada vez más y en el que nos veíamos ambos creando algo juntos, por más que no fuera sino el almuerzo o la cena: oficios no menos importantes como el que tarde o temprano nos reencontraba franqueando océanos, países, cordilleras, rascacielos, islas, y atolones porque en el simple apretarnos las manos, en el beso efusivo sin importarnos el ruido ensordecedor del siguiente avión levantando vuelo y dando así quizás fin abrupto a una historia tal vez parecida a la nuestra o aquel otro que traía de regreso su carga de afecto y deseo, estaba simplemente la confirmación del uno para el otro a pesar de los compromisos musicales y políticos.&lt;br /&gt;Pero entonces, el siguiente brindis mezclaba su tintineo cristalino con el exasperante sonido del teléfono, que seguramente era para ti; porque a pesar de yo estar allí, de custodiar celosamente nuestro rincón, de pasar batallándole al insomnio en más de una de aquellas noches que te tenían a miles de quilómetros de la posibilidad de una cama, de un almuerzo compartido entre los dos, ese era tu apartamento por más que me insistieras una y otra vez que era de los dos y que siempre sería de los dos, e en el último caso reconocías preferir el que yo siguiera en él a pesar de aquello en lo que no querías pensar y que se vinculaba con la posibilidad –“r4emota”, “imposible, “impensable”, casi parecías estártelo diciendo a ti misma, con la mirada vidriosa y temporalmente perdida y la mano en alto sosteniendo la copa, antes de probar otro bocado y de beber un nuevo sorbo de vino rojo-, de que un día nuestro amor se terminara y que ese final estuviera dado de forma breve pero contundente, como uno de aquellos acordes luego del cual el público ovacionaba otra de tus composiciones pero no todavía esa de la que, sorprendiéndome, me empezaste a hablar aunque vagamente. Lo hacías, sin embargo, con una conmovedora dulzura en tu voz asegurándome que se trataba de uno de tus proyectos compositivos más íntimamente ambiciosos, porque en su poética pretendería explorar los afectos cuando corren el riesgo de ser truncados por lo imprevisto, le imponderable, las acciones definitorias difíciles de controlar o que incluso, ante otras imposibilidades, se llevan a cabo con un pasmoso dominio de los sentidos. Entonces, con la forma delicada de la copa de vino sostenida por tus manos de dedos levemente gruesos, de uñas que jamás habían conocido el esmalte; desde tu tan particular versión del materialismo dialéctico, comenzaste a aventurar el tema de quien rememora al mamado, a la amada, desde más allá de este mundo; que no sabías si el amor  por los vivos podía ser rememorado, evocado, sentido desde esa otra región que para ti, pagana en lo más recóndito de tu femineidad primordial a pesar de tus Decimas a la Virgen, se te presentaba poblada de sombras que tal vez en algún momento se dignarían a recordarte, en susurros, cómo habías pasado a ser una de ellas, contrario a esa espera del Juicio Final y la resurrección de justos y pecadores redimidos que fue lo que te quise decir y sólo me limité a penar, interrumpiendo la divagación cuando me dejé llevar brevemente por esa expresión tuya de párpados entornados y labios canosos bebiendo de esa copa. Y por un momento, en el lento transcurrir del mediodía a la tarde de aquel almuerzo, se me ocurrió reflexionar acerca de cómos ería esa región de sombras o ese pasaje de luz a través del que todos marcharíamos hacia la revelación más o menos concluyente de nosotros mismos, cuando acabaste la copa, me la arrimaste para que te volviera a escanciar el vino rojo, y antes de que brindáramos nuevamente me dijiste que no sabías cómo era la eternidad, pero que en todo caso te gustaría que tuviera la forma de ese momento armado a almuerzo de simplemente dos seres que se querían, luego de un paseo a través del que fuiste arrastrando ensoñaciones de una ciudad a la que atravesaba un río, ansiando la vuelta al rincón donde te abrazara ese gracia a quien el amor se sublimaba o se convertía en enigma sin resolución posible o con clave perdida para siempre, llevándote imprevistamente a extrañar una tierra lejana- donde existía otra ciudad atravesada por otro río- en el beso añorado mucho después de que el almuerzo se esturara en tarde y noche de pasiones intercambiadas, hasta que avanzando la madrugada mi actitud comenzaba a transitar de las últimas entregas a los primeros rechazos.&lt;br /&gt;Muy lejos todavía de la mañana; muy cerca del otro dormir incómodo, tu sueño se iba tornado región a medias secreta que guardaba la memoria de otras horas que eran otras vidas, llevándote a la plegaria silenciosa que una rara mezcla de felicidad y tristeza elevaba en párpados entornados, vuelta a un lado de la almohada, en procura de encontrar mi compresión. Pero sólo te taladraba es cuerpo pesado, con restos de borrachera y de preguntas sin respuestas acumulándose en esa actitud mía de colocarme de espaldas a lo que en ti no pretendía ser requerimiento, sino apenas certitud de seguir estando allí, en tu incorporarte en el colchón tanteando a un lado sobre los listones del piso buscando la vela que volviste a encender; en la arpillera inconclusa de hilos colgando en un extremos de ese apartamento parisino, a lo largo de lo que pasabas tus manos de dedos de color de cobre y de tierra casi salvajemente arada que estaba tan lejos y sin embargo amontonándose allí, en tu expresión de labios cerrados y mirada caída sobre tus propias interrogantes, proyectadas en las formas que iban delineando la actitud del ángel caído o demonio elevado que creías percibir en el telar a medias trabajado y que el claror de gris invernal lentamente iba moldeando para tu soledad en la indiferencia echada a un costado del colchón dándote la espalda, en la ausencia de palabras, y, en fin, en todo eso que un impolutos de fuerza y amores y artes postrimeros resolvió ir plasmando en acorde, verso y canto.&lt;br /&gt;Como brisa de entreluces colándose por las celosías a medias cerradas, aquello fue arribando hasta mis párpados, involuntariamente, moviéndome aun casi secreto despertar, siempre de espaldas y en silencio para asistir – simple y nunca pude llegar a confesarte que hasta conmovedoramente- a lo que decidiste sería tu última composición, como me lo dejaste escrito junto al título que elegiste y la pregunta formulada para una respuesta de no sé si te di o no, si me diste o no , en tres etiquetas cruzando a lo largo ese casete que tiempo después sólo una breve nota tuya me ayudó a encontrar, cuando alguien – llegando del toro lado de las incógnitas oceánicas- me trajo un pequeño sobre alargado adjuntando casi en exclusiva la noticia – de la que durante más de una semana se harían eco luego la televisión, la radio el periódico, los círculos de allegados, los escenarios vacíos, el público acongojadamente desperdigado por terceros y primeros mundos- que me dejó tres días sentado en un rincón de la oscuridad de un apartamento metido en un edificio de una ciudad que ya no tenía ni nombre, fumando cada tanto, bebiendo cada tanto, imperturbable al principio y entregado en llanto finalmente. Luego, enjuagando lágrimas, me decidí a abrir aquel sobre algo sorprendido ante las instrucciones que me dabas de seguir una ruta armada a recipiente de cerámica con restos petrificados de una vela muy antigua, que tuve que apartar para abrir la tapa de aquel viejo baúl dentro del que se encontraba la arpillera con la figura casi terminada del ángel caído, que lentamente se fue levantando al desplegar aquella artesanía dentro de la que se hallaba la cinta que grabaste tan cerca de mí, cuando sin embargo el ángel, vuelto de espaldas a ti, tirado en ese colchón, se replegaba a una región más cercana a o lo profundo de una tierra ignota, a años luz de es acorde que se sumaba al otro, de ese verso que seguido al anterior iba armando una ofrenda inmerecida y final, porque n parte me decretabas esperanza que tú te animabas a celebrar desde la sombra.&lt;br /&gt;Una y otra vez tuve que leer lo que no sé en qué momento de ese día de hace tanto tiempo o de ayer o de mañana, escribiste con un pulso firme en esas tres etiquetas pegadas del lado “A” del casete: “’La esperanza y su sombra’. La última composición. ¿Cuál era la esperanza y cuál su sombra?”. Era tu regalo para mí, ese tipo de regalo que no tendría que compartir con nadie y  que me acompañaría siempre como el tan particular diálogo que estaríamos dispuestos a retomar cuando  “las aguas estuviera calmas” , como me decías a veces, como me escribiste después, como me dejaste cantando finalmente.&lt;br /&gt;Así ocurrió durante un tiempo que no sé si fueron días o siglos cuando una y otra vez, en la soledad de la habitación en penumbras, me fui familiarizando con el “Play”, y el “Rewind” que más que diálogo casi era la orden que te daba de que cantaras para mí y sintiendo un gozo muy profundo al saberme único depositario de tu última composición que desde las sombras ratificaba mía, más acá o más allá de todas aquellas miles de esperanzas que no podían sino conformarse con lo ya grabado, lo ya conocido, lo ya vitoreado tantas veces frente a ti, mientras en algún rincón del universo o de la nada me quedaba yo, clamando por tu ausencia y exigiendo tu presencia de mujer por encima de la otra, de esa que el “Play” y el “Rewind” conforme pasaban las horas o los siglos imprevistamente fue haciendo renacer, tal vez traída por ese nuevo desplegar de las alas del ángel caído buscando la redención cuando decidió que esa entrega en amor ya no podía ser para mí solo; de esos acordes de la guitarra que necesariamente debían seguir abriendo surcos para que las miles de esperanzas se siguieran apoyando en lo que tú eras en definitiva: la valentía y el amor hachas canto, melodía, regalo para le mañana, para ese otro tipo de amanecer que ya no podía circunscribirme únicamente a las delimitaciones caprichosas de un apasionado egoísmo, sino que en esa última composición ratificaba su compromiso con la vida de todos, sin importar la propia vida; sin importar que ya no me regodeara en el disfrute sombrío de aferrarme a tus exclusividades sólo para mi.&lt;br /&gt;Entonces lo que me habías dejado resolví que ya no me podía pertenecer, cuando tiempo después envié un sobre a aquellos que se encontraron con un casete que simplemente era el compromiso de siempre y apenas un título señalando versos que hablaban de amorres esperanzados y de las sombras que a veces se cruzan en un camino que necesariamente debe llevar, tarde o temprano, a la celebración de la vida, de la libertad y del amor: certeza de una última composición dedicada a todos y a cada uno con su particular historia, como se leía en la nota anónima que acompañó la cinta dentro del sobre sin remitente, aunque llegando de un rincón inubicable donde tarde o temprano, horas o siglos después, la televisión estaría proyectando un homenaje como el ventanal el transcurso del día a la noche, y nuevamente al día, en ese casi juego de sueño plácido y vigilia inquieta componiendo continuos encuentros y desencuentros entre la esperanza y su sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-7945548050368522326?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/7945548050368522326/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=7945548050368522326&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7945548050368522326'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7945548050368522326'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/08/la-esperanza-y-su-sombra.html' title='La esperanza y su sombra'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TG12CSfT2JI/AAAAAAAAB0g/Xos7OEcgpxU/s72-c/vp1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-7564565721314463078</id><published>2010-08-17T14:14:00.003-03:00</published><updated>2010-08-17T15:05:52.614-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Columnas en Revista Abrace'/><title type='text'>La canción es la misma... siempre</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGrPcSvh1DI/AAAAAAAABzc/ew8agpP5lkQ/s1600/john_lennon.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 297px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGrPcSvh1DI/AAAAAAAABzc/ew8agpP5lkQ/s320/john_lennon.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5506441579388326962" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGrPWJMjfyI/AAAAAAAABzU/A4H1agc8c_Y/s1600/vinicius---toquinho-a.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 214px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGrPWJMjfyI/AAAAAAAABzU/A4H1agc8c_Y/s320/vinicius---toquinho-a.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5506441473746501410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;D&lt;/span&gt;esde las composiciones para voz y laúd del baladista inglés John Dowland (1563-1626), pasando por Bob Dylan en los inicios de la década del 60 del siglo pasado, o el verso y el frasco de la guitarra abiertamente comprometidos del Daniel Viglietti de las &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Canciones Chuecas&lt;/span&gt;- quien en Chile tiene su par por esas épocas en Victor Jara - y entremedio Pau McCartney dejando un momoento su legendario bajo Hofner y empuñando la guitarra, para cantar por primera vez &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yesterday&lt;/span&gt; en medio de un concierto de audiencia súbitamente silenciada por esa voz y esa guitarra en el beatle en esos momentos solista dan a conocer una canción que luego tendrá, a lo largo del tiempo, 1.000 versiones - por lo que Mc Cartney entra en el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Guiness&lt;/span&gt;-, hasta llegar, en el terreno de la literatura, a esa Luva Luff cantante de ópera, a quien el detective Dick Deckard- en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Sueñan los androides con ovejas mecánicas?&lt;/span&gt;, de Philip k. Dick- debe ir a matar porque se trata de un androide perteneciente a un movimiento rebelde-un "replicante", en la versión que hizo Ridley Scott para el cine (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Blade runner&lt;/span&gt;)- pero sentado en el auditorio y dejándose invadir por esa voz maravillosa que canta el aria de La Reina de la Noche, de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La Flauta Mágica&lt;/span&gt;, de Mozart, se siente invadido además por la duda, porque se pregunta hasta qué punto debe matar a esa mujer que tiene una voz maravillosa, aunque la misma emane de un entramado de ingeniería y cables, pero que a Deckard &lt;span style="font-style: italic;"&gt;lo emociona&lt;/span&gt;, la canción es la misma - como asegura Led Zeppelin... siempre. Porque &lt;span style="font-style: italic;"&gt;la canción&lt;/span&gt; como tal, transmite algo- desde el lirismo de sus letras y del apoyo instrumental que la acompaña- a ese oyente que a su vez la reprocesará en la audición que haga a partir de su particular complexión anímica. Pero, a su vez, el efecto catártico que se produce en uno o en miles - la soledad de un cd elegido; la multitud frente a la actuación "en vivo"- parte en principio de ese intérprete, en quien ya de por sí empiezan a producirse esos cambios a partir del canto, del tocar o pulsar el instrumento desde ese no menos intimismo de quien en la canción entrega algo de lo que es su particular interpretación de su paso por la cotidianidad del mundo, ayudado por el Arte, pero que en la no menos acatitud artística de quien escucha y para quien está dirigida esa manifestación del Arte, en ese caso musical, encuentra terreno propicio en donde depositar &lt;span style="font-style: italic;"&gt;ese algo&lt;/span&gt; que tiene para decir, para cantar, como en definitiva es, entre otras la función del Arte: transmitir a los demás, en expresión creadora, con determinada estética, ese algo que un ser humano tiene para decir y que esto mismo, en el acto de hacerlo- y sumando muchos momentos similares a lo largo de su vida creadora- lo van convirtiendo y afirmando compositor, cantante, músico, cantautor, baladista, cantante lírico. roquero, cantante comprometido (aquel viejo cantante de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;protesta&lt;/span&gt;) con ciertas realidades socio-económico-políticas y todas aquella variantes de estilos que dieron, dan y darán siempre como resultando que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;la canción&lt;/span&gt; siga acompañando a las soledades o la las multitudes, en la particular historia del ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;país evocado en la canción&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;...P&lt;/span&gt;ero también la canción es evocación, como la que tienen para su amado Brasil Vinicius, Tom Jobim, Toquinho y Miucha, en Suiza, en un inolvidable y siempre recurrible recital - hoy disponible en dvd - el 18 de octubre de 1978. En esa oportunidad esas cuatro leyendas vivientes del samba - con Vinicius de Moraes y Tom Jobim a la cabeza (hoy viviendo desde el arte que nos legaron, cuando ya Tom dio su nombre al aeropuerto de río - futura sede olímpica en 2016, y Vinicius el suyo para una calle carioca... y mientras el bar Garota de Ipanema en Nossa Senhora de Copacabana seguirá viendo pasar a "esa cosa más linda")- convirtieron en canción el Brasil que evocaron desde el piano de Tom, la voz aguardentosa e inolvidable de Vinicius - siempre sentado junto a la mesa provista de whisky y los cigarrillos-, la impecable interpretación de Toquinho y su guitarra y la delicadeza vocal de Miucha, hermana de esa no menos leyenda del samba y la bossa nova llamada Chico Buarque de Hollanda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así entonces, el público de la Suiza italiana recibió en forma de canción el testimonio de todo un país que en estos representantes llegó y llega siempre al mundo en la forma de esa particular poética del cantar y del interpretar una variante de las emociones y los sentimientos, que siempre, desde &lt;span style="font-style: italic;"&gt;la canción&lt;/span&gt;, buscan unir a los habitantes de este tan particular universo terrenal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-7564565721314463078?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/7564565721314463078/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=7564565721314463078&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7564565721314463078'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/7564565721314463078'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/08/la-cancion-es-la-misma-siempre.html' title='La canción es la misma... siempre'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGrPcSvh1DI/AAAAAAAABzc/ew8agpP5lkQ/s72-c/john_lennon.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-4300083981541715083</id><published>2010-08-12T18:34:00.003-03:00</published><updated>2010-08-12T18:57:06.941-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Columnas en Revista Abrace'/><title type='text'>Interrelaciones en el devenir popular</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGRuGd6B95I/AAAAAAAAByg/YqSXYHcaBfY/s1600/_figari+%2875c0b3057c1b4a6487e4fc9819335cdf%29.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 207px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGRuGd6B95I/AAAAAAAAByg/YqSXYHcaBfY/s320/_figari+%2875c0b3057c1b4a6487e4fc9819335cdf%29.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5504645701939885970" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La relectura de un artículo anónimo lleva a establecer correspondencias, a crear interrelaciones en el devenir popular, con variantes que van de una figura de Carnaval que sobrevivió a aquellas que se paseaban por entre los bailes de máscaras del siglo XIX, hasta la nostalgia por los tranvías. Algunos piensan en lo que hubiera sido para el montevideano la permanencia de los tranvías. En principio circularon por la izquierda por influencia británica;y en particular la presencia inglesa se sintió por primera vez en suelo patrio en 1807 y por siete meses de máquina a vapor, primera librería, periódico bilingüe e incluso el despertar en el criollo - luego de esa forzada convivencia con los invasores- el deseo de independizarse del virreinato de Buenos Aires en la declaratoria de Cabildo abierto de 1808, apenas unos meses después de que los ingleses abandonaran estas costas, observándose por parte del pueblo que se asomó a las calles - algunos para despedirlos y otros para gritarles barbaridades-, que muchos de aquellos británicos se llevaban ponchos, bombillas, botas de potro y otros implementos que hacían a la vida popular, de un espacio geográfico y cultural que hascia 1829 asiste a la Convención Preliminar de Paz, con presencia inglesa - además de la argentina y la brasilera que observaban la gestación del estado oriental - y donde la figura de Lord Ponsonby resumía toda la impornta británica, una vez más presente en los destinos nacionales; en esos ciudadanos que presenciaron, entre la admiración y el estupor, cómo con Ponsonby -tal como sucediera con los almirantes Aschmuty y Stirling veintidós años antes- arribaba un contingente de comerciantes trayendo ponchos, bombillas, botas de potro, pero de fabricación británica y a un precio infinitamente menor al que nos tenían acostubrados algunos de los "distinguidos vecinos" de la muy fiel y reconquistadora, como por ejemplo: Aguistín Anavitarte. Este, en más de una oportunidad, sacaba sueltos en los diarios de la época, dirigiéndose a su "distinguida clientela" para anunciar que tenía "en depósito" una serie de productos recién llegados de ultramar, como por ejemplo: Agustín Anavitarte. Este, en más de una oportunidad, sacaba sueltos en los diarios de la época, dirigiéndose a su "distinguida clientela" para anunciar que tenía "en depósito" una serie de productos recién llegados de ultramar, como por ejemplo: "trastos de cocina de cobre, mantelería de Holanda y ... tres negros sanos y fuertes de origen senegalés", como lo atestigua el hoy prácticamente incunable Cien años de publicidad en el Uruguay. Cabe entonces el cuestionamiento de en qué momento una figura, un color, un ritmo sincopado se van metiendo en el cotidiano e imaginario populares, influyendo en una fiesta que se remonta al paganismo o enla fusión de varios ritmos que dieron por resultado el rock nacional con síncopa en parte candombera. Así el negro de Anavitarte sale del depósito, se mete en el devenir ciudadano como un habitante más que regala estéticas de barrio al sur y palermitano bordeando la rambla montevideana y más adelante su definición de sí mismo va evolucionando hacia el actual afro-uruguayo: lazo indisoluble con aquel continente tan rico y sin embargo tan pobre, que quedó del otro lado del siglo XVIII con la esclavista Compañía de Filipinas trayendo a estas costas el primer ocntingente de "negros sanos y fuertes", como proclamará el anuncio de Anavitarte. Queda la síncopa deunamúsica de minorías que sin embargo influyó en la mayoría. Y todo esto en parte por razones inexplicables que quizá se pierdan en el tiempo de la protohistoria uruguaya o tengan su punto de partida en esa crónica de Carnaval que un cronista anónimo y algo visionario escribó hace mucho tiempo: "Pasaron esos disfraces pero en tre los de las épocas pasadas hay uno que ha logrado conservarse en toda la plenitud de su rollizo temperamento. Es el negro lubolo, el eterno negro(...). Todavía (...) paseando por las calles revoleando una escoba(...)".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crónica apareció en febrereo de 1901 en la prestigiosa y desaparecida revista uruguaya Rojo y Blanco, donde mucho de lo pupular que se comentaba desapareció hace tiempo pero otro tanto, como la figura del "negro lubolo" - entre otros aspectos de ese devenir popular - , fue creciendo, trascendiendo otrossiglos y enriqueciendo, desde diversos ángulos y variantes, la vida del uruguayo en general y la del montevideano en particular, en la ya casi primera década de estse variado, controversial e incluso fascinante siglo XXI.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-4300083981541715083?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/4300083981541715083/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=4300083981541715083&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4300083981541715083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4300083981541715083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/08/interrelaciones-en-el-devenir-popular.html' title='Interrelaciones en el devenir popular'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGRuGd6B95I/AAAAAAAAByg/YqSXYHcaBfY/s72-c/_figari+%2875c0b3057c1b4a6487e4fc9819335cdf%29.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-4137874075657739359</id><published>2010-08-11T15:21:00.002-03:00</published><updated>2010-08-11T15:55:42.425-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Columnas en Revista Abrace'/><title type='text'>Hacia un arquetipo artístico en literatura.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGLyFIQnNvI/AAAAAAAABwo/IbD0-SQ98vY/s1600/Hacia+un+arquetipo.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 195px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGLyFIQnNvI/AAAAAAAABwo/IbD0-SQ98vY/s320/Hacia+un+arquetipo.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5504227864530597618" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos encontramos en un momento, en un tiemop de la evolución de la literatura - al menos en Occidente - que nos otorga una perspectiva desde la que podemos aquilatar el camino recorrido advirtiendo que, a través de los siglos, el denominador común de toda creación literaria es que la misma existe porque alguien tiene &lt;span style="font-style: italic;"&gt;algo que decir&lt;/span&gt; a través de la expresión creadora. Ese &lt;span style="font-style: italic;"&gt;algo que decir&lt;/span&gt; se convertirá entonces en el testimonio del paso por el mundo y de la particular interpretación que le dio a él el escritor, a través de su estilo y su técnica a la hora de hacer literatura. Pero esta literatura además, surge de aquello que Harold Bloom menciona en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El canon occidental&lt;/span&gt;; de ese elemento que hace de un texto una pieza literaria, una obra de arte, y que lo diferencia así deuna carta circunstancial, de la lista del supermercado o de una simple esquela dejada en el resquicio de la puerta y el marco, dando cuenta de que estuvimos allí. Nos referimos a &lt;span style="font-style: italic;"&gt;la melancolía&lt;/span&gt;; a aquello que surge, como resabio de lo vivido, de lo soñado, de lo imaginado y que nos permite, una vez puesto al servicio de la creación literaria, crear una serie de significantes con los que estaremos entonces rescatando para la obra &lt;span style="font-style: italic;"&gt;lo esencial&lt;/span&gt; de determinada situación, determado lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center; font-weight: bold;"&gt;Lo vital y lo intelectual en la creación&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Parafraseando la teoría del &lt;span style="font-style: italic;"&gt;arquetipo&lt;/span&gt; que desarrolló Carl G. Jung (1875-1961), diríamos que la literatura pone a trabajar una forma de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;arquetipo artístico&lt;/span&gt; que permite fijar, para la obra, aquello que realmente importa, que estaba oculto o intrínseco a la experiencia vivida, volcando a la creación diferentes dosis de cierta experiencia vivida, volcando a la creación diferentes dosis de cierta experiencia vital y de cierta experiencia intelectual, gracias a la que la obra literaria, en este caso, se convierte en el vehículo a través del que viajamos hacia una completa comprensión e interpretación de situaciones y recuerdos, que, de no ser por la literatura (auxiliada por esa forma de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;arquetipo artístico&lt;/span&gt;) no pasarían al olvido pero sí nos privarían de poder penetrar en lo profundo de dicha experiencia, lo verdaderamente trascendente de esa experiencia, que sólo se puede dar a partir de la significación, de los signos que les da la literatura y que entonces, una vez que tomamos conocimiento de esa significación a partir de la obra literaria, nos devuelven al mundo con un potencial interpretativo mayor.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center; font-weight: bold;"&gt;De la vida a la literatura y vuelta a la vida&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para decirlo de manera más sencilla: la literatura parte de la vida y el intelecto de quien la construye, pero su  función, en definitiva (al menos una de sus funciones más importantes y siempre vigentes desde Homero y quizá antes de él), es que una vez que hemos tomado contacto con por ejemplo los cuentos fantásticos de Edgar Allan Poe, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;En busca del tiempo perdido&lt;/span&gt;, de Marcel Proust, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Doktor Faustus&lt;/span&gt;, de Thomas Mann, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El astillero&lt;/span&gt;, de Juan Carlos Onetti, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Los desterrados&lt;/span&gt;, de Horacio Quieroga, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Los hijos del Limo&lt;/span&gt; - que como todo ensayo de Octavio Paz, casi bordea los límites dela creación poética-, los cuentos de Jorge Luis Borges o una novela como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Rayuela&lt;/span&gt;, de Julio Cortázar, las mismas nos devuelvan a la vida y nos lleven hacia otras obras que iremos encontrando en nuestro particular camino interior, con una comprensión mucho más amplia de la vida pero, ante todo, con un creciente conocimiento y aprehensión de todo alquello esencial que muchas veces antes de la literatura permenecía oculto, casi nunca visitado, y que generalmente se encuentra en nosotros mismos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-4137874075657739359?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/4137874075657739359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=4137874075657739359&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4137874075657739359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/4137874075657739359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/08/hacia-un-arquetipo-artistico-en.html' title='Hacia un arquetipo artístico en literatura.'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TGLyFIQnNvI/AAAAAAAABwo/IbD0-SQ98vY/s72-c/Hacia+un+arquetipo.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-1001192039383171770</id><published>2010-07-30T13:40:00.017-03:00</published><updated>2010-09-15T08:55:50.806-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Músicos'/><title type='text'>EL SONIDO DEL LABERINTO</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMDXawkSoI/AAAAAAAABpQ/PqPuwAhoN14/s1600/Songs+from+the+Labyrinth.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499743270804408962" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 306px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMDXawkSoI/AAAAAAAABpQ/PqPuwAhoN14/s320/Songs+from+the+Labyrinth.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="FONT-WEIGHT: bold; FONT-STYLE: italic; TEXT-ALIGN: center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Sting interpretando al renacentista John Dowland&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="FONT-WEIGHT: bold; TEXT-ALIGN: center"&gt;Guillermo Lopetegui&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;En la discografía de Sting –ex líder de The Police, quien desde 1985, disuelta la banda inglesa (integrada además por Andy Summers en guitarra y Stewart Copeland en batería) que lideró la escena mundial desde 1977, comenzó una rutilante carrera como solista- Songs from the Labyrinth es más que una “rareza” y se yergue no solo como el resultado de un largo camino al reencuentro de las obras de un compositor del Renacimiento inglés, sino por esto mismo como el regreso a una tradición que tiene su base en la lírica isabelina del siglo XVI y que influirá en toda la música inglesa posterior, llegando incluso hasta el rock a través de la reformulación que hacen The Beatles de la balada: típico género vocal que antes tuvo sus grandes cultores en compositores isabelinos tales como William Byrd, Thomas Morley y muy particularmente John Dowland (1563-1626), de quien Sting, acompañándose con archilaúd secundado por Edim Karamazov en laúd, da su particular enfoque – a través de su voz y su fraseo en las cuerdas del instrumento cuyo origen es árabe – del legado musical de una personalidad controvertida de aquel período en que reinó, entre luces y sombras, la figura hegemónica y cuasi legendaria e inaprensible de la hija bastarda de Henry VIII: Elizabeth I de Inglaterra.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Por eso, entonces, Songs of the Labyrinth se convierte en un tributo de una época y agradecimiento a una tradición musical, que partiendo del siglo XVI, llega al pasado siglo XX llenando de lirismo – y por eso mismo, singularizándolo – todo el rock inglés. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499742012125637922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 316px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMCOJ0KbSI/AAAAAAAABoo/ygM59A6mJok/s320/sting_dvd_cd.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold; FONT-STYLE: italic"&gt;Andanzas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMDK521mdI/AAAAAAAABpI/tj86pR9uBgU/s1600/laud.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499743055813908946" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 295px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMDK521mdI/AAAAAAAABpI/tj86pR9uBgU/s320/laud.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Nacido en Dublín o Londres (muchos se inclinan por esta última), en 1563 John Dowland vivió una vida no exenta de ciertas aventuras que ya desde temprana edad lo llevan fuera de Inglaterra. Tal vez impresionado por el emperador francés, Dowland abraza la fe católica, y esto, con el tiempo, le acarreará serios problemas y pondrá obstáculos a su deseo de conseguir el puesto como laudista dejado por John Johnson a su muerte, en la corte protestante de Elizabeth I. Inicia un periplo que lo irá acercando a Italia, vía las cortes primero del duque de Brunswinck y luego del conde de Hesse. Ya en Italia se dice que trabó contacto con Luca Marenzio (1553-1599): el gran madrigalista cuyo legado musical posibilitó la aparición y el desarrollo de un Claudio Monteverdi. Regresa a Londres por un corto período e incluso logra entrar, por breve tiempo, en la corte de Elizabeth I, para luego viajar a Dinamarca y ponerse a las órdenes de Christian IV. No obstante tiene el apoyo de sir Robert Cecil, Secretario de Estado de la reina y protegido de Sir Francis Walsingham: aquella eminencia gris o Rasputín del siglo XVI con quien contó la soberana para afirmarse en el trono y hacer de Inglaterra una potencia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Las cartas de Dowland a quien de seguro es su protector a la distancia están teñidas de pesimismo y melancolía, producto de un carácter que, en términos médicos actuales, podría definirse como “depresivo”; incluso , haciendo un juego de palabras con su apellido, este músico brillante compone una obra para laúd –Lachrimae- donde una de sus partes se titula : Semper Dowland, semper dolens. Varios fragmentos de la carta escrita a Sir Robert Cecil en 1595 – carta con tono desesperado y algo de paranoico – son leídos por este otro músico inglés contemporáneo, nacido en Newcastle en 1951, en la grabación que hace interpretando una veintena de piezas – donde destacan, entre otras: “Can she excuse my wrongs”, “Come again” y la melancólica e intimista, pero también adelantada a su tiempo “In Darkness let me dwell”-, entre baladas o ayres, de las 84 piezas líricas que Dowland compuso para voz y laúd. Por otra parte, quien permaneciera en la corte danesa entre 1598 y 1606; más delante de 1609 a 1612 estuviera al servicio de Lord Walden y este último año pudiera obtener el anisado puesto de laudista en la corte inglesa, compuso casi 80 piezas para laúd solo, donde se aprecia el trabajo polifónico dado a sus fantasías, danzas y variaciones, haciendo de Dowland un músico singular para su época y que Sting mediante, trasciende – como Shakespeare en literatura – el siglo XVI, llegando a nuestros días para seguir enriqueciendo nuestra cultura contemporánea a través de un cantante de rock que, adentrándose en los pasillos de un laberinto, se irá acercando al centro del mismo hasta encontrarse, no con el Minotauro aunque sí con esa Tradición musical encarnada de John Dowland a través de la interpretación de sus piezas, pero, antes, acercándose a esta otra zona artística de sí mismo para cuyo conocimiento el autor de “Message in a bottle” y “Roxanne”- entre otros tantos hitos de la época de The Police- necesitó casi un cuarto de siglo de peregrinaje musical, desde comienzos de los años 80.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold; FONT-STYLE: italic"&gt;El llamado de una Tradición Musical.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Luego de una performance en el Drury Lane Theatre, en Convent Garden- durante un show organizado por Amnesty International 1982-,en el que Sting hizo una de sus celebradas versiones solista de “Message in a bottle” y “Roxanne” – cuando The Police estaba en la cúspide del pop británico y mundial – se le acercó el actor John Bird, lo felicitó y aprovechó a comentarle que su forma de cantar y de tocar la guitarra le habían hecho pensar en el compositor isabelino John Dowland y si no lo conocía. Sting –que antes de dedicarse por entero a la música tuvo una dilatada labor como profesor de literatura inglesa, experiencia esta que se refleja en “Don’t stand so closet o me”, otro éxito de The Police-, reconoció que apenas había oído hablar de Dowland. Pero aquella pregunta quedó resonando en su cabeza y pensó en acercarse a uno de los compositores más significativos del Renacimiento inglés, junto a William Byrd, Thomas Morley y Orlando Gibbons. Es así que tiempo después el entonces bajista de la banda de rock más importante en los años 80 consigue una grabación de las obras de John Dowland, interpretadas por Peter Pears en voz y Julian Bream en laúd. Mientras las escuchaba se preguntaba cómo podría asimilar esa melancólica belleza del siglo XVI un cantante de rock del siglo XX.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Años después, en la década de los 90 del siglo pasado y cuando Sting ya está considerado una de las figuras solistas más importantes de la escena rockera la concertista Katie Labeque le comenta que las composiciones de Dowland se avienen al particular “tenor no educado” en el academismo de la música vocal renacentista, que hay en particular timbre de voz del autor de “Englishman in New York”, perteneciente ya a su dilatada y exitosa carrera como solista, una vez disuelta la banda que lo hizo famoso. Precisamente “Englishman in New York” pertenece a Nothing like the sun, su segundo álbum solista, cuyo título está extractado de un poema de William Shakespeare, con lo que entonces podría asegurarse que ya en esta época está marcada la ruta, el camino sinuoso aunque de destino seguro por donde Sting –músico experimentado en jazz y el rock &amp;amp; roll- se encontrará con una Tradición musical encarnada en Dowland, que lo llevará a retrabajar su voz y el fraseo de los dedos, en las cuerdas de un instrumento básico con el que Sting se labrará su carrera como solista, si bien seguirá incursionando en el bajo, el piano y otros instrumentos que ejecuta a la perfección , sino ese otro en cuya caja acústica luce el diseño sugestivo de un laberinto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold; FONT-STYLE: italic"&gt;El laberinto: tema y variaciones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Laberinto es el del Minotauro. Pero laberinto también es el diseño que forman las baldosas en el piso de la Catedral de Chartres.&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMC8TM2BaI/AAAAAAAABpA/AvZmNzzX33g/s1600/lab.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499742804919059874" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 256px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 192px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMC8TM2BaI/AAAAAAAABpA/AvZmNzzX33g/s320/lab.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Laberinto de plantas es el que Gordon Summer, más conocido por Sting, resuelve diseñar en su amplio jardín perteneciente a su residencia de Inglaterra, como homenaje, tal vez a la mitología griega presente en la literatura que leyó e impartió; a una visita al segundo edificio gótico más importante del siglo XII - como es Chartres a partir de la reforma de su lado occidental- luego de la abadía de Saint-Denis – con el que el gótico hace su entrada en la historia de la arquitectura- y en lo musical, laberinto es el diseño que contiene la “rosa” o sea, la abertura ubicada en el centro de la caja de resonancia, en este caso del archilaúd que Donald Miller manda fabricar especialmente para regalarle a Sting, luego de una noche en Frankfurt, previo a un concierto del músico inglés, cuando este es visitado en su camerino por un individuo de aspecto regordete, ojos saltones y sobria simpatía, que se presenta como Edin Karamazov. Acto seguido Sting le pregunta qué es ese enorme bulto de tela que lleva requintado al hombro, a lo que Karamazov revela que se trata de uno de sus favoritos: Juan Sebasatian Bach. Luego de esta ejecución Sting, Maramazov y Miller pasan la siguiente hora charlando sobre música, hasta que en la amenidad de la conversación Karamazov cuela una vez más en la vida de Sting el nombre de John Dowland, expresándole directamente que sería muy bueno que Sting llegara a interpretarlo; tal vez porque se trata de un compositor isabelino de hermosa voz y gran maestría en el arte de tocar el laúd, así como Sting es un compositor y ejecutante de varios instrumentos dentro del rock y el pop, que además cuenta con una voz cuyo timbre es muy particular y distintivo de un estilo donde se mezclan las armonizaciones de sus arreglos y el contenido poético de las letras de sus canciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El propio Sting siente entonces que se sigue acercando al centro de ese otro laberinto; el que está en lo profundo de su ser, como hombre y como músico, quien a través de ese hilo de Ariadna que le fueron alcanzando para qu él agarrara tanto el actor Bird, como los músicos Labeque, Miller y en especial Karamazov, finalmente obedecerá a ese llamado, ese sonido que viene del centro de un laberinto donde se halla una Tradición, un cerrarse del círculo para abrirse nuevamente, en el encuentro definitivo de John Dowland con quien también encarna, rock de los años 50, en The Beatles y luego en el punk de Sex Pistols- revolucionando la Inglaterra de los años 70 con su “Anarquía en el Reino Unido”- de donde, entre otras bandas, pero como ninguna otra, emanará The Police para luego dar paso a ese otro Señor de la música contemporánea con mayúsculas, llamado Sting.&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMCtlZwc4I/AAAAAAAABo4/kw0lBq2E4Xg/s1600/3688867.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499742552107021186" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 252px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 251px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMCtlZwc4I/AAAAAAAABo4/kw0lBq2E4Xg/s320/3688867.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold; FONT-STYLE: italic"&gt;Sugestiva aventura de los sentidos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;La obra de John Dowland fue editada en vida del músico en volúmenes como: cuatro Books of Songs or Ayres (publicados en 1597,1600,1603 y 1612), a Pilgrim Solace(1612), mientras que el Musical Banquet será publicado por su hijo Robert en 1614 y Lachrimae (1604) es un compendio de 21 piezas fundamentales y muchas piezas para laúd solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguramente de todas estas cosas hablaron Sting y el laudista de origen bosnio nacido en Zarajevo Edin Karamazov, el día que se reencontraron en el jardín laberíntico del músico inglés, cuando este ya había comenzado a tomar algunas clases de canto con Richard Livitt,, profesor de la Schuola Cantorum Basiliensis: el famoso centro de música académica ubicado en Basilea(Suiza).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún tiempo y clases después, el autor de “Russians” y “Brand new day”, se siente habilitado para empuñar su archilaúd y –secundado por el experto laudista Karamazov- dejar que de su boca salgan los versos y de los dedos apoyados en las cuerdas los punteos de una música que fascina y a la vez emociona a Sting, entre otras razones por sentir que en las obras como “In Darkness let me dwell”, John Dowland dejó atrás los convencionalismos de la época y se lanzó a crear una música donde la melodía y el cantante se imbrican de tal modo, que la pieza en cuestión llega a lo profundo del oyente quien en las súbitas disonancias de la composición logra aquilatar las preocupaciones estadísticas y espirituales de un músico que llevó la canción inglesa a un grado de perfección nunca antes alcanzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa perfección es la que consigue Sting para su propio estilo interpretativo del gran compositor, cantante y laudista del siglo XVI, quien en 1621 obtiene un merecido doctorado y en 1625 asiste, con su voz y su laúd, a los funerales del rey Jacobo I, así como Elthon John asistirá a los funerales de Lady Diana de Inglaterra, acompañado de su voz y su piano, para rendir postrer homenaje a su gran amiga, en agosto de 1997.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Tradición, sea de la que se trate, remite siempre a una especie de “eterno retorno”, a una continua aunque lentamente perfeccionada repetición de los grandes actos, como lo que describe Mircea Eliade en relación a la creencia de los pueblos antiguos de que la vida es un eterno intentar copiar el modelo que en la noche de los tiempos nos impusieron los dioses aunque para, a partir de nuestra propia experiencia, enriquecer ese modelo y enriquecernos a nosotros mismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho de esto tiene Songs of the Labyrinth, con sus&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMCeUCEnbI/AAAAAAAABow/9lmrwvDqz28/s1600/img_2_pr.jpg"&gt;&lt;/a&gt; 23 composiciones y la lectura de fragmentos de una carta, todo obra de un músico renacentista inglés que llega a nuestros días esta vez en la voz y la interpretación de un músico, también inglés que desde su experiencia con el rock se vuelve al hontanar de esa Tradición, obedece al llamado de ese laberinto y se adentra en una sugestiva aventura de los sentidos a la que nos invita, secundado por ese otro gran intérprete del laúd llamado Edin Karamazov, para que nosotros también escuchemos el sonido, el llamado, la canción sutil que viene de lo profundo de nuestro propio laberinto y nos sugiere lanzarnos a la exploración y a través de esas melodías del siglo XVI cantadas en el siglo XXI, retornar luego a la tridimensionalidad habiendo descubierto una muy importante parte que no conocíamos o no recordábamos de… nosotros mismos.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/331042096836636606-1001192039383171770?l=guillermolopetegui.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/feeds/1001192039383171770/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=331042096836636606&amp;postID=1001192039383171770&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1001192039383171770'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/331042096836636606/posts/default/1001192039383171770'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://guillermolopetegui.blogspot.com/2010/07/el-sonido-del-laberinto.html' title='EL SONIDO DEL LABERINTO'/><author><name>Anna</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-EgyQd1USVqQ/TlrH232wPAI/AAAAAAAAE10/v2vE9AqX9NY/s220/IMG_2905-1.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMDXawkSoI/AAAAAAAABpQ/PqPuwAhoN14/s72-c/Songs+from+the+Labyrinth.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-331042096836636606.post-1982513327790856869</id><published>2010-07-30T12:09:00.003-03:00</published><updated>2010-07-30T13:39:38.600-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Notas.'/><title type='text'>La Obra de Guillermo Lopetegui.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMAMzSvkZI/AAAAAAAABog/Ir0ZEtujShQ/s1600/ESCHER+recursividad.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 277px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Fbu0gX8u8HE/TFMAMzSvkZI/AAAAAAAABog/Ir0ZEtujShQ/s320/ESCHER+recursividad.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5499739789876760978" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Prólogo: Breve Reseña de su Obra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Guillermo Lopetegui nació el 26 de setiembre de 1955 en Montevideo, Uruguay. Es escritor y periodista. Comenzó en periodismo en 1974 en el periódico Los Principios, de San José (Uruguay). Luego siguió esta actividad en la revista Noticias y en los diarios El Día, Lea y El Observador, de Montevideo. En 1977 obtuvo una Mención en el V Concurso Literario organizado por la Radio Carve (Montevideo), por el cuento “Velatorio y entierro” incluido en el volumen colectivo Cuentos para leer en alta voz (Radio Carve, Montevideo, 1978).Hasta la fecha lleva publicados ocho libros de cuentos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;• Ultimo reducto (Ediciones Géminis, Montevideo, 1978)&lt;br /&gt;• El rostro de Margarita Shaw (Ediciones del Grupo de los 9, Montevideo, 1981)&lt;br /&gt;• El parque de los últimos regresos (Monte Sexto, Montevideo, 1987)&lt;br /&gt;• Brujas de aquí nomás (Arca, Montevideo, 1993), Crepúsculo de los cautivos (Ediciones Casa de Nuna, Salto, 1998)&lt;br /&gt;• Serias picardías (Aldebarán, Montevideo, 2002)&lt;br /&gt;• Los reflejos en la noche (Andrónico, Buenos Aires)&lt;br /&gt;• La esperanza y su sombra (Aldebarán, Montevideo), ambos en 2007.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por los dos primeros obtuvo el Premio Remuneración Literaria otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura en la categoría “Editos” y por el antepenúltimo el mismo premio en la categoría “Inéditos”. Cuentos suyos fueron premiados en diferentes concursos luego de la distinción obtenida en Radio Carve en 1977 (2º y 8º premios y 1ª. Recomendación del Jurado en el Certamen de Cuentos organizado por el diario La Mañana, Montevideo, 1983; 2º Premio en el Concurso “Melvin Jones” organizado por el Club de Leones, Montevideo, 1986). Varios de sus textos de ficcion han sido traducidos al inglés, francés y ruso. Algunos de ellos figuran en antologías: Panorama de la literatura hispanoamericana (Hudozhestvennaia, Moscú, 1991, en ruso), Hombres de mucha monta (Arca, Montevideo, 1993), El cuento uruguayo, vol. II (Ediciones La Gotera, Montevideo, 2003), y El mundo en una cifra (Ediciones Andrónico, Buenos Aires, 2006). Sus trabajos sobre Horacio Quiroga fueron publicados en Francia (Cahiers d'etudes romanes Nº13, Université de Provence, Marseille, 1988) y Uruguay (Horacio Quiroga por uruguayos, recopilación de Leonardo Garet, Academia Uruguaya de Letras/Editores Asociados, Montevideo, 1995). Dio conferencias sobre literatura uruguaya en Montevideo y diversas ciudades de su país, como así también en Viena y París. Intervino en el Coloquio de Relaciones Culturales Franco-Uruguayas (Sorbonne-Nouvelle, París, 1987) y asistió a los cursos de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de París-III, Sorbonne-Nouvelle, como autor invitado (1989). Recientemente fue invitado al II Encuentro de Narradores De Dos Orillas, organizado por Ediciones Botella al Mar, de Montevideo, donde además de leer cuentos suyos presentó su libro La esperanza y su sombra (Punta del Este, Uruguay, noviembre de 2007). Ha colaborado en revistas culturales nacionales y extranjeras. Fue productor del programa radial “De aquí y de allá” (CX 38, SODRE, Montevideo, 1995-97) y en 1998 realizó dos mediometrajes en formato video: Una mujer, una voz y Hildegard-Los caminos a la santidad.El 27 de agosto de 2006, con su cuento “Fábula después de Hoffmann”, Lopetegui obtuvo el 1er. Premio de Narrativa y se consagró como Ganador del I Certamen Internacional de Literatura en homenaje a Jorge Luis Borges, organizado por Ediciones Andrónico de Buenos Aires, entre 586 participantes de América y España, de donde en principio había resultado una veintena de finalistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center; font-weight: bold;"&gt;I)  Fundamentos:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;I.i) Concepción: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Guillermo Lopetegui, La Literatura abarca &lt;span style="font-style: italic; color: rgb(0, 0, 153);"&gt;más que lo Esencial&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo tanto, permite establecer una &lt;span style="font-style: italic; color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Relación  entre dos Entidades&lt;/span&gt;: 'El Lector' y 'El Escritor', lo cual implica un &lt;span style="font-style: italic; color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Vínculo entre un Objeto y un Sujeto&lt;/span&gt;: La Obra y El Destinatario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rescata estados, momentos, vivencias, que de lo contrario, dada la volatilidad de la Memoria, se pasarían 'De Largo' sin dejar rastro o vestigio alguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, podríamos inferir que Lopetegui define La Literatura como &lt;span style="font-style: italic; color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Medio para La Trascendencia&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Literatura es por tanto, un medio para salvaguardar hitos trascendentales, así como se guardan objetos en el cajón de la mesa de luz, los hitos se almacenan en obras que pueden ser cuentos, poemas o novelas, y así quedan registrados en un medio tangible, como lo es Un Libro, o dada la vorágine de los tiempos que corren y de los avances tecnológicos, también ahora existe la posibilidad de que las obras sean almacenadas en soportes magnéticos, o en la Gran Red Mundial: Internet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;I.ii) Definición y Función: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guillermo Lopetegui define La Literatura como &lt;span style="color: rgb(0, 0,
